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La dicha inicua…


Comenzó ayer el último mes de este turbulento y trágico 2012. Culminó así la docena trágica foxista-calderonista, de infausta memoria para millones de familias mexicanas… Pero está por verse si con el regreso del PRI a Los Pinos terminarán los males que nos aquejan. La única certeza es que el tiempo pasa. Un año más casi se va y, sin dejar de lado la memoria de alegrías y sinsabores, debemos recordar que las mismas medidas del tiempo son un convencionalismo aceptado socialmente.
A propósito de las vísperas del fin de año, encontramos por ahí y por allá algunos datos sobre diferentes tipos de calendarios, para leer este Atril dominguero mientras se escuchan o se leen aquellos versos de Renato Leduc: “Sabia de virtud de conocer el tiempo…”. Y tener presente que el tiempo no pasa, los que pasamos somos nosotros...
 
CALENDARIO PREHISPÁNICO
Los antiguos mexicanos hacían uso de dos calendarios, uno muy viejo y adivinatorio (lo que vendrían siendo hoy los horóscopos) y el otro solar o civil. El primero era de 260 días y el segundo de 365, ambos corrían paralelamente, uno de trece en trece días y el segundo de veinte en veinte días y 18 “cortes” de veinte días que vienen a representar los meses. Éstos se llamaban veintenas y tenían cinco días aciagos, inútiles o nefastos que en náhuatl se llamaban Nemonteni, pero tenían la importancia de completar el ciclo solar. Los calendarios mexicano y Gregoriano, por el cual nos regimos ahora, nunca pueden coincidir, porque el primero está dividido en 18 porciones o meses de 20 días y el segundo tiene doce meses, uno de 28 días, cuatro de treinta y 7 meses de 31 días. En cambio lo que sí sucede con mucha frecuencia es el sincretismo o mezcla de cultos. Como se sabe, los españoles impusieron cultos de santos y santas en donde antes había deidades indígenas. La más conocida es la Virgen de Guadalupe que, mediante las apariciones del cerro del Tepeyac, cambió la devoción de la Tonantzin por la Guadalupana. En el santuario caverna del Santo Señor de Chalma se veneraba a Tezcatlipoca, el dios “del humo en el espejo”,  y así una larga lista de sustituciones en las cuales los mexicanos invertimos tiempo y esfuerzos en las celebraciones religiosas.
 
CALENDARIO GREGORIANO
Se llama de esta manera porque en 1582 el Papa Gregorio XIII, El Magno, asesorado por astrónomos y matemáticos, hizo la reforma al Calendario Juliano, pues arrastraba una diferencia de once días. El cambio se efectuó el 4 de octubre de aquel año, por lo que, al amanecer de ese día, se convirtió en 11 de octubre. Con dicho “salto” o ajuste se puso en orden al mundo cristiano. No se eliminaron los años bisiestos, y esto sólo se hacía cuando el último año de un siglo no fuera divisible entre cuatro. En los primeros años de aquella corrección, los que más sufrieron fueron los mismos cristianos, ya que muchos de sus ritos están relacionados con los solsticios y equinoccios del sol a lo largo del año. La iglesia expidió un edicto y, por ser una de las organizaciones más complejas pero a la vez más extendida en toda Europa y América, estableció el calendario Gregoriano casi de golpe en todo el mundo.
 
CALENDARIO
LITÚRGICO CRISTIANO
Es el que revela la evolución histórica de la comunidad católica, es decir, fechas que recuerdan sus orígenes y pueden ser fijas o móviles. Comienza con el primer Domingo de Adviento que es el más cercano al día de San Andrés, y termina el sábado siguiente al vigésimo cuarto domingo después de Pentecostés. En esas fechas se reviven los misterios de Cristo y se trata de inculcar el espíritu de la iglesia para que los feligreses vivan hondamente la vida cristiana. Los domingos se estructura la celebración del Señor, y paralelo a esto se celebran las fiestas de los santos que la iglesia católica venera, pues aunque el santoral se compone de fiestas fijas, la Pascua tiene fiestas movibles. La celebración de los misterios se divide en dos partes: el ciclo de la Navidad y el ciclo de la Pascua, cada uno de los cuales se dividen a su vez en “tiempos para preparar” las grandes fiestas. La iglesia recorre la vida de Cristo en el curso de un año. Una vez terminadas las fiestas de Pentecostés, la segunda parte del año se dedica a repasar las enseñanzas de Cristo y sus apóstoles.
 
CALENDARIO CÍVICO NACIONAL
Se compone con las fechas de las conmemoraciones y fiestas cívicas. De ellas tenemos los ejemplos más sobresalientes, como el 5 de Febrero, día de la promulgación de la Constitución de 1917; 21 de marzo, natalicio de Benito Juárez; 10 de abril, muerte de Zapata; 1 de mayo, Día del Trabajo, y un largo etcétera entre los que caben el 15 de septiembre, Día del Grito, y el 20 de Noviembre, del inicio de la Revolución Mexicana. Hay otras conmemoraciones cívicas, específicamente morelenses, como el 2 de enero, Día del Policía; 21 de agosto, Día de la Alfabetización; 13 de agosto, Mártires de Tlaltizapán; 15 de octubre, Día del Poeta, la Cultura y del Arte, y hasta el Día del Preso que se conmemora el 18 de noviembre, creado por decreto de la Vigésimo Cuarta Legislatura local el 31 de mayo de 1936. Pero de éste último ni quién se acuerde; dado el incremento de ingresos a los reclusorios nadie se va a poner a celebrar a tanto malandrín.
 
CONSUMO VS. TRADICIONES
El anterior repaso de los diferentes tipos de calendarios, cuyos resabios se asoman en nuestras herencias culturales, nos lleva a unas cuantas conclusiones en estos días de obligada reflexión, cercano el ocaso del año. En tales cavilaciones no pasa inadvertido el cambio de tradiciones por meras tendencias de consumo. No se crea que es sólo la sustitución del Miquixtli por el jalowin, o de la Navidad por profecías milenaristas (eso que según se dice y repite puede asomarse el próximo 21 de diciembre) basadas en la innegable sabiