Añadiéndose a la campaña de Amado Orihuela Trejo, el empresario Raúl Iragorri Montoya le brinda una jugada política-mediática al propio candidato del PRI a gobernador, y a la vez busca vengarse del abanderado de las izquierdas a la gubernatura, Graco Ramírez.
Eso que salta a la vista. Sumado desde años atrás a la causa lopezobradorista, que lo acercó al hoy candidato presidencial del Movimiento Progresista, Iragorri ya palpaba en el bolsillo la candidatura que a la postre fue para Graco. Sigue enojado, no se le ha pasado el coraje, era su última oportunidad y se le fue como agua entre los dedos. Bajo las siglas del PRD, en 2000 contendió contra el panista Sergio Estrada Cajigal y el priísta Juan Salgado Brito, con el resultado de todos sabido. Tres años antes, que ya militaba en el partido del sol azteca e intentó ser diputado federal por el primer distrito, fue superado por Alfonso Sandoval Camuñas, el único priísta que en Morelos ganó una curul en San Lázaro. Siempre con el fantasma de Graco como su peor pesadilla, en 2003 pretendió la nominación perredista a la alcaldía de Cuernavaca, y tras serle arrebatada por Fernando Martínez Cué, apareció como candidato del Partido Verde a la presidencia municipal y a la vez en el primer lugar de la lista de plurinominales locales del mismo partido, siendo así diputado por tercera ocasión, incluido su tránsito como priista por las legislaturas 1976-79 y 1985-88. Hoy, sin renunciar formalmente al PRD, Iragorri pasa lista de presentes en la campaña del priísta Orihuela y con él, presume, 30 mil lopezobradoristas que no votarían por Graco. Pero si semejante cantidad de personas sólo sería creíble viéndolas y contándolas en un acto masivo convocado por el propio Iragorri; mientras tanto, que Orihuela le conceda el beneficio de la duda… Por lo demás, a estas alturas del partido a nadie sorprenden los políticos chapulines, acostumbrado el público a que salten de un partido a otro con la misma facilidad que mudan de calcetines. Un vistazo a vuelo de pájaro muestra una lista de casos conocidos, más o menos reciente el paso tácito del ex gobernador panista Sergio Estrada al PRI: Iragorri Montoya, del PRI al PRD, del PRD al Partido Verde y de éste, otra vez, al PRD; Juan Salgado Brito: PRI-PRD-PRI; Alejandro Mojica Toledo: PRI-PCM-PRD; Fernando Martínez Cué: PRI-PAN-PRD-PRI; José Ambrosio Guadalupe Gachúz: PRI-Partido México Posible-PRD-PAN; Humberto Valverde: PRD-PRI; José Luis Urióstegui Salgado: PRI-PRD-PAN-PRD; Sergio Valdespín Pérez: PRI-PAN; Alfonso Cerqueda Martínez: PRI-PAN; Víctor Sánchez Trujillo: PRI-PAN.PRI; Víctor Manuel Saucedo Perdomo: PCM-PRI; Tania Valentina: PRD-PT; Nubia Castañeda: PRD-PRI; Agustín Alonso Mendoza: PRI-PRD-Convergencia. No siempre todos afiliados de manera formal en los partidos que emigraron, pero al fin y al cabo brincando de trampolín en trampolín en el circo recurrente de la disputa de cargos de elección o en la búsqueda de administrativas en gobiernos de partidos distintos a los que militaron por años o décadas. En 2009, candidato por el PRD a la diputación federal del quinto distrito, en el PRI, Juan Salgado Brito fue diputado local y federal, alcalde de Cuernavaca y candidato a gobernador. Priísta entonces, Alfonso Cerqueda Martínez ocupó una curul en la Legislatura XLI 1979-1982, en el trienio siguiente, la presidencia municipal de Cuautla, de nuevo diputado local, en 1985-88, y en las elecciones pasadas intentó repetir como diputado, esa vez, por medio del PAN. Postulado en 2009 por el PRD para la alcaldía citadina, Alejandro Mojica fue diputado al Congreso Estatal en 1982-85 y en 1988 perdió la elección de diputado federal del primer distrito, todo ello en el PRI, hasta que en 1997-2000 fue diputado local plurinominal del desaparecido Partido Civilista de Morelos. Otros que, sin renunciar formalmente a sus partidos, de manera tácita brincaron a otros aceptando o buscando cargos de gobierno, han sido el ex alcalde perredista y luego secretario de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Francisco Rodríguez Montero; Julio Ernesto Pérez Soria y Armando Ramírez, emigrados laboralmente al PAN en la debacle priísta de 2000; y veintinueve años atrás, Francisco Aponte Robles, del viejo PAN de Cuernavaca, a quien el gobernador 1982-88, Lauro Ortega Martínez, dio un cargo. Sin que estén todos los que son y siendo aún mayoría de leales a sus partidos, el móvil de las defecciones está en la subsistencia política y el dicho popular de que el peor error es vivir fuera del presupuesto… ME LEEN MAÑANA.
Comentarios
Enviar un comentario nuevo