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Palacio de Cortés

BASTA UN encuentro casual con gente de Puebla para conocer algo de lo que esconden algunas personas que se oponen en Huexca a la construcción del gasoducto y termoeléctrica, Juan Carlos Flores Solís, entre ellos.

 

A este personaje, que en Morelos le llaman “activista social”, en Puebla no se le conoce actividad productiva formal, más que protestar por cualquier obra de gobierno para sacar su tajada, y se ignora quién lo financia.

 

Se le atribuyen amenazas al gobierno poblano por proyectos como el Libramiento Poniente, alborotos en Tlaxcala y ahora en Morelos, así como violencia contra su mujer…, en fin, un profesional del escándalo.

 

POR EL lado de Tepoztlán y el proyecto de ampliación a cuatro carriles de la carretera La Pera-Cuautla, llegó pronto la confirmación sobre la descalificación a la consulta pública, programada para el próximo domingo.

 

Con discurso de “tepoztizo”, más que de tepozteco, el primer embate fue contra el vocero del grupo promotor de la consulta, por el pecado de ser empleado municipal, mientras sus acusadores ocultan la real identidad.

 

No son precisamente comuneros los que a nombre de éstos se resisten a conocer lo que el pueblo quiere, y ello lo evidencian al negarse al ejercicio más aproximado a la democracia, parecen saber que no los apoya la mayoría.

 

LO QUE se ve no se juzga en Jiutepec: la falta de pago a empleados del Ayuntamiento es una muestra más del cochinero en que convirtió Miguel Ángel Rabadán Calderón a la administración que está por concluir.

 

Y si no hay dinero ni para la quincena de los policías, qué se puede esperar rumbo al compromiso de los aguinaldos y bonos de fin de trienio… Sencillo, lo que esperan es que el gobierno estatal los saque del hoyo.

 

Sigue sin respuesta la pregunta de qué le hizo a los 200 millones de pesos que recibió y por los que endeudó más al gobierno municipal; bueno, ni su cabildo lo sabe, porque fue negocio de él y su síndico.

 

EN TEMIXCO el fenómeno de la desaparición del presupuesto no es diferente al de Jiutepec, Cuautla y, por supuesto, Cuernavaca, donde la obra y los servicios públicos ya son inexistentes a estas alturas de la gestión.

 

Lo más lamentable es que la Auditoría Superior de Fiscalización, encargada de revisar el correcto uso del dinero público, no tiene el más mínimo pudor al permitir que los alcaldes se vayan sin reclamo formal.