Siguenos en
    Redes Sociales

Palacio de Cortés

PUEDE HABER “n” número de interpretaciones sobre el proyecto de ampliación de la carretera La Pera-Cuautla, pero hay un principio ineludible de toda forma de gobierno que “per se” es irrenunciable.

A ese axioma de las democracias se acogió el Gobernador Constitucional del Estado de Morelos, Graco Ramírez Garrido Abreu, al señalar ayer que hará cumplir la ley, so riesgo de incurrir en responsabilidad.

Con los elementos más sólidos de la circunstancia para la toma de decisiones de autoridad, el responsable de la administración estatal sólo profirió un coloquial “Va” para definir el futuro del proyecto carretero.

EL ASUNTO de Tepoztlán no es menor, porque a más de ser una obligación entre las tareas de gobierno, vislumbra un beneficio social de corto, mediano y largo aliento, que se sustenta en una inversión multimillonaria.

Hay discrepancia de algunos ciudadanos sobre el proyecto vial, cierto, pero parece olvidarse la esencia de la obligación de cumplir y hacer cumplir el deseo de las mayorías, y, por el contrario, imponer el imperio de la anarquía.

La descalificación sobre éste y otros proyectos estatales, así como de los niveles federal y municipal, debe ir mucho más allá de la acusación verbal, de la apuesta a la violencia, para instalarse en la razón y la prueba.

SI LO sucedido en Tepoztlán el domingo reciente mediante la consulta ciudadana no fuera el más acabado ejercicio democrático, menos puede merecer respeto el rompimiento de urnas y amenazas como razón de discrepancia.

Invalidar la consulta, no como elemento definitorio sino coadyuvante para la decisión de gobierno, equivale también a desconocer el reporte de la Comisión de Derechos Humanos que encabeza Lucero Benítez Villaseñor.

Más aún, la reticencia de un modesto grupo de tepoztecos o “tepoztizos” también toma forma de tache a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, lo que empieza a rayar en los filos de la megalomanía.

EL MÉTODO para evitar la ampliación de la carretera en Tepoztlán, a la luz de los hechos, no tiene tanto el perfil del grueso de la comunidad, sino que emparenta con el legendario “Al diablo con sus instituciones”.

Si la anterior administración estatal pasó de la tolerancia a la negligencia en el ejercicio de gobierno, se entiende porque ahora llega el “cumplir y hacer cumplir la ley”, so riesgo de un mal inicio y peor futuro.