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Palacio de Cortés

LA APERTURA de un compás de espera a revisión de consumo de bebidas etílicas en conductores de vehículos, mejor conocida como “alcoholímetro”, evidencia el tacto de la nueva autoridad capitalina.

Nadie en sus cinco sentidos ha de cuestionar la importancia de ese programa en la tarea de reducir el índice de accidentes viales ligados a la ingesta de alcohol; sin embargo, el cómo se debe aplicar es el quid.

El riesgo de corrupción entre agente y conductor, y el impacto negativo para restauranteros y antreros amerita un análisis que supere ese mal que viene de la gestión municipal anterior de “se hace porque se hace”.

EN ESTOS días que mucha gente aprovecha los descuentos para el pago anual de obligaciones como predial y agua, resalta el tema del impuesto pro UAEM, que viene aparejado a las contribuciones mencionadas.

Resulta delicado que, en promedio, la mitad de los 33 ayuntamientos no cumple cabalmente con entregar a la máxima casa de estudios estatal ese apoyo económico de la comunidad, y lo peor es que se lo roban.

De los 11.5 millones de pesos que esperaba en 2012 la UAEM, le llegaron unos $5.5 millones; es decir, los gobiernos municipales sí se lo cobraron a los ciudadanos, pero no lo enviaron a la tesorería universitaria.

UN VALIOSO ejercicio sobre la opinión ciudadana es el que realiza este DDM regularmente y que plasma en sus páginas una visión fresca del acontecer estatal y que ha de ser lectura obligada de los gobernantes.

Sobre lo que se espera del nuevo gobierno de Cuernavaca, no sólo de lo que viene, sino lo que ha sido recientemente el gobierno, vale rescatar la opinión del ciudadano Daniel Jaimes, como aviso oportuno:

“No creo que vaya a hacer algo; nomás pica tantito y a la mera hora ya no les va a hacer nada (a ex funcionarios). Eso es lo que hacen los grandes, se protegen unos a otros”. Tiene la palabra Jorge Morales Barud.

MAL AUGURIO para el bolsillo familiar el alza al gas doméstico, el que sumado al ajuste mensual de las gasolinas, abre paso al incremento de otros productos, básicos y no, que hacen más severa la cuesta de enero.

Es decir, si todavía hay algo en qué ajustar el gasto, ha de ser en esto de los gastos de Reyes Magos; no erradicarlos, por la costumbre y porque “¡Uno, como quiera!”, ¿pero las criaturas?, qué culpa tienen del salvaje mercantilismo.