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Majestuosas e ignoradas…

Son como el Popocatépetl y el Itztaccíhuatl, perennes, colosales, pero que de tanto verlos se nos borran. Por la costumbre perdimos la capacidad de asombrarnos ante un espectáculo único en el mundo. ¿Qué pueblos tienen dos montañas como el Popo y el Itza? ¿En qué lugar del planeta Tierra existe una leyenda de amor similar a la que todos o casi todos conocemos, la que cuenta del origen mítico de nuestros volcanes? No, no lo hay y, pese a ello, no nos conmueve más.
Elemental, esta observación ilustra un fenómeno que ocurre con otras formaciones geológicas. Son un portento, acaso único en el orbe, pero tienen incluso la desventaja de estar tan próximas a nosotros que han sido severamente ninguneadas y, por lo mismo, dañadas. Son las barrancas de Cuernavaca, las cañadas de la antigua Cuauhnáhuac no majestuosas como los volcanes, pues no sobresalen en el horizonte. Su maravilla radica en una orografía hundida, escondida por el inevitable y devastador crecimiento urbano. ¿Cuántas veces hemos transitado a pie o en vehículos y no percibimos su benéfica existencia, a la cual debemos el clima que hizo mundialmente famosa a la capital de este estado? Pasamos por encima de ellas, las hemos llenado de desagües y utilizado como basureros; habitamos sus riberas, desalojamos su flora y despreciamos su fauna. Casi hemos acabado con semejante bendición. ¿Pero será posible rescatarlas? Como veremos adelante, ha habido esfuerzos de gobiernos capitalinos y estatales, de instituciones educativas y de investigación, mas si cada uno de nosotros, cada nativo y residente de Cuernavaca, no ponemos de sí para cuidarlas, de nada servirán los programas y acciones oficiales de rescate. A las barrancas de Cuernavaca hay que devolverles su valor. Buena parte de la calidad de vida de los cuernavacenses depende de que así ocurra y obtengamos resultados a corto plazo. Porque hay que apreciarlas, el atrilero hace un repaso de algunas de sus características, para que no perdamos el asombro de lo vital que resultan en la identidad y el entorno de nuestra ciudad.
 
