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Modus vivendi

No hay recompensa más legítima que el fruto del dinero bien habido y mejor ganado. Esta regla se aplica por igual a quienes lo obtienen tanto en la Administración Pública como en la Iniciativa Privada. Evidentemente, la condición es que siempre se obtenga dentro de la norma. Por lo tanto, el que un funcionario público tenga un ingreso considerable es bienvenido, siempre y cuando dicho funcionario lo devengue con honestidad y productividad. Hasta ahí, la cuestión pareciera no entrañar ningún problema; al igual que ocurre en una empresa o en una industria privada, al buen empleado, además de su sueldo, se le premia; existen infinidad de incentivos materiales, económicos y humanos de los cuales se puede echar mano.
La piedra en el camino surge en el caso de la administración pública, cuando los servidores públicos no sólo no son recíprocos en su compromiso laboral, sino cuando abiertamente sacan ventaja de su posición. El Estado de Morelos es un reflejo de la realidad nacional. Morelos, al igual que México, es diverso y homogéneo. Así como hay una gran diferencia entre un norteño de Baja California y un sureño de Yucatán, en nuestro estado también existe una diferencia en nuestras distintas regiones. Es muy diferente el profesionista de la capital del campesino del sur o del comerciante de la región oriente. Sin embargo, a los morelenses, sin importar su origen o condición, los une una particularidad: el ser gente industriosa y de trabajo. Es por ello que, volviendo al tema inicial, resulta muy marcado y francamente ofensivo el proceder de funcionarios públicos, lideres gremiales y militantes de partidos que no se conducen con honestidad y probidad.
Mientras los ciudadanos se enfrentan a crisis económicas y de seguridad, los malos funcionarios, en una versión mal entendida del “Carpe Diem”, viven a todo vapor cada día, pues aunque actúan como si su fuero sea eterno, en el fondo saben que tres o seis años pasan rápido, y que “el tren de la revolución sólo se detiene una vez en la vida”.
Es muy lamentable que, contrario al espíritu de los hombres que después de la cruenta revolución levantaron Morelos, hoy existan personas que tengan como dogma la lamentable frase del “Tlacuache” Garizurieta de que “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”; esa postura mediocre condena a Morelos a vivir sólo del presupuesto o del patrocinio exclusivo de los tres niveles de gobierno; eso me recuerda, guardando las proporciones, naturalmente, lo que pasó en Cuba con la caída de la Unión Soviética: los barcos que zarpaban de Rusia llenos de todo, dejaron de atracar en La Habana y los cubanos aún no se reponen de ello.
En contrapartida, también recuerdo en los años de mi juventud en Cuautla a un veterano de la Revolución del Sur; era un viejo recio entrado en años, pero aún muy fuerte; delgado, alto, de tez blanca, bronceada por décadas bajo el sol. Sembraba arroz, y a pesar del lodo de los arrozales, siempre vestía impecable de calzón de manta. Yo disfrutaba charlar con él sobre agricultura y sobre la revolución zapatista; el viejo, a quien llamaban Don Chico, siempre con un inseparable purito veracruzano, me platicaba sobre las proezas que hacía para sacar su cosecha de arroz; yo le animaba a acudir a Agricultura y pedir apoyos para su siembra; él en una postura algo intransigente pero muy digna me respondía: “Cómo le voy a pedir ayuda al gobierno, ¡si contra ellos luché!”. Acto seguido, se moría de risa.
Hoy que veo a líderes agrarios convertidos en caricaturas de caciques, que más allá de representar a los productores, se enriquecen de manera burda y voraz, no puedo evitar recordar a aquel congruente capitán zapatista que después de la lucha sembró arroz por décadas.
Hoy más que nunca, los funcionarios, líderes gremiales y políticos deben ser muy estrictos y congruentes en su modus vivendi; no únicamente por ser su obligación legal, moral y ética, sino como un reconocimiento a los miles de morelenses que sin tener cargo ni prebendas, día a día luchan de manera honesta para llevar el pan a sus hogares.

opinion@diariodemorelos.com


Comparto plenamente el esp√≠ritu de su art√≠culo, pero no en cuanto un funcionario puede ganar bastante si la Ley y su honestidad (¬ŅComo la definimos?)lo permiten. Creo que los ingresos de los funcionarios deben ser limitados a cierto criterio republicano juarista. La ausencia de este criterio est√° provocando que padezcamos una sangr√≠a a la finanzas p√ļblicas causada por los altos salarios y prestaciones de la alta burocracia -algunos dicen "dorada"-. Es tiempo ya de ir reformando nuestro Estado, reencauzarlo exclusivamente al bienestar y seguridad de todos, pero sobre todo y por encima, de los que menos tienen. Arist√≥teles hablaba de la supremac√≠a del inter√©s general.