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Las mujeres y la violencia

El domingo pasado, la primera dama de México, Margarita Zavala, recordó en un tweet –por cierto, retwittewado por Felipe Calderón— que se conmemoraba el día internacional de la NO violencia en contra de las mujeres, instituido por las Naciones Unidas en 1999. Desconozco si la celebración pasó un tanto inadvertida para las autoridades salientes porque el sexenio está agonizando, o si fue porque entre tantas propuestas que está enviándoles a los legisladores, entre despedidas y cantatas, a Calderón no le dio por seguir el tono de presunción que ha adoptado en todos sus discursos al decir que en éste, su sexenio, “se hizo más de todo”. Porque si de violencia en contra de la mujer hablara, sin duda el superlativo le quedaría al dedillo… 

Sin embargo fue a principios de su sexenio –el 1 de febrero de 2007— cuando entró en vigencia la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y el haber enviado el decreto a la Cámara de Diputados, parece que enorgulleció al presidente que quizá recordaremos por la violencia desatada en su sexenio. Tanto así que una de sus frases memorables fue la que pronunció en el sentido de que bajo su mandato defendería al género de toda violencia. Quizá demasiado ocupado en su guerra, no le dio tiempo. 

De todos modos recordamos que esa ley de 2007 llegó a decretarse después de un largo camino y discusiones que no dejaron de tener, como siempre que se trata de algún tema relativo a la mujer, su parte chascarrillosa… Es decir, recordamos que fue una ley ampliamente reñida en ambas cámaras y la discusión se prolongó no tanto porque hubiera oposición a que eso ocurriera –de hecho, nadie se atrevería a declararse en contra de una ley que a todas luces es justa—, sino porque había que encontrar la manera de aglutinar a la Federación, las entidades y los municipios para que se coordinaran y en conjunto prevenir, atender, sancionar y eliminar la violencia contra las mujeres… 

En lo personal, siempre me pareció excesivo que se hablara de violencia en contra de la mujer, porque creo que lo deseable es que se penalizara realmente la violencia en su totalidad, o sea, la que se ejerce en contra de los hombres, de las mujeres, de los niños y de las niñas. Aunque no podemos dejar de reconocer que de toda la cadena, el eslabón más débil, más vulnerable, es el femenino… Por eso hay que reconocer que fue loable el que se legislara y decretara una ley para tratar de evitar lo que han padecido especialmente las mujeres en un país que, debemos reconocerlo, es de machos, y donde las estructuras favorecen a los señores, como reconociendo que son machos y ni modo… 

Por supuesto que con todo y ley, jamás llegamos a creer que como por arte de magia se acabaría con el maltrato contra la mujer en el ámbito familiar, o laboral, o de la comunidad, e inclusive, el institucional –y no dejemos de ver que es penoso que se tuviera que recurrir a leyes para castigar actos que debieran haberse arraigado sin recurrir a la penalización legal. Pero aquel fue un paso que debió ayudar a tomar conciencia respecto de la igualdad del género como ser humano. Y que si se necesitó una ley dura para que se entendiera, pues ni modo…

Las mujeres sabíamos, así como lo sabían las legisladoras que intervinieron para hacer esa ley, que por mucho que se instituyera como tal, el erradicar la violencia en contra del género no es cosa ni milagrosa ni sería por decreto que la violencia hacia la mujer dejara de darse, sino por colaboración de todos quienes están implicados en hacer que se respete; es decir, primero que nadie, los señores dados a la violencia; luego el tema de jueces y ministerios públicos que en muchas ocasiones han tenido actuaciones realmente deplorables en los casos de vejaciones a las mujeres… Y por supuesto, también es cuestión primordial que la mujer que ha sido vejada sepa que no debe tolerarlo, porque la ley está de su parte; pero esa ley actuará, como siempre, mediante la denuncia… 

Ha sido largo el camino –y lo que falta aún— para asentar las bases que trataran de evitar que la condición femenina siguiera siendo la de inferior con respecto al hombre, al grado de que a la mujer se le pueda golpear, vejar, maltratar…o sea, hacerle la vida de infierno sólo por ser mujer… Ya sea hija, hermana, esposa, o compañera, o empleada, o simplemente víctima de algún poderoso –normalmente las autoridades eso sienten que son, y también abusan en contra de las mujeres—. Es decir, que la mujer se apartara de esa condición que ha sido de sometimiento obligado por tradición y que, vergonzosamente, no se dio por voluntad, sino mediante una ley, y a través de infligir un castigo al infractor…  

Una ley promulgada por el Presidente Calderón, quien dijo que sería “implacable” en relación a la violencia ejercida en contra de la mujer… Una ley que buscaba y busca garantizar una vida sin violencia, a través de la que se castigaría cualquier tipo de agresión con cárcel… Infidelidad, celos, desamor, insultos, marginación, tendrían su condena. La violencia entre parejas, o sea, la psicológica y física, pero también la patrimonial, la  económica, la sexual, serían delitos, y el infractor lo pagará yendo a prisión… Siempre y cuando la ley se cumpla y todo funcione… 

Las mujeres no creímos que todo ese panorama celestial ocurriría de inmediato, que las mujeres seríamos tratadas como iguales de la noche a la mañana, sabíamos que sería una utopía. Las mujeres sabemos que no es cosa de decretos, así sean presidenciales, sino de educación, de una cultura que no se logra porque se publique en el Diario Oficial, sino que va a llevar sus añitos… Años en los que siguió y seguirá habiendo mujeres sumisas y vejadas, y si acaso vimos a uno que otro tipejo encarcelado, o perdiendo la patria potestad de los hijos, eso ya fue ganancia… También supimos de acosos y persecuciones, así como de recepción de salarios menores a los percibidos por colegas masculinos, por trabajos iguales… Podemos recordar los casos de pederastia perseguidos insistentemente por la periodista Lydia Cacho… Pero han sido excepciones. 

Si a lo largo de estos años hemos visto y hasta padecido cualquier atrocidad, pese a que supuestamente las leyes los contemplan como delitos, con el tema de la no violencia hacia la mujer, si en efecto se respetara, estarían las cárceles llenas de infractores. Pero no es así. Entre otras cosas porque si un juicio normal logra eternizarse y es tan costoso que pocos son los que pueden enfrentarlos, los que implican la violencia en contra de la mujer, por la sutileza de sus términos y la falta de sutileza de quienes intervienen para juzgarlos, se están amontonando en los archivos muertos. Y si no, veamos las encuestas… Hasta el jueves.