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Los indígenas de Chiapas y más...

Don Cornilio entró en la alcba y halló a su esposa completamente en peletier, quiero decir nuda, corita, en cueros, y presa de singular agitación. Le preguntó, receloso y suspicaz: “¿Hay alguien contigo?”. “N-nadie” -balbuceó ella, nerviosa. Inquirió, amoscado, don Cornulio: “¿Y esos ruidos que se oyen en el clóset?”. “No sé qué sean –se azaró la mujer-. Está cerrado”. “Dame la llave” –demandó el esposo. “La perdí” –respondió ella. “¿Y entonces esos ruidos?” –porfió don Cornulio. “Han de ser ecos de los ruidos de la noche –contestó la señora-. Quedan en el interior del clóset, y con el aire del día van saliendo”. “¿Ecos? -enarcó una ceja don Cornilio-. Vamos a ver”. Se puso frente al clóset y gritó: “¡Oeeeeé!”. El individuo que estaba dentro -mis cuatro lectores, perspicaces, habrán adivinado ya que dentro del clóset estaba un individuo- repitió imitando la voz de don Cornilio: “Oeeeeeé”. Gritó éste: “¡Alalaaaaaá!”. Y repitió el sujeto: “Alalaaaaaá”. En seguida gritó don Cornilio: “¡Anticonstitucionalísimamente!”. “¡Ah caón! –respondió desconcertado el eco-. ¿Cómo dijiste, güey?”... Me impresionó –y me agradó también, debo decirlo- la manifestación que el pasado 21 de diciembre hicieron los indígenas zapatistas de Chiapas en varias emblemáticas comunidades de esa entidad. Siempre me opuse al movimiento iniciado por el subcomandante Marcos.

Era un movimiento armado, y yo jamás apoyaré nada que se finque en el uso de las armas. Por eso condené la sublevación que comenzó aquel primero de enero del 94 con pobres matando a otros pobres. También me disgustaba la teatralidad de Marcos: su atavío de protagonista mediático; su pipa; sus cananas de mentirijillas; aquellas proclamas suyas que mucho tenían de grandilocuencia y no poco de cursilería. Pero fue sobre todo la violencia de las armas lo que me movió a ser permanente crítico de un movimiento cuyas reivindicaciones –siempre lo reconocí- son justas e inaplazables ya.

Por eso me impresionó tanto y me gustó, vuelvo a decirlo, ese conmovedor desfile de miles y miles de silenciosos indígenas –mujeres, hombres, niños, ancianos- que sin decir: “Aquí estamos” dijeron: “Aquí estamos”, vale decir aquí seguimos, y aquí seguiremos hasta que nuestras demandas sean escuchadas. La demostración de los zapatistas, por lo callada y lo pacífica, por lo bien organizada y bien cumplida, habrá de resultar más efectiva –así lo espero- que cualquier acto de violencia como los que el primero de diciembre vimos en el Distrito Federal. Saludo con respeto y admiración esa muestra de resistencia civil pacífica, y confío en que el nuevo Gobierno Federal atenderá con eficiencia –no con simulaciones ni escenografías- las exigencias de justicia de los indígenas de Chiapas, de modo que, con respeto a sus tradiciones y costumbres, puedan integrarse plenamente a la vida nacional con los derechos –y también con las obligaciones- que la ley nos confiere a todos los mexicanos por igual… Don Otonio, senescente caballero, casó con Florilina, abrileña muchacha que ignoraba los misterios de la vida. La noche de las bodas don Otonio le dijo a su flamante mujercita: “Te voy a dar un susto, linda’’. El maduro galán reunió todas sus fuerzas y logró -no sin esfuerzo- consumar las nupcias. La proeza lo dejó exangüe, exánime y exhausto. Florilina, por el contrario, quedó en deseos de holgarse nuevamente en los deliquios de Himeneo. Con urente tono le pidió a su marido: “¡Dame otro susto, Otonio!’’. El consumido señor se volvió hacia su mujercita y le hizo con voz feble: “¡Bú!’’... Afrodisio llevó a Rosibel en su minúsculo vehículo compacto a un romántico paraje en las afueras de la población. Ella, que vestía un atuendo muy provocativo –por arriba se le veía hasta abajo, y por abajo se le veía hasta arriba-, descendió del cochecito y se tendió voluptuosamente sobre el césped. El galán, sin embargo, no descendía del diminuto auto. “¡Afrodisio! –lo llamó ella-. Si no bajas del coche se me van a quitar las ganas”. Responde él con apurado acento: “Y si a mí no se me quitan las ganas no voy a poder bajar del coche”... (No le entendí)... FIN.