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Momento Histórico

Esta casa editorial se distingue por sus magníficos cronistas, no pretendo emularlos, sin embargo como morelense, no puedo evitar compartirles esta reflexión. La suerte de nuestra entidad, como seguramente la de todas las que conforman la Federación, está íntimamente ligada al centro de la Nación. Desde tiempos remotos el destino de nuestro país se decide en el Valle de México. Muchos ejemplos bastarían para dibujar la relación de Morelos, uno de los estados emblemáticos de la nacionalidad mexicana, como bien lo define el morelense nacido en Tabasco Pablo Marentes, con el centro del Anáhuac. El ejemplo dramático lo traslado a la administración del presidente Álvaro Obregón, quien, en su informe del primero de septiembre de 1924, declaró que Morelos era el único Estado de la República que se encontraba fuera del orden constitucional. Desde febrero de 1913, cuando es asesinado Madero y disueltos los poderes en el Estado, hasta 1930 el Estado de Morelos tuvo el rango de territorio federal.  A partir de entonces todos los gobernadores desempeñaron su encargo en razón de la empatía que les profesaran desde Palacio Nacional. Hoy vivimos una excepción que pone a la entidad en una “altura de miras”, frase tan recurrida por los políticos, como lo es el buen ánimo que tiene el Presidente de la República por el Gobernador del Estado. Esto no sólo se interpreta como un gesto de civilidad política o carácter republicano, pues ambos provienen de fuerzas políticas distintas, sino en un momento y una oportunidad histórica para la entidad. El Presidente que ha traído de vuelta los postulados del primer gran movimiento social del siglo XX y el Gobernador de Izquierda Moderada se entienden bien. Esto mas allá de la magnifica relación que redunde en la carrera política de ambos, debe ser una oportunidad en la cual los morelenses podamos llegar a buen puerto después de la tormenta que significaron las administraciones de la “Docena Trágica” que tanto daño nos causaron entre 2000 y 2012, en todos los rubros, pero particularmente en las sensibles áreas de Desarrollo Económico y Seguridad Pública.
Estoy cierto que el Gobernador sabrá canalizar el buen ánimo de Morelos en la Federación, no hacia prebendas para los funcionarios públicos —como lo fue en la administración pasada— sino hacia los que menos tienen. El Presidente de la República anunció hace días que su administración será itinerante y que los funcionarios deberán llenarse las botas de polvo, eso está a tono no sólo con lo que el Gobierno del Estado pugna, sino con lo que los morelenses desde Huitzilac al Amacuzac y desde Palpan a Axochiapan esperamos. Los que vivimos en este Estado no queremos poses de escenografía o momentos para una buena fotografía como los que distinguieron al Presidente Calderón, quien a 15 minutos de vuelo de los Pinos, magnifico para su agenda y seguridad, venía a inaugurar una cancha de futbol rápido en la zona conurbada de Cuernavaca o a sostener una reunión de la alertas en volcánicas en el cuartel del Regimiento de Cuautla.
Lo que los morelenses ansiamos es que el gobierno genere las condiciones que nos permitan a todos los que formamos parte del motor y fuerza productiva del estado para crecer y lograr una calidad de vida como la que hasta hace no mucho distinguió a Morelos. Nos duele en nuestro orgullo propio pero también en la realidad, los indicadores nacionales que muestran la caída de la entidad en calidad de vida y en satisfactores para sus habitantes.  Por ello que en vez de derrotarnos o lamentarnos debemos sacar la casta que siempre ha distinguido a los morelenses y con orgullo propio —en el mejor sentido de la palabra— vencer los múltiples retos a los que nos enfrentamos. Nuestros padres y abuelos levantaron un Estado después de una cruenta revolución, lo menos que podemos hacer nosotros es aportar un grano de arena para un Morelos digno para nuestros hijos y nietos.
Estoy cierto que si caminamos hombro con hombro no sólo con la sociedad civil, sino con el momento histórico que las administraciones federal y estatal han logrado, pronto todas nuestras dificultades serán tan solo una anécdota.
En estas últimas líneas del 2012, me permito hacerles llegar mis mejores deseos y votos de dicha para el año que está por llegar.