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Palacio de Cortés

LA EX diputada local y hoy regidora electa, Tania Valentina Rodríguez, llena de fuerza su petición al alcalde Rogelio Sánchez Gatica para que se abstenga de cobrar aguinaldo, bono de fin de año y otras morusas.
 
La co-líder local del PT, de paso, le da un raspón a su  compañero regidor en funciones, Rigoberto Lorence, tan beneficiario como corresponsable de la crisis que vive el gobierno de Cuernavaca, y vuelve el boomerang:
 
Tania no dice ni pío, sin embargo, sobre el señalamiento de que los anteriores diputados, aparte de los $61 mil de dieta y otro tanto de prerrogativas, se llevaban al mes por grupo 240 mil pesos ¡en tiempos de crisis!
 
EN LAS novelas, el mayordomo suele ser el culpable, mientras que en el gobierno de Cuernavaca lo es el alcalde; pero por más que hacen como que investigan, no pasa nada, y siempre hay cómplices del delito.
 
Para el caso del saqueo de los dineros del ayuntamiento capitalino, le buscan y le buscan, pero no encuentran a los responsables, como aquel perro que da vueltas y vueltas tratándose de morder la cola sin lograrlo.
 
El culpable está en casa y es Rogelio Sánchez Gatica, que mediatiza los
procedimientos para esclarecer atracos, como el de las aportaciones por 110 millones de los trabajadores para el Instituto de Crédito, ¿no?
 
AÚN NO cuaja el nuevo grupo de diputados o esta LII Legislatura no salió buena para la trasparencia y manejo de su página de internet, cuando, a poco menos de dos meses, sigue sin cumplir obligaciones
básicas.
 
De entrada, los diputados muestran reticencia para presentar su declaración patrimonial, en caso de que la hayan presentado en tiempo y forma, porque sólo dos de 30 legisladores simulan estar al corriente.
 
Por cierto, el intento de claridad de declaración de la panalista Érika Hernández Gordillo está puesto en el espacio de la panista Erika Cortés
Martínez, mientras que el espacio de cédulas profesionales luce desierto.
 
POR CIERTO, a los coordinadores de partidos políticos en el Congreso no les ha resultado el reloj checador para los trabajadores, porque no se conoce bien a bien cuántos son, quiénes son y dónde se supone que trabajan.
 
La cacería de “aviadores” no es casual, porque uno de los privilegios de los señores legisladores es acomodar a los amigos en posiciones que puedan allegarse unos centavos, y por ahora no se ve por dónde.