Siguenos en
    Redes Sociales

Luis Alamillo

El mes de Febrero entraña efemérides que son fundamentales en la constitución del México de hoy, así como en la robusta nacionalidad que hemos forjado. Entre otras, están el aniversario de las Constituciones de 1857 y la actual, de 1917, el 5 de Febrero; La Marcha de la Lealtad, el 9 de Febrero; el 10 de Febrero, Día de la Fuerza Aérea Mexicana; el 14 de Febrero, el aniversario luctuoso de Vicente Guerrero; el 19 de Febrero, el Día del Ejército, y el 24 de Febrero, el Día de la Bandera. Este año también estamos recordando el Centenario de la Decena Trágica, entre el 9 y 18 de Febrero, y el aniversario Luctuoso de Madero y Pino Suárez, el 22 de Febrero.
Sin duda alguna, estas fechas son motivo de orgullo, unas, y de reflexión y homenaje, otras; sin embargo, todas ellas no llegaron por generación espontánea; fueron producto del sacrificio de millones de mexicanos, los cuales dieron todo, incluso la vida, en pos de un México mejor. Entre todos estos hombres y mujeres, desde próceres hasta anónimos ciudadanos, surgieron mexicanos ejemplares; a uno de ellos quiero rendir modesto homenaje hoy, a través de estas líneas. Me refiero al General de División Luis Alamillo Flores, de grato recuerdo en Morelos.
El General Alamillo fue uno de tantos mexicanos que vieron su vida cotidiana truncada por la Revolución. Posiblemente hubiera sido un magnífico profesionista o comerciante, cuando aún adolescente la marea del México Bronco lo alcanzó. El General Alamillo no se lamentó, con energía asumió su destino y pronto se incorporó a la Revolución combatiendo en el Bando Constitucionalista, y después uniéndose a los Sonorenses. Participó en incontables hechos de armas y fue ascendiendo rigurosamente por méritos en campaña en el escalafón militar. Después fue comisionado a las agregadurías militares en las embajadas en Centro América, ahí fue testigo de la tradicional animadversión a los mexicanos en Guatemala, así como del afecto que aún se nos dispensa en El Salvador y Costa Rica. En El Salvador, emocionado, fue testigo de cómo los cadetes del Colegio Militar de esa nación incluían en su pase de lista a los Niños Héroes de Chapultepec, y en Costa Rica conoció su Colegio Militar y su Ejército antes de que fueran disueltos.
De vuelta en México, sacrificó sus grados militares para empezar de nuevo en el Colegio Militar, de donde se graduó con honores; de ahí sirvió con valentía contra los alzados en la rebeliones Delahuertista y Cristera, llegando a convertirse en una de las manos derechas del General Amaro, a quien siempre recordó como a un padre; fue en esos años testigo de los acontecimientos más cruciales de la época, como la orden para matar a Serrano en Huitzilac; secretos que se llevó a la tumba, fiel al honor militar. Poco después, Amaro lo comisionó para inscribirse en la Escuela Superior de Guerra de Francia, donde llega sin hablar francés y se gradúa con honores. En esa época se convierte en políglota, es testigo de las jornadas previas a la Segunda Guerra Mundial. Forja amistad con el General De Gaulle y conoce a través de largas charlas y cabalgatas al Mariscal Máxime Weygand, antiguo jefe de Estado Mayor de Foch, futuro comandante del Ejército Francés y presunto hijo de la Emperatriz Carlota, concebido en México.
De vuelta a la Patria, es el fundador y primer director de la Escuela Superior de Guerra; sirve después en la embajada en Washington y con el General Cárdenas en la organización de la defensa del país ante un eventual ataque de las fuerzas del Eje. Continúa con una ascendente carrera que lo lleva a ser General de División. Por esos años se da una anécdota única en la Historia de México, cuando De Gaulle como presidente de Francia visita México a invitación del Presidente López Mateos, alguien sugiere que Alamillo, dados sus antecedentes y amistad con De Gaulle, sea su edecán militar durante la visita; Alamillo con energía protesta y no acepta, no porque no fuera amigo de De Gaulle, sino porque afirmó que era en contra del honor militar mexicano, ya que De Gaulle era General de Brigada, y él, de División, por lo tanto, un superior en el escalafón no podía ser edecán de otro militar por abajo del mismo.
Su ultima comisión militar fue como Comandante de la XXIV Zona Militar en la época del Gobernador Rivera Crespo, donde se supo ganar el aprecio y el cariño de los morelenses; fue una de las ocasiones en que mejor relación ha existido en Morelos entre Gobierno, Sociedad y Ejército, algo tan necesario hoy en día.  Al retirarse, el General Alamillo se quedó a vivir en Jiutepec, donde sin duda disfrutó los laureles y el otoño de una vida consagrada a México. Ojalá en Morelos no se pierdan su recuerdo y su memoria.

opinion@diariodemorelos.com