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Palacio de Cortés

POR FIN, ¿tenía o no tenía dinero el alcalde Rogelio Sánchez Gatica para pagar quincenas, aguinaldo, bonos y demás prestaciones a los trabajadores del ayuntamiento? Por lo visto, sí, pero se lo estaba guardando.

El punto es que el presidente municipal le lloriqueó a los poderes Legislativo y Ejecutivo que le autorizaran endeudar con 200 millones de pesos más al gobierno capitalino, porque no tenía para los aguinaldos.

Al final, los diputados le dieron el sí, pero para 100 millones; sin embargo, hasta donde se sabe, ningún banco le ha soltado el dinero, pero siendo ayer último día para entregar el aguinaldo, curiosamente hubo dinero.

HAY DOS hipótesis sobre la milagrosa aparición de dineros para que la presidencia municipal de Cuernavaca haga los pagos de fin de año a los trabajadores: el gobierno tenía el dinero guardado y/o alguien prestó.

La primera: el alcalde asustó con que no tenía dinero para los empleados para sacar el crédito y con eso pagarle a las empresas “fantasmas” que se han llevado millones y millones desde Martínez Garrigós.

La segunda: el mismo Martínez Garrigós prestó algunos millones para que Sánchez Gatica pagara a los trabajadores y, de lo que entrara del nuevo crédito, no de 200, sino 100 millones, le pagara lo que fuera de intereses.

SE VAN los días y el alcalde de Jiutepec, Miguel Ángel Rabadán, está a punto de irse impune en muchas jugadas a escondidas de la tesorería municipal; incluso con la acusación de que se llevó un paquete extra de 71 millones.

Ahora sí que este alcalde adelantó la entrega del cargo, porque su grupo de regidores no lo puede ver ni en pintura, y menos en vivo, porque se les ha hecho ojo de hormiga con la repartición de los beneficios.

Por otro lado, muchas personas de Jiutepec se dan de santos que Rabadán se vaya, aunque lleve las alforjas llenas, pero que se vaya, y mejor, porque no consiguió la diputación que le andaba gestionando “Rabín”
Salazar.

OTRO ALCALDE que sale mal, no tanto por su mano, sino la del equipo que armó, es Nereo Bandera Zavaleta, pues a pesar de que presentó un informe alegre, nada más basta con las jugadas que le marcó la Auditoría federal.

Se trata apenas de 2010, con un dictamen negativo en el ejercicio de recursos federales que fueron gastados de manera irregular, que
fueron desviados del objetivo etiquetado o sencillamente no hay papel que los sustente.