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Lo que el año se llevó

Si hay días en los que se dispone de un poco de tiempo para  reflexionar y relajarse es justo al final del año. Al margen de las circunstancias de nuestro entorno inmediato o de las creencias religiosas,  uno no puede evitar asociar  la llegada de la Navidad y del Año Nuevo con el final y principio de  una etapa. Una especie de corte de caja melancólico y contradictorio,  que por un lado  nos recuerda  todo lo que hicimos o dejamos de hacer. Y por otro lado, nos presenta un  periodo  de tiempo totalmente nuevo del cual podremos disponer, y que seguramente también vendrá acompañado de incidentes insospechados con los cuales tendremos que lidiar.
En la fase de “ajuste de cuentas” de fin de año de la autora de estas líneas,  y aprovechando el breve espacio de relajamiento,  disfruté por quinceava ocasión de una película que a pesar del tiempo conserva su áurea de leyenda;  me refiero a “Lo que el viento se llevó”. Esa maravillosa novela de Margaret Mitchell,  llevada al cine hace más de 60 años y que muestra la decadencia del modo de vida sureño de Estados Unidos, teniendo como fondo histórico una realidad social que culmina con  la Guerra Civil o Guerra de Secesión de 1861.  
Como romántica incorregible, volví a sucumbir ante la fuerza arrolladora de Clark Gable en el papel de Rhett Butler, interpretación que lo convirtió en  ídolo eterno del cine hollywoodense.   Admiré a la bellísima Vivian Leigh quien dio vida a la caprichosa, egoísta y seductora Scarlett O´Hara, y me disgusté nuevamente con el carácter tibio y pusilánime de Ashley Wilkes, interpretado por Leslie Howard. Al final de la película me pregunté: ¿Qué se llevó el viento? ¿Cómo se modificó el entorno de los personajes de la historia? El viento y la guerra arrasaron con el estilo de vida de una sociedad sustentado en el trabajo de los esclavos negros;  la guerra provocó de manera indirecta,  la muerte de los padres de Scarlett y  la de sus dos primeros esposos. La cadena de tragedias incluyó la muerte de  Melanie, esposa de Ashley, y la de la propia hija de Scarlett y Rhett.   El viento se llevó el poco cariño que existía entre Scarlett y sus hermanas, transformándolo en odio. Y lo peor de todo fue que Scarlett terminó abandonada por un Rhett Butler desesperado por el cúmulo de acontecimientos  trágicos y agotado de intentar obtener el amor de su esposa sin lograrlo. Las tragedias suelen acumular una larga lista de víctimas.

En un intento de trasladar el título de esta maravillosa película a las circunstancias sociales y políticas que nos rodean, vale la pena preguntarse ¿qué fue lo que el año se llevó? ¿Qué modificaciones significativas tuvo nuestro entorno político? El año se llevó muy lejos a Felipe Calderón y a Marco Antonio Adame;  relegó al tercer sitio  al Partido Acción Nacional. Se llevó las aspiraciones políticas de Manuel Martínez Garrigós y de Amado Orihuela;   terminó con el poco prestigio que tenía Rogelio Sánchez Gatica; pulverizó las finanzas de Cuernavaca y en especial las de los trabajadores del ayuntamiento. El año que concluye también acabó con las calles razonablemente transitables de la ciudad y nos dejó otras inservibles. Arrasó con la tranquilidad y la seguridad de los morelenses y de los mexicanos dejando una cauda insoportable de muertos y desaparecidos. Se llevó nuestra calidad de vida y nos confinó al temor permanente. Las cosas que el año se llevó no son pocas.

El Año Nuevo se acerca y traerá renovadas  posibilidades y  sorpresas. Se trata de una idea de principio y fin que nos mueve a reflexionar sobre lo sucedido en los últimos meses y renovar nuestro espíritu. Ante la incertidumbre de lo que vendrá,  prefiero ubicar algún objetivo personal que me brinde la fuerza equivalente a la que la tierra roja de “Tara” le proporcionaba a Scarlett O´Hara, y tener presente la frase llena de esperanza que ella  pronuncia al final de la película: “Realmente, mañana será otro día”.

lolita_panorama@yahoo.com.mx