DESCRIPCIÓN
Cuernavaca tiene barrancas que durante siglos han regulado el clima que la convirtió en “la ciudad de la eterna primavera”. Una de las más importantes es la de Amanalco, que durante la Conquista sirvió de defensa natural contra Hernán Cortés. El ambicioso hispano finalmente logró atravesarla por el vado de lo que ahora es el Puente del Diablo, aunque el grueso de su tropa lo hizo a la altura del mismo puente de Amanalco, al derribar un gran árbol y utilizarlo como puente. La escena fue inmortalizada por Diego Rivera en su mural del Museo Cuauhnáhuac.
En la última década del siglo pasado, Amanalco fue parcialmente rescatada. El alcalde Alfonso Sandoval construyó un andador de trescientos metros, acondicionado como paseo turístico. La entrada es al lado de la vecindad de La Coronela, placentero el verde del denso follaje y la tranquilidad que se siente al bajar, ahogados los ruidos del tráfico citadino por el paso del agua entre piedras y, a ciertas horas, los cantos de las aves. Si el lector no ha hecho este recorrido, no sabe de lo que se ha perdido. Debajo del puente –una maravilla de ingeniería de finales del siglo XIX– se advierte la magnitud del valor natural y ambiental de las barrancas. En una breve descripción técnica, las cañadas capitalinas forman un gran cono de deyección que parte de la arista sur de la sierra de Zempoala y se proyecta más allá de los límites de Cuernavaca, hasta Acatlipa, pasando Temixco,  unos 20 kilómetros al sur. Este rasgo fisiográfico es el que impone su singular fisonomía a Cuernavaca. El cono o abanico es un claro ejemplo de correlación geológica, entre el macizo volcánico de la sierra de Zempoala y los depósitos apilados en la parte baja del terreno que fueron arrancados por un enérgico trabajo hidráulico realizado por torrentes de montaña y corrientes de lodo, llamados por los geólogos “lahares”, o sea, aglomerados de gravas y arenas que forman un drenaje pluvial desarrollado sobre la pronunciada vertiente sur de la citada sierra. Esa cuesta es interrumpida por la plataforma de Buenavista, un pie de monte localizado al noroeste de la ciudad que tiene un declive topográfico localizado en el norte de la sierra de Zempoala, bajando constantemente en declive hacia el sur. El tipo de suelo formado por esos conglomerados de arenas, gravas y lahares convierte a la zona en un filtro del agua que se precipita, arrastrándola hacia abajo, brotando en los manantiales de Cuernavaca y Temixco.
Las barrancas de Cuernavaca son también el paso de ríos permanentes y temporales. Algunos cruzan la ciudad y se van uniendo poco a poco hasta formar el río Apatlaco, el afluente del Amacuzac en la zona sur del territorio morelense. La presencia de las barrancas, junto a las corrientes de agua de los ríos y a la vegetación, provoca el clima agradable de Cuernavaca y parte de Temixco, principalmente, en donde el gradiente térmico no muestra grandes oscilaciones durante el año. Esto se debe también a que el sistema de barrancas promueve el paso de vientos templados provenientes del norte que, al atravesarlas, genera un descenso de la temperatura y crea un clima fresco. Por esta acción se considera que el sistema de barrancas actúa como un radiador que favorece la estabilidad del clima de Cuernavaca. Esto es muy fácil de comprobar: cuando nos alejamos de la influencia de las barrancas se siente un aumento de la temperatura, porque existe una fuerte absorción de radiación solar, sumada a la reducción de áreas verdes.

LA DEVASTACIÓN
Rellenadas por la construcción de casas-habitación y obras de infraestructura, muchas barrancas han desaparecido. Desde la época de las haciendas, a fines del siglo antepasado, se fueron transformando varias, desviadas las aguas para dar servicio a ranchos y fábricas. Si a ello sumamos la venta de terrenos ejidales y comunales con fines de urbanización –sin autorizaciones legales ni servicios básicos–, la consecuencia es que durante las últimas décadas Cuernavaca ha sufrido el embate del desarrollo urbano desordenado, especialmente en las cercanías de las barrancas, donde asentamientos humanos regulares e irregulares han invadido las zonas federales y utilizado para sus descargas de aguas negras, la mayor parte de éstas sin tratar; así como para tiraderos de desechos domésticos y de la construcción. El crecimiento acelerado y desordenado de la metrópoli tlahuica, ubicado en 5.1 por ciento anual en promedio de los años setenta a los noventa del siglo pasado, impuso una enorme presión sobre los ecosistemas y los recursos hidrológicos. Este desarrollo sin planeación y mayormente fuera de la ley ha impactado a los recursos naturales vitales que son el orgullo de la ciudad: el clima, el agua y la exuberante vegetación. Por si no fuera poco, bajo estos efectos dañinos los pueblos tradicionales de Cuernavaca han sido los que mayor impacto han sufrido desde el punto de vista ambiental y social.
 
SOLUCIONES
Desde hace algunos años, el Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarías (CRIM) de la UNAM conduce en el norponiente de Morelos y en la zona limítrofe con el Estado de México y el D.F. un programa de investigación-intervención para el manejo de los ecosistemas de las cuencas altas de los ríos Apatlaco y Tembembe.  Esta región de aproximadamente 65,000 hectáreas es estratégica, tanto por lo que respecta a la biodiversidad ahí representada como por los servicios ambientales que aporta, especialmente como zona de recarga de acuíferos para Morelos. Los objetivos principales de este programa son otorgar y promover recursos externos cognitivos, financieros y humanos para impulsar la movilización comunitaria a favor de la restauración y protección de los cuerpos de agua y la vegetación en localidades específicas del sistema de barrancas de los ríos mencionados. Dicho plan de acción se dividió  en el llamado  socio-ecosistema urbano “Barrancas de la Micro-cuenca de San Antón”, en el tramo Salto Chico-Altavista-Terrazas, enfocado a construir una estrategia colectiva de restauración-conservación de los recursos naturales y el desarrollo de la llamada microcuenca de San Antón.
El plan del CRIM incluye estrategias campesinas de vida, aprovechamiento y conservación de recursos naturales en San Juan Atzingo y Buena Vista del Monte, buscando el desarrollo local y dirigido a obtener una visión general sobre las estrategias de vida de las unidades domésticas de San Juan Atzingo, así como elaborar propuestas que contribuyan al mejoramiento del ingreso, del aprovechamiento y conservación de los recursos naturales locales en un proceso de cogestión con los campesinos y sus representaciones formales e informales.
Otros propósitos del CRIM son la restauración y manejo sustentable del bosque de agua de Morelos que buscan la restauración de los ecosistemas y especies de la región montañosa del norponiente de Morelos, a desarrollarse en treinta años a partir de los noventa en coparticipación con las comunidades indígenas y campesinas de la región. Entre los principales resultados de estos proyectos están los siguientes: estudios preliminares sobre cambio de uso del suelo en Cuernavaca, San Antón y Cuentepec, y un censo general de estas dos últimas comunidades. En San Juan Atzingo se realizaron estudios detallados de estrategias de vida e instituciones comunitarias, sobre la actividad agropecuaria y de aprovechamiento y conservación de los bosques de agua.

En el objetivo nado sencillo de rescatar las barrancas de Cuernavaca están involucradas instituciones de la UNAM como  el Centro de Ciencias Genómicas, la Facultad de Ciencias y el Instituto de Geografía, y por parte de la UAEM, centros de investigación de sustentabilidad y preservación natural, el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el CBTA 154 de Huitzilac y los comisariados de bienes comunales de los pueblos de San Juan Atzingo, Huitzilac, Coajomulco, Tepoztlán y Cuentepec; los ayuntamientos de Cuernavaca y Temixco, el Patronato para el Rescate de San Antón y las Barrancas de Cuernavaca, A.C.; Guardianes de los Árboles, CEMDA y Greenpeace. En suma, pueblos, asociaciones cívicas e instituciones educativas y centros de investigación están empeñados en que las barrancas de Cuernavaca recuperen su antiguo esplendor… Para que a propios y extraños nuestras cañadas no sigan siendo majestuosas,  maltratadas, desconocidas. Tristemente… ME LEEN MAÑANA.

 


Estos son los blancos volcanes cubiertos de nieve bajo un cielo borroso lleno de estrellas donde descansan dos grandes enamorados que apenas recuerdo, hay alguien que quiero encontrar en los paisajes que no puedo olvidar, aquí está el alma mía, en mi tierra natal, he visto la escena del árbol de Diego Rivera en algun museo de Tokio, he dado un paseo a la orilla de la barranca con Alfonso Sandoval en los días cotidianos buscando una semilla de la flor de la eterna primavera para que brote donde el cielo de la madrugada tiene una estrella iluminando, donde hay días que llueve de noche y sale el arco iris de día, donde los ciudadanos tenemos el sueño en los corazones ligados por el mismo deseo de que despierten aquellos enamorados y recuperar nuestro tesoro mas precioso con respeto a la naturaleza, no aprovechar el agua limpia de las barrancas es como guardar el oro sin aprovecharlo, habrá que revisar esos informes de las investigaciones y ver que se va a hacer entre todos. Aquí ya hemos empezado la cuenta regresiva, faltan 10 minutos para que termine el año viejo y llegue el 2013, para Yo Gobernadora Universal el deseo es el mismo de siempre, desde el país de Gambate es animo. Biologa Angelina Alvarez Moysen