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Los Patios de la Estación...

En el transcurso del mes de agosto de este año se cumplen 109 años de la terminación de la construcción de la Estación del ferrocarril, en terrenos que si bien es cierto antaño estaban en la periferia de la ciudad, hoy se localizan precisamente en el primer cuadro de Cuernavaca, generando el interés económico lógico de los empresarios e inversionistas que perciben un polo de desarrollo comercial por demás ambicioso. Siendo presidente de la República don Porfirio Díaz, asistió a la inauguración del ferrocarril el 11 de diciembre de 1897. Ese día se le dio un banquete en el Jardín Borda y un suntuoso baile en el Teatro Porfirio Díaz, hoy Teatro Morelos. Puso en funcionamiento también la calzada Leandro Valle y abordó los dos lujosos carros vestíbulos, que habían sido construidos expresamente para él en los Estados Unidos en los cuales recorrería gran parte del país durante sus giras de trabajo. Se acota que la velocidad de los trenes de pasajeros era de dos kilómetros cada tres minutos o sea 40 kilómetros por hora y muy pronto se estableció el tráfico de carga y pasaje entre el Distrito Federal y la capital del estado. El Municipio de Cuernavaca cedió una extensión de terreno de 232,943 metros cuadrados para la Estación del ferrocarril y el patio descarrilador expropiando dicho predio a 13 propietarios que hubo necesidad de indemnizar obviamente a costos ridículos. En su discurso don Porfirio, considerado por muchos a pesar de su dictadura, el precursor de la modernización del país, expresó: “Ahora es cuando entrará el Estado de Morelos en la vía franca del progreso, en el período más importante de su vida comercial y agrícola; con la inauguración del camino fierro que va al pacífico, se ofrece facilidad para la circulación de sus productos”. Posteriormente se construye el hermoso edificio de la Estación con la identidad típica de esa época y un hotel de 1O habitaciones en la planta alta, cuya estructura aunque tuvo una reestructuración hace poco, estuvo abandonada, invadida por pandilleros y viciosos y en pésimas condiciones de deterioro, hasta que por fin manos criminales e imbéciles la incendiaron, destruyendo una estructura más de las muchas que debieron haberse protegido como Patrimonio Histórico de la Ciudad, en el marco de la preservación de nuestra identidad y el cuidado meticuloso de nuestro sentido de pertenencia. El fin de las operaciones comerciales de la empresa ferroviaria a nivel nacional, hereda los predios y derechos de vía al municipio, al que le urge regularizar de cualquier forma la posesión de enormes superficies de terreno, que desgraciadamente y desde hace muchos años ha sido ocupada por asentamientos humanos irregulares, en zonas invariablemente productivas. Con una falta de responsabilidad absoluta, Ferrocarriles Nacionales alentó el crecimiento de estas invasiones ignorando la aplicación de la norma y el derecho. Preocupados sus funcionarios por evitar la quiebra como resultado de años de ordeña presupuestal fraudulenta, se lavaron las manos, adoptando la cómoda posición de dejarle la responsiva al ayuntamiento citadino, aún cuando la zona era federal. No es tan sólo el área denominada “los Patios de la Estación”, la que genera conflicto. En todo el municipio, cientos de habitaciones han sido construidas a lo largo de los derechos de vía del ferrocarril y son quiérase o no, el hogar de miles de familias, que indudablemente merecen la atención y el resguardo de las autoridades municipales. Durante el gobierno de Lauro Ortega, en 1985, se pensó que construyéndoles casas en colonias aledañas, se solucionaba el problema, pero sorpresivamente, los beneficiarios de esta operación política vendieron aquellas y volvieron a sus moradas originales, donde ya se habían creado intereses muy poderosos, que fueron y han sido explotados por los que en la búsqueda de posiciones electorales, no ven la trascendencia de un dilema que crece cada día más, ante la carencia de la infraestructura y servicios urbanos conveniente, por el desmedido incremento de los habitantes de estos suburbios. Los profesionales del urbanismo seguramente ya tienen la salida técnica del conflicto, pero la solución es hoy por hoy, eminentemente política. La capacidad de conciliación y negociación del alcalde JORGE MORALES BARUD, son pieza clave para que con las controversias naturales de la discusión, salgan a flote proyectos, que finiquiten con beneficios para ambas partes, un trance que pesa en el ánimo de muchos conciudadanos cuernavaquenses, además de un decidido apoyo del gobierno estatal encabezado por GRACO LUIS RAMÍREZ GARRIDO ABREU pidiéndole le dé una piscachita de los 35 mil millones de pesos anunciados como inversión en infraestructura urbana. Esa superficie de terreno siempre fue pensada para que allí se instaurara el Centro de Convenciones, que absurdamente fueron a construir en el desierto, denominándolo World Trade Center y que lejos de atraer al inversionista, lo enajena de las comodidades que un Centro Histórico le pudiese brindar. Ojo urbanistas, échenle una miradita al de Morelia, no está tan lejos.

victorcinta_2005@hotmail.com