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Magazos de las finanzas

Ay las elecciones, las elecciones… Lo que se dice ahora es que también se chuparon los 334 millones que eran para el plan Morelos Seguro y que lo que menos tuvo fue ser “seguro”, aunque lo seguro es que el dinero se “desapareció” en el  gobierno de Marco Antonio Adame. Y lo cierto es que 334 millones no es una cantidad que pueda esfumarse así como así… Aunque déjeme recordar que cuatro veces eso, se ha desaparecido en un solo municipio: el de Cuernavaca, y también a causa de las elecciones y de un joven ambicioso que quiso ser gobernador, pero que vio frenados sus ímpetus antes de iniciar la justa electoral, aún cuando ya se había gastado un lanal en promoción personal… O sea que en Morelos se desaparecen los recursos que deberían emplearse para seguridad, o para servicios municipales, en las elecciones. Y es como si llegaran a manos de magos malvados, que en vez de utilizar ese dinero para lo que está etiquetado, o como quiera que sea, para el desarrollo de la entidad o de la ciudad que se supone van a administrar, con el pretexto de las elecciones, lo utilizan en lo que se les da la gana y que normalmente es para promoción personal o de partido, o de plano se lo embolsan, lo que finalmente es lo mismo. Porque para colmo, ni el ex gobernador Adame, ni el ex presidente municipal de Cuernavaca, Manuel Martínez Garrigós, lograron lo que pretendían en las pasadas elecciones, es decir, el primero mantener a su partido en el gobierno y el otro llegar a la candidatura priista para gobernador. Aunque hay que reconocer que uno y otro obtuvieron “plurinominal”: Adame en el Congreso de la Unión para uno de sus hijos; Martínez Garrigós, la pluri para la curul local. Si eso costó 344 millones para Adame y ese brutal endeudamiento que dejó el ex alcalde de Cuernavaca que oscila en los mil 300 millones de pesos, son seguramente de las pluris más caras en el sistema político mexicano...
Acostumbrados como estamos a lo que nos cuestan los políticos, el que se desaparezcan millones o se los lleven, ya no nos causa extrañeza. Lo que nos parece injurioso es que cada vez que hay un cambio de gobierno, escuchemos las promesas de que ahora sí se va a poner remedio a tan viles robos, se van a castigar a quienes irresponsablemente manejaron los dineros públicos, a los autores de esa corrupción rampante, y que al paso del tiempo, veamos el tupido velo que se tiende primero sobre los millones desaparecidos y después sobre los discursos con promesas de castigo y que todo quede en el olvido…
Si bien se tardaron más de dos meses en descubrir el misterio de los 334 millones para el plan “Morelos Seguro”, era obvio que desde un principio, digamos desde el tiempo aquel de la “transición” y los entrantes se ocuparon de saber cómo y en qué se gastó la lana, debieron advertir que algo extraño ocurría, pues lo de “seguro” era una utopía reconocida por el propio ahora ex gobernador Adame, quien no por nada, solicitó que al dejar la gubernatura lo mantuvieran cuidado por cuenta del erario al pedir camionetas blindadas, guaruras al por mayor y policías a su paso. De ahí puede desprenderse que sabía muy bien de lo que hablaba, puesto que se convertiría en un ciudadano común expuesto, por tanto, a lo que lo estábamos los habitantes de Morelos… Si las autoridades salientes dedicadas a la entrega de cuentas lograron convencer a las entrantes de que la administración la dejaban al centavo, es decir, que nadie se quedaba con nada, ni habían desaparecido no digamos 334 millones, sino ni siquiera 334 pesos, ahí sí que debió jugar la magia, o quién sabe bajo qué influjo andaban los chicos de la transición para ser tan poco observadores que ni cuenta se dieron de que Morelos no sólo no estaba seguro, sino que seguro les iba a ir como les está yendo en cosas de seguridad.
 Y en lo que hace al ex alcalde Manuel Martínez Garrigós, es imposible que ninguna de las autoridades que autorizaban los requerimientos de préstamos por 600 millones y luego los otros 600 millones y el revoloteo de facturas apócrifas y las compras fantasmas y los proveedores del Valle de Chalco y las contrataciones a Juan de las Pitas, no levantaran un dedo para frenar los ímpetus de ese muchacho. Aunque sí hubo una que en su tiempo protestó: la regidora Vera Cisniega, que se atrevió a pedirle cuentas a Martínez Garrigós por los turbios manejos de esa administración y claro, él la despachó con un clásico “te voy a chingar”. Con esto y un berrinche a nivel nacional en que se dio el lujo de llamar “mafiosos, bandidos, gánsters de gánsters” a Miguel Angel Osorio Chong, Emilio Gamboa Patrón, Emilio Chuayffet, Pedro Joaquín Coldwell, y a cuantos se opusieron a que fuera candidato del PRI a gobernador de Morelos, Martínez Garrigós, parece haber enterrado las trapacerías que hizo durante su gestión como alcalde y pese a ser señalado como causante del mayor endeudamiento de Cuernavaca, no se le pidan cuentas. Aunque sí se las piden los empleados del Ayuntamiento que vieron esquilmadas sus aportaciones al Instituto de Crédito, que lo acusan directamente y lo demandaron.
A la ciudadanía no le queda más que enterarse al paso del tiempo que se desaparecieron 334 millones de las arcas estatales, o mil 300 millones de las municipales… Como no hay culpables, no queda sino imaginar que esos políticos son magazos que difuminan sus huellas, o que quienes deberían de buscar y castigar a los culpables, lanzan la piedra acusatoria y luego esconden la mano temerosos de que esa piedra se les regrese si no es ahora, dentro de tres o de seis años…
Sin embargo, los ciudadanos de a pie, los que no gozamos de los beneficios de tan jugosas desapariciones millonarias, nos resulta difícil dejar de señalar a los autores de los desfalcos porque vivimos en carne propia la inseguridad y especialmente en el caso del Ayuntamiento de Cuernavaca, vemos que la acumulación de basura está en crisis, las calles no tienen ni luz ni arreglo posible, el comercio es inexistente, a no ser el informal en el que nos arrumbó la maltrecha economía de esta ciudad… Hasta el sábado.

nadiapiemonte@gmail.com