Nuestro cuarteto

Claro que tuvieron mucho tiempo antes de que se iniciara realmente la campaña de a pie, como se le llama a ese ir y venir de uno a otro municipio, de uno a otro barrio, así lo hagan a bordo de sus suburbans… Pero aquí, parece que todos los candidatos se malgastaron ese tiempo en las pugnas interpartido, intertribu, interfamilia, que vimos que no les faltaron a uno, otro, y otro, si bien, en el caso del candidato Yáñez, creo que fue el que salió mejor librado, aunque la suya parece ser otra lucha, no exactamente la gubernatura…
En fin, que allá van: Graco, creyendo que se lo sabe todo y asegurando un gobierno para Morelos como nadie lo ha hecho, porque, obviamente, los que gobernaron aquí durante los dos decenios que lleva de residencia cuernavacense, a todos se los trajo fintos y con todos tuvo queveres y decires. Graco es su propio estratega de la campaña en la que lo vemos y lo escuchamos, y nos dice que “seguro cumple”. Y uno debe suponer que eso implica que sabrá qué hacer con la inseguridad, la falta de empleo, el desastre en que se ha convertido la economía, los males de los campesinos, de los comerciantes, la cuestión educativa, el turismo y lo que queramos añadirle… De que sabe de política, ni duda cabe: lo hemos visto moverse durante todos estos años con una habilidad monstruosa. Si de quien sabe suele decirse que tiene colmillo, el suyo en política es tan grande como el de un elefante asiático o africano que sea. Como hasta ahora lo hemos visto actuar básicamente en las grillas, en lo oscurito de la política. Cumplir, lo que es cumplir, es algo que suena a simple utopía.
Lo que rodea a Adrián Rivera Pérez es un halo extraño. Desde luego no se le pueden escatimar sus años en la política, su tenacidad para resistir hasta doblarse y admitir –así fuera a regañadientes-- que, en su momento –allá por el 2009--, resultaba mejor candidato Sergio Estrada Cajigal, tanto así que fue el que le dio posibilidad al PAN de salir de ese marasmo en que se movía, para quitarle al PRI la hegemonía en que se había instalado y darle al blanquiazul la victoria. El premio que recibió entonces el ahora candidato panista a sustituir a Marco Antonio Adame fue la diputación y, posteriormente, la presidencia municipal de Cuernavaca, ciudad de la que huyó sin terminar el trienio, porque la dejó literalmente hundida en la basura. Y de ahí a ocupar el ansiado escaño y sus dietas sabrosas de seis años, al tiempo que su compadre llegaba a la presidencia de este país.
El priísta Amado Orihuela está conformándose en un fenómeno inusitado que no se había visto especialmente en los últimos años de la política farragosa y tradicional de Morelos. Me refiero a esa política de empujones, acomodos, intrigas, ese marasmo, ese berenjenal en que se azotan los políticos. En contra de todo eso surge su liderazgo. Y, encuestas van, encuestas vienen, él está adelantado con respecto a los otros dos –Graco, en segundo lugar; Adrián, en tercero, pese a que el de las izquierdas tiene toda la vida haciéndose propaganda y el de las derechas cuenta con su gobernador y con su compadre, que no son poco apoyo… Amado Orihuela ahí va, montado en la ola peñanietista, con una estrategia de campaña que hasta ahora se ve diseñada para poco esfuerzo: ni muy, ni poco expuesto. Pero esto está marcando una nueva manera de hacer política en este estado. Los políticos clásicos, panistas, perredistas y priístas, siempre que actúan lo hacen tratando de no lastimar sus “carreras”, y celan esas carreras más que lo que un tendero debe vigilar su negocio, porque la experiencia les ha dictado que si ahora son diputados, después les toca la presidencia municipal y más tarde el Congreso y ahí la van llevando haciendo su ronchita, hasta caer parados. De eso está plagado el país y Morelos no es la excepción: políticos que se van labrando condiciones mediante el empujoncito, la influencia que los va llevando a escalar peldaños y, por supuesto, a comprarse una casa más grande, otra en San Diego, y desde luego a hacer negocios, a transar porque es su manera de hacerse de un capital abusando del tráfico de influencias como el arma fundamental de su carrera… Por eso me parece que Amado Orihuela viene a ser diferente. El va por otro camino, empujando y ganando el ánimo de la gente. Y ganando en las encuestas, si es que creemos en ellas… Hasta el sábado.      
 
nadiapiemonte@gmail.com


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