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La diferencia está en nosotros

Arnoldino Satallone, individuo de estatura procerosa y gran musculatura, casó con Pirulina, joven mujer con mucha ciencia de la vida. Empezó la noche nupcial. Él dejó caer la bata que cubría su enorme corpachón, y se presentó por primera vez al natural a los ojos de su flamante mujercita. Le vio Pirulina la parte que más le interesaba verle, y luego dijo pensativa: “No cabe duda: a veces las cosas más pequeñas vienen en los paquetes más grandes”… Dos cazadores le dispararon al mismo tiempo a un conejo, y los dos acertaron el disparo. Se pusieron a discutir acerca de cuál de ellos tenía derecho a llevarse la pieza, y como no llegaron a ninguna conclusión sugirió uno: “Vamos a darnos patadas uno al otro, por turno, en donde más nos duela. El que aguante más puntapiés antes de decir: ‘Ya basta’, se quedará con el conejo”. El otro aceptó. Dijo el primero: “Como yo fui el de la idea, te daré la primera patada”. Y así diciendo le propinó al otro cazador un tremebundo puntapié en la parte que más duele. El tipo se retorció en el suelo, pero se puso en pie como pudo y con voz apenas audible le dijo a su rival: “Ahora ponte tú. Es mi turno de darte la patada”. “No -respondió el otro dándose la media vuelta con indiferencia-. Quédate tú con el conejo”… Un individuo le dijo a su vecino: “Entiendo que no eres casado, y que nunca tienes trato con mujer”. “No lo necesito –declaró el otro-. Practico el método ‘Hágalo usted mismo’”… Se acaba el año ya. Cosas buenas y malas hubo en él, como en todos los años. Decimos “Año Nuevo”, pero en la cuenta de los días unos siguen a los otros sin que haya entre ellos ninguna diferencia. Si todos los días son iguales la diferencia entre ellos la podemos hacer únicamente nosotros. No se trata de emprender grandes aventuras, ni de intentar hazañas prodigiosas. No es necesario escalar el Everest en paños menores, ni remontar en toda su extensión el Amazonas nadando de perrito, ni atravesar la Antártida en un trineo tirado por gatos, ni cruzar el desierto del Sahara llevando sólo un botellín de agua, ni hacer que disminuya  en México el número de diputados y senadores (Nota de la redacción: Nuestro estimado colaborador se extiende en una serie de acciones imposibles de realizar, cuya enumeración nos vemos en la penosa necesidad de suprimir por falta de espacio). Si queremos que el próximo año sea mejor lo que debemos hacer es ser mejores nosotros. Tampoco se trata de convertirnos en ángeles del Cielo. Nadie está obligado a ser un San Francisco de Asís o una Madre Teresa. Se trata sólo de ser un poco mejores cada día, para hacer que cada día sea un poco mejor. Yo, por ejemplo, me propongo usar menos adjetivos al escribir, de modo que mis textos sean más tersos, leves, gráciles, claros, sencillos, limpios, nítidos, puros, transparentes (Segunda nota de la redacción: Ahora nuestro estimado colaborador se extiende en una prolongada serie de adjetivos que otra vez nos vemos precisados a suprimir por la misma causa que arriba se invocó: falta de espacio)… Pasado mañana aparecerán aquí “Los Tres Chistes Más Pelados del Año”. La publicación de dichos cuentos es un incalificable atentado contra la moral y las buenas costumbres. Nadie en su sano juicio debería leer esos impúdicos relatos que pondrán a prueba la estructura de la sociedad. Lean mis cuatro lectores el próximo lunes, último día de diciembre y del 2012, “Los Tres Chistes Más Pelados del Año”. ¡Son verdaderamente indescriptibles! Lo único que puedo decir acerca de ellos es que exceden toda ponderación. ¡No se los pierdan!... La criadita llegó tarde el lunes por la mañana a su trabajo. “Famulina –le preguntó la señora-. ¿Por qué te retrasaste tanto?”. “Ay, siñora, ni le cuento –respondió muy apenada la muchacha-. Venía a tiempo, pero al salir de su humilde casa se me ocurrió despedirme de beso de Chon, mi marido, ¡y que agarramos correntiya!”... Don Geroncio, señor bastante entrado en años, casó con mujer joven. A su regreso de la luna de miel fue con su médico y le dijo: “Tengo problemas en el trato con mi esposa, doctor. Necesito que me dé algo”. “Mire, don Geroncio –trató de animarlo el facultativo-. El sexo no lo es todo en la vida”. “No se trata de eso, doctor –lo corrigió el añoso señor-. El sexo con mi esposa es fabuloso. Pero necesito que me dé algo para la memoria. Después de hacerle el amor a mi mujer tres veces seguidas, se me olvida cómo se llama”. (Tercera nota de la redacción: Seguramente don Geroncio bebía las miríficas aguas de Saltillo)… FIN