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Lo que falta


Si las campañas de publicidad navideña resultaron la mitad de efectivas que las que mandó hacer Calderón para convencernos de lo maravillosamente que dejaba el país, es probable que sigamos invadidos de espíritu natalicio… Y claro, también de papel de China, de paquetes, de listones rotos y por supuesto, con la tarjeta de crédito rebosante, aunque este último es un asunto que será mejor hacer a un lado en estos días para retomarlo al acabarse el puente Guadalupe-Reyes, de la misma manera que debemos olvidar rencores, así como meditar en muchos que no tuvieron una Navidad como nosotros y muchísimos otros aquellos que simplemente no llegaron a la Navidad, porque hay cientos de miles que murieron a manos del crimen organizado que no para porque la guerra que no es guerra sigue, o aquellos que están en calidad de desaparecidos, que no sé cuál de las dos condiciones sea peor…
De ahí que yo me pasé algunas horas lucubrando cómo habrá sido la Navidad de los flamantes funcionarios públicos, ya no digo con el recorte del cinco por ciento que les hicieron al sueldo, porque eso fue de entrada y de alguna manera lo habrán asimilado… No, lo que me tiene intrigada es qué habrán podido regalarse con aquella cuota impuesta desde hace años por órdenes de arriba, que los limitó a la mayor austeridad… Y también en recuerdo de antaño, me pregunto: ¿Dónde habrán quedado esas canastas rebosantes de ultramarinos y licores finos que eran tan socorridas en otros, maravillosos tiempos? ¿Dónde los surtidos de botellas finas para las cavas y los cuadros de autor que iban a dar a manos de los importantes del momento?
Me supongo que las secretarias, las de estado –que al fin son muy pocas— pudieron haberse dado tiempo para tejer alguna prenda y con ese dinero de la cuota señalada, comprar el estambre para el tejido… Pero ¿y los hombres? ¿Cómo habrán resuelto los hombres los obsequios durante esta época de austeridad republicana? Ni modo de adaptarse a las labores manuales, por lo que seguramente habrán invertido en regalos cultos: los libros de tan poco que se venden, están en oferta… Y con ellos pudieron resolver el problema de un obsequio de poco costo, pero gran valor estimativo, porque además pocos los entienden…
Los que corrieron con suerte fueron los que pudieron irse de vacaciones y vaya si hubo mucho que lo hicieron y en forma tan simple como avisar por “face” o por el tan utilizado “tuiter”, que se tomarían cuatro días, si bien seguramente se tomarán los otros cuatro para completar algún tour y regresarán cuando todos estemos y estén listos ellos también, después del merecido descanso.
Quienes no descansan, en cambio, por lo que hemos podido constatar, son los delincuentes y entre otros delitos que cometieron, los robos han estado a la orden del día y en consecuencia la policía se ha visto de lo más chambeadora. Parece que ya que pase la temporada, tendrán vacaciones dobles… De igual forma, se ha visto atascada la Procuraduría, cosa que no es difícil imaginar porque cualquiera que tenido que “apersonarse” a causa de algún percance, se habrá dado cuenta de la pérdida de tiempo que significa realizar cualquier trámite en dicha dependencia. Ir a poner una queja simplemente por el extravío o robo de algún documento que requiere el trámite forzoso de la Procuraduría, es pasarse el día entero en esas oficinas y como siempre nos faltó algo, un documento, una identificación, el testigo de no sé qué y el papel sin el que no se puede iniciar la averiguación, entonces hay que regresar una y otra vez, por lo que no son pocas las personas que si ya pasaron por esa rutina y les toca la desgracia de que se repita la mala experiencia, deciden no volver a denunciar en su vida… Así como sabemos eso, sabemos también de muchos que han caído a la Procu y de ahí a Atlacholoaya y siguen en espera de obtener justicia, porque la justicia es todo menos pronta y expedita. Y además es muy cara. Llegar ante un juez, es algo que también cuesta mucho, ya no digamos abogados, que esos tienen cuotas que varían y que de acuerdo al prolongamiento del caso, cobran cada vez más, sino que si las copias, las notificaciones, las fianzas y… es el cuento de nunca acabar… Es decir que la justicia es tan cara y tan sabidamente cara, casi tanto como la medicina particular, es decir caer en un hospital o caer en manos de la justicia, es perder un patrimonio. Y digo perder, porque no hay víctima que salga ganando en ninguno de los dos casos…  Hace muchos años que escuchamos eso y lo cierto es que poco o nada se ha hecho para remediar el asunto… Pero volviendo al tema de la Procuraduría, sabemos del rezago que existe ahí, donde hay miles de expedientes que están durmiendo el sueño de los injustos, al grado de que cuando necesitan buscar algo específico, creo que tienen que entrar con trascabo para dar con un expediente.
En fin, que al paso de las horas, estamos a punto del cambio de gobierno municipal en Cuernavaca. Creo que este también es un tema que no debemos olvidar, porque entre otras cosas habrá mucha gente que estará engrosando las filas del desempleo. Pero además de eso, lo que es inevitable, es que efectivamente se haga una limpieza a fondo en el municipio donde la administración que inició Manuel Martínez Garrigós hace tres años fue de lo más desaseada y llenó de deudas al ayuntamiento vía créditos bancarios que se están volviendo impagables, además de dejar las arcas municipales absolutamente vacías, tanto que está en veremos hasta el pago de la última quincena de los empleados y ni hablar de los muchos acreedores, la mayoría de ellos pese a que aportaron el porcentaje que debía darse para poder hacer alguna obra, o sea a las empresas que no fuera de las “fantasmas” que el propio Martínez Garrigós se inventó para cobrar obras también inventadas… Hasta el sábado.

nadiapiemonte@gmail.com