La rifa del tigre

Menos mal que venimos de 60 mil muertos, o de 150 mil, según las siempre autorizadas autoridades estadounidenses, más los que se hayan acumulado desde que se habló de esa cifra, lo que parece servir de vacuna para que el impacto sea menos aterrador entre quienes seguimos vivos… Pero es espantoso amanecer escuchando que en Jalisco, en Durango, en Veracruz, en Nuevo León, o aquí en Morelos, en todo el país, siguen y siguen hallándose cadáveres, algunos despedazados, otros colgados, otros enterrados en fosas comunes, otros pozoleados, otros asesinados con armas punzocortantes, como es el reciente caso del periodista René Orta, aquí en Cuernavaca, todos eso  a causa de la estúpida guerra de Calderón, a la que le sigue diciendo que como única estrategia lo seguro es que no se dará ni un paso atrás… En estas circunstancias es difícil que nos sigamos sorprendiendo ante lo que ocurre casi de manera sistémica: ya no nos horrorizamos cuando aparecen 40 o 50 cuerpos humanos, porque eso es parte ya de la normalidad a la que nos tuvimos que someter desde que nos prometieron que esta era una guerra, que después se transformó en lucha y que ahora ya no sabemos si es una mezcla de ambas, o en un momento nos la presente como el verdadero infierno que es. Es difícil que uno se sorprenda ante los desaparecidos, asesinados,  o despedazados con una sierra mecánica… Sería difícil que algo nos llevara a una preocupación adicional, sobre todo porque el horror hecho costumbre y todo lo que conlleva, la capacidad de sorprendernos se está agotando… Pero sospechosamente, vemos que entre noticia y noticia espeluznante, hay algo que no parece cambiar en lo más mínimo. Doña Josefina nos habla de que ella es diferente. Nadie, al menos que se sepa, ha descifrado en qué es diferente, ni ella misma, porque lo evidente sería la cuestión de género, pero no es por ahí, según parece… A partir del debate, en que no pudo mostrar abiertamente esa “diferencia” que tanto recalca, lo que se está viendo de Josefina es una campaña estructurada en que “vean, vean, lo que no hizo aquél”, refiriéndose al puntero en las encuestas, Enrique Peña Nieto… Y el otro, Andrés Manuel López Obrador, el que a veces la rebasa según las encuestas, y a veces vuelve a su puntaje ligeramente menor que el de la que es diferente, recalca que ni Josefina, ni Peña Nieto no sólo no son diferentes, sino conforman una misma sopa, por lo que él propone la propia que sí es la del “cambio”… Andrés Manuel López Obrador, desde que se ha vuelto amoroso no odia, pero azuza y recae en lo que se le conoció durante años y años y que le ha resultado efectivo por lo menos para ser Presidente legítimo y eternizarse como candidato. El conoce todos los municipios de este país. Ajá: qué bueno que los conozca, pero eso tampoco no nos garantiza que eso propicie el cambio que pregona. Y en lo que hace a Enrique Peña Nieto, pues él va a cumplir. Y eso de “cumplir”, caray, pues deja en el aire un sinfín de cosas. Gabriel Quadri pertenece a otra dimensión, según él mismo: él es ciudadano, lo que quiera uno interpretar con eso… Podría argumentarse que la comercialización a que están sometidos cada uno de los candidatos presidenciales está diseñada simplemente para que el IFE cumpla con los millones de spots que tiene obligación de proyectar a través de los medios como un martilleo constante… Pero también podría creerse que es parte de la estrategia para la distracción de un momento –ya demasiado prolongado– en que los mexicanos estamos viviendo lo peor que podría ocurrirnos y que está sucediendo, sin que nadie haga el más mínimo esfuerzo por parar esta oleada de sangre que brota en todo momento y que a ninguna autoridad parece importarle, porque lo que los tiene verdaderamente interesados es llegar a mandar en este país donde unos estudiantes privilegiados como son los chicos de la Ibero pueden ostentar pancartas con la frase “te odio”, sin que nadie parezca preocuparse, así genere tanto o más miedo que el hallazgo de cadáveres despedazados a la orilla de un camino… Tan enfrascada en tener de nuevo el poder, o retenerlo porque están viendo que los privilegios podrían írseles de las manos, o llegar a como dé lugar a disfrutar plenamente de él, la clase política está mostrando el cobre del que está hecha. De otro modo, a no ser por lo que imaginamos que es a lo que van, nadie en su sano juicio podría mostrarse tan ganoso de sacarse esa rifa a la que están jugando, estando el país tan descompuesto como lo estamos viendo… Hasta el jueves

nadiapiemonte@gmail.com


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