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Mariguana y democracia

Eran casi las 12 de la noche del miércoles pasado, 5 de diciembre de 2012… Miles de mujeres y de hombres –blancos, negros, latinos,  asiáticos y hasta uno que otro polinesio- se arremolinaban en torno a la base de la Torre Ahuja, símbolo de la ciudad de Seattle, estado de Washington, en Estados Unidos… Magnos reflectores de luces multicolores moviéndose sobre la multitud, confeti, silbatos, etcétera.… Gran ambiente de festejo, pues... en espera de los últimos segundos de ese día con su masivo conteo: 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2 ,1… ¡Fuego!... Y al grito de fuego, miles de encendedores inflamaron carrujos, pipas y todo tipo de parafernalia para fumar mota. Así, en el primer segundo del 6 de diciembre de 2012, inició un nuevo período en el proceso de legalización  en los Estados Unidos de América del consumo de mariguana con fines recreativos; inclusive con el fin de ver y sentir todo más lento, más suavecito, sin bronca por fumar mariguana en público, o sea, sin que policías, tiras, gendarmes y agentes de la DEA la vayan a hacer de tos… Con más amor y más paz, tal y como sucederá próximamente también en el estado de Colorado… Y puede usted jurarlo que en breve, en toda la Unión Americana, seguramente para coraje de Calderón, o a manera de confirmar lo que vino dogmatizando durante todo su pasado sexenio: que los primitos son un pueblo de pachecos.
En México, mientras tanto, lejos de la algarabía recreativa de los primos, se gestaba un golpe impredecible y por demás extraño en contra del presidente Enrique Peña Nieto, a través de un albazo, madruguete o cualquiera de los floridos adjetivos que los políticos suelen darle a la gestión democrática, vía un seco “no hay quórum” a su petición de pasar por la libre a los elementos que incorpore a su supersecretaría de Gobernación, o del Interior, en fin, la que se ocupará, entre otras muchas cosas, del narcotráfico, y que tiene en Miguel Ángel Osorio Chong al superhombre que se encargará de tan enorme paquete… Don Neto Cordero, en plena sesión, supuestamente planchada con antelación, a la mera hora contó mal o no contó o se hizo bolas con las cuentas –al decir de su colega Emilio Gamboa Patrón—, y acabó con la euforia manifiesta de los priístas, que en medio de la sorpresa, pero sin dejarse amedrentar, subieron a la tribuna recién despejada por el presidente del Senado y desentonaron a capela el Himno Nacional, en tanto lanzaban amenazas en contra del panista ex secretario de Hacienda, de su bancada, y de paso, de los chicos de la izquierda unida jamás será vencida, entre los que no podremos culpar a nuestro representante morelense, Rabindranath Salazar, porque él, la verdad, de por sí andaba ausente… O sea, que don Neto declaró que no había quórum, y entre que sí lo había o no, a las huestes de Enrique Peña Nieto no se le dio gusto, porque la propuesta de su jefe pasó a los cajones de las iniciativas frustradas, por lo menos hasta que se dé el arreglo en lo oscurito, o en las horas del alba, y se retome una discusión truncada cuyo origen del aquí se rompió una taza y cada quien para su casa se ignora, aunque podría ser por puro cansancio, verdadera fatiga de los Senadores que en estos días han andado de la ceca a la meca, entre despedidas, ceremonias de tomas de posesión, sesiones abigarradas y gritos destemplados de nuestros padres y alguna madre de la patria que parecen no haber entendido si adherirse al pacto o hacerse patos con el pacto…
Como quiera que sea, la tarde del jueves todo daba vueltas entre que si la mariguana puede fumarse con fines recreativos –o medicinales— en buena parte de Estados Unidos y el desplante de Ernesto Cordero, a quien algunos priístas parecían querérselo comer en escabeche antes, por supuesto, de enviarlo a la congeladora del Senado, arrancarle a puños la presidencia del Congreso, como escarnio a su osadía de dar por terminada una sesión que avanzaba ya a trompicones, porque no supo contar, o contó mal, o como quiera que sea de darla por perdida, como si se tratara de un partido de tenis, declarando un símil a que la sesión caía en muerte súbita…
A su lado –el de Neto Cordero—, el colega perredista Silvano Aureoles por la tarde dijo que sí, que estaba de acuerdo con don Neto, en tanto Emilio Gamboa tragaba bilis, y sólo esa larga, enorme experiencia que se carga en su infinita carrera parlamentaria, lo mantuvo ecuánime para explicar lo que nadie podía entender porque las cuentas para unos daban la mitad más uno de los presentes, y para otros, la mitad menos uno, con lo que no había posibilidad de conciliar ese número al que le faltaba uno, o bien le sobraba uno. De ahí que, probablemente, nuestro Rabindranath Salazar pudo haber sido el fiel de la balanza, pero no estuvo presente, porque quizá tenía otras cosas más interesantes que hacer, o porque previendo que, como quiera que sea, hubiera podido salir mal librado, optó por no estar. Sucede, a veces, que la fortuna y la fama se dan por pura casualidad. Así fue como nuestro Rabindranath fue mencionado desde el jueves en todos los noticieros de la tarde-noche, y su nombre apareció impreso en la prensa, como no lo fue nunca antes.
Y a todo esto, la mañana de ayer el panorama parecía despejado, tanto en Seattle, estado de Washington, como en México, capital de los mexicanos. Los senadores que tan sólo diez o doce horas antes echaban humo hasta por las orejas, se dieron a decir que todo estaba en paz, y subrayaban que ésa es la democracia y que a eso nos debemos acostumbrar los mexicanos… Creo que en el estado de Washington también se les dijo lo mismo a los que no se mostraron de acuerdo con la posibilidad de encontrarse a motos a la vuelta de la esquina… Hasta el martes.