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Personajes rulfianos

La lectura y relecturas de “El Llano en Llamas”, de Juan Rulfo (1918 / 1996), nos  permiten descubrir, redescubrir  y redefinir las características de la personalidad de  cada  uno de  los 16 relatos de su incomparable creación literaria, como sigue: primero, el  de “Macario”,  muchacho de unos 20 años, y de Felipa, señora de unos 35 años, la cual recientemente dio a luz un hijo(a), y a quien Macario le pide beber la leche de sus senos, por ser “aquella leche buena y dulce, como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco… ya hace mucho tiempo que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una  leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos”... El segundo relato, “Nos han dado la tierra”,  describe suelos pelones, áridos, sin árboles, un “llano grande como un comal acalorado para sembrar semillas, esperando que nazcan algunas, entregado por las autoridades agrarias... sin excusa ni pretexto”.  El tercer relato, “La Cuesta de las Comadres”,  menciona a los Torricos: padre  muerto en pleito de borrachos e hijo. Continúa “Es que Somos muy Pobres”, de una vaca dada por el padre de Tacha, niña de 12 años; la vaca fue arrastrada por la creciente del río aledaño.  La niña se puso a  llorar. El siguiente, denominado “El hombre”, da cuenta de uno perseguido por la policía, huyendo a través de los montes. Continúa “En la Madrugada”, es una fotografía literaria, mostrando un pueblo, San Gabriel, y a tres personajes:  un  anciano, Esteban; su sobrina, Margarita, y el patrón, Justo Brambila, quien violó a Margarita, amaneciendo  muerto; el viejo Esteban  fue acusado del crimen. “Talpa” es bien triste: describe la enfermedad de Tanilo,   marido de Natalia; ella y su madre lo llevaron cargando durante 20 días, para  pedirle a la virgen milagrosa que lo curara de su enfermedad; muriéndose  y sepultándolo ahí, sin ninguna ayuda. En el relato más extenso de “El Llano en Llamas”, Rulfo se explaya contando los horrores de la rebelión cristera  (1928 / 1933), causados por  las tropas federales contra los creyentes.  Aquí, permítanme una cita autobiográfica: era 1928; tenía 6 años (nací en 1922) y ya sabía contar; mis padres, de  Cotija, Michoacán, me llevaban de Abasolo a Celaya, Gto.,    distancia de 50 kilómetros, con postes de telégrafo cada 20 metros de 2 brazos cada uno: total, 1,000 postes y 2,000 brazos; pues bien, a medida que avanzaba el tren, empecé a contar, observando dos cuerpos de campesinos colgados de cada poste, con un letrero que decía “Viva Cristo Rey”: sin  faltar  uno vacio; total: 2 mil colgados... Concluyendo: el 9º, “¡Diles que no me maten!”; el 10º, “Luvina”; el 11º, “La noche que lo dejaron  solo; el 12º, “Acuérdate”. Siguen el 13º, “No oyes Ladrar a los Perros”; el 14º, “Anacleto  Morones”; el 15º, “El Día del Derrumbe”; el 16º, “La Herencia de Matilde Arcángel”.   INTERPRETACIÓN. Dicen los intelectuales  extranjeros (Barón de Humboldt, Florence Erskine, Condesa de Calderón de la Barca,   Bruno Traven, Oscar Lewis, etc.) que el mestizaje antropológico (indígena / español), sociológico (amos / sirvientes), educativo (analfabetas / escolarizados a varios niveles), cultural (literatura, música, pintura, escultura, canto, danza) de los mexicanos configura personalidades relativamente complejas de interpretar, comprender, tal y como surgen desde  los  primeros  personajes rulfianos, de Macario / Felipa; los intermedios de Feliciano Ruelas, los Torricos, y los terminales de Matilde Arcángel, los Euremios, padre / hijo.  Los grandes cambios surgidos de la globalización planetaria imponen la  urgencia de estudiar más a fondo las evidencias del comportamiento de  nuestros connacionales, a efecto de aplicar las medidas pertinentes hacia los cambios de comportamiento de  actitudes y aptitudes propias, tendientes al éxito personal, familiar y comunitario. Rulfo proporciona un excelente material de estudio: “El Llano en  Llamas”, “Pedro Páramo”. Vale la pena aprovecharlo. Es cuanto.