Tiempo en que además de recetarnos una cantidad inusitada de lugares comunes o descubrirnos su capacidad de metamorfosis, o sorprendernos con la oferta de chamba hasta para el actual presidente Calderón que, Dios no lo quiera, pudiera llegar a ser el próximo procurador a partir del 1 de diciembre… Y es que han sido tantos los sucesos que, vaya si debieron importarnos tanto, hemos dejado pasar el aumento de caídos en este camposanto en que se está convirtiendo el país, al grado que se dice que ya se superaron los 70 mil muertos, y los que nos faltan si siguen ocurriendo sucesos como los del aeropuerto de la Ciudad de México del lunes pasado, y me refiero al enfrentamiento del que de seguro el policineasta García Luna algún día habrá de explicarnos con lujo de detalles cómo se dio, o quizá nos deleite con una filmación de esas que estila y que ya tienen fama internacional gracias a Florence Cassez. Hecho, el del aeropuerto, que de manera demencial se da en plenas horas de gran paso de personas en ese espacio, en el que ocurre que policías se balean contra policías y matan, para mala suerte de quienes presencian el caso, a tres que nos dijeron que no eran malosos, en tanto que los que sí lo eran y que dispararon con verdadera saña pudieron darse a una fuga tan espectacular como increíble… Pues como decía, se nos fueron las semanas en la contemplación de los candidatos, de sus debates, de su edecán playmate de primerísima que ya saborea la fama de su fugaz aparición dominical y espesa en sendas contrataciones de Playboy; y luego vino el sobresalto de los muchachos del Soy 132, que ahí siguen en sus motines justificadísimos –eso es lo que dicen todos cuando se refieren a ellos – y ahora instalados en su observancia de las elecciones, porque ¿cómo negarles el acceso –así la ley diga que no se debe– a las casillas electorales a los jóvenes que por la vía virtual lograron tanto en tan poco tiempo?... Por eso quizá hubo mucha menos atención que a los chicos que son 132, por la decena de muertos que en cosas de otras 24 horas se convirtieron en 13 cadáveres, que se dieron en este Morelos recientemente estrenado como “seguro”, gracias a ese plan calderoniano puesto en marcha, entre las muchas ocurrencias presidenciales, cuyo canto más socorrido debe ser el de Mambrú se fue a la guerra…a Mambrú ya lo llevan a enterrar qué dolor, qué dolor, qué pena. Pero bueno, ya estamos en el ni un paso atrás, y vaya que ha sido cierto.
Y ya instalados en las horas regresivas, creo que sería maravilloso llegar mañana a la casilla que nos corresponda con la mente perfectamente libre de prejuicios, con la frialdad imperiosa de cruzar las boletas –que además son bastantitas–, con la sabiduría necesaria para hacer la mejor selección… Pero como la realidad real es otra, entonces tratemos de ser lo más coherentes y decidir para nuestro bien, que finalmente es el de México, el de Morelos, el de la localidad en que vivimos y hagámoslo con la seguridad de que el voto de las mayorías será respetado… Ya bastante alegría nos provocará que ya no se nos seguirán gritando a voz en cuello que uno tiene la honestidad valiente, que la otra impone el cuchi cuchi, que el otro nos cumplirá sus promesas, o que votemos por un ciudadano porque ese sí no es como los políticos…
Al margen de todo eso, en lo personal creo que quien llegue a gobernarnos deberá tener como ocupación principal la educación: son demasiados los mexicanos que en pleno siglo XXI siguen en el analfabetismo, gente que por lo mismo está absolutamente desarmada, sea porque no tiene acceso a la escuela, sea porque el sistema escolar tiene deficiencias que no se han podido o querido solventar, sea porque se creyó que había otras prioridades como fue esta estúpida guerra cuyos resultados han sido fatales para todos durante estos seis años… Desgraciadamente lo que hemos visto es que quienes nos han gobernado han mostrado un gran desinterés en la educación, que podría traducirse, aunque suene cursi, en falta de amor al próximo… Vayamos a votar el domingo y que gane, como se dice en estos tiempos de democracia de la modernidad, el mejor hombre o la mejor mujer… Hasta el martes.
nadiapiemonte@gmail.com
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