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Opinión: Regresar al centro de Cuernavaca

Las ciudades crecen y se transforman junto con sus habitantes, pues éstos imprimen a su entorno urbano tanto los valores que comparten como sus limitaciones. De tal manera que estos núcleos de convivencia humana pueden volverse impresentables y transformarse en señoras avejentadas y descuidadas cuando tienen la mala suerte de padecer el poco aprecio de quienes las habitan, o pueden resurgir con todas sus bellezas naturales, históricas y arquitectónicas cuando son atendidas, remozadas y protegidas, especialmente de los protagonismos y ocurrencias de quienes las gobiernan.
No han sido pocas las veces que en los últimos años se ha anunciado la remodelación del centro histórico de Cuernavaca. Desde hace tiempo y por etapas, el centro de la capital de Morelos ha pasado por periodos de remozamiento en los cuales se han logrado resultados muy agradables que han dado un nuevo rostro y vida cultural a calles como Netzahualcóyotl, Hidalgo o Juan Ruiz de Alarcón. Pero también hemos presenciado intervenciones muy desafortunadas que han desfigurado el rostro de la plaza principal y que tuvieron su origen en ocurrencias del presidente municipal en turno. Una de ellas es el “Reloj del Milenio”, una estructura horrenda que no guarda ninguna relación con el estilo de la plaza, y que fue construida cuando Sergio Estrada Cajigal era presidente municipal de Cuernavaca, cuya única función es estorbar la vista y el tránsito peatonal; y la otra es la inoportuna y diminuta estatua de Emiliano Zapata que ordenó colocar ahí Manuel Martínez Garrigós, también a su paso por el ayuntamiento capitalino, que se encuentra rodeada de estatuas cuyas dimensiones no coinciden con las del jinete.  Se trata de acciones que obedecieron más al protagonismo de quienes tenían entonces el poder político, cuyo único objetivo radicó en la obsesión de pretender trascender su trienio, más que a una decisión razonada y prudente, basada en consultas a especialistas en arquitectura, urbanismo y estética.
Por mucho tiempo hemos esperado una intervención profunda, con alcances de largo aliento, que haga posible que todas las calles que conforman el primer cuadro de la ciudad se transformen en un área de disfrute peatonal, en donde se privilegien las actividades artísticas y culturales por encima de los intereses de los grupos de poder fáctico como los transportistas y las mafias de comerciantes ambulantes. Deseamos regresar al centro de Cuernavaca, pero hacen falta nuevas motivaciones.
Esta semana se anunció el Programa Integral de Desarrollo Urbano de Cuernavaca, a través de cual se pretende abordar los problemas del centro de la ciudad, desde una perspectiva metropolitana, lo que significa que en la solución de los problemas añejos y nuevos del Centro Histórico intervendrán de manera coordinada el Gobierno Estatal y el Municipal. Todos esperamos que el anuncio se traduzca en realidades que se observen en el corto, mediano y largo plazo. Que se asuma y se socialice la delimitación conceptual y funcional de lo que significa el término “Centro Histórico”, que se incluya una estrategia para encausar y resistir las oposiciones que siempre surgen en este tipo de proyectos y sobre todo, es fundamental garantizar la seguridad de los inversionistas y peatones.
También es importante que existan las garantías legales para que, independientemente del partido que gobierne Cuernavaca o el Estado en los próximos 20 años, el Programa de Desarrollo Urbano sea respetado, siga adelante y concluya de manera exitosa. Porque no hay nada más frustrante que la falta de continuidad de los elementos normativos, y que cada 3 o 6 años se reinventen las cosas y se haga tabla rasa de los proyectos anteriores, simple y sencillamente porque no le parecen al nuevo gobernante. El centro de las ciudades debe administrarse y preservarse con una perspectiva integral y debe estar resguardado de las tentaciones vulgares y poco ilustradas de los gobernantes de turno.
No debemos pasar por alto que la población de Cuernavaca está fragmentada y desvinculada del pasado histórico de la ciudad. Salvo algunos grupos de población que tienen referencias sobre los episodios históricos de la capital de Morelos, y muestran respeto por los edificios construidos en siglos pasados, para la gran mayoría de los habitantes la valoración de lo moderno parte de la destrucción de lo antiguo. Son incontables los casos de comerciantes que muestran su desprecio por los edificios históricos y alteran las fachadas de manera grosera, sin que ninguna autoridad hasta ahora, haya podido obligarlos a respetar algún reglamento, si es que existe, para la preservación del patrimonio histórico.
La tarea no es sencilla. La disyuntiva es seguir por el camino que ha desfigurado el rostro del centro de Cuernavaca o asumir decisiones desde una perspectiva ética y congruente, colocando a un proyecto que respete la historia de la ciudad y que al mismo tiempo le aporte cualidades para hacerla funcional, por encima de los intereses personales, de los grupos de poder fáctico o de los partidos políticos. Espero que así sea.
Posdata: no pretendo ser aguafiestas, pero presiento que hoy ganará Camerún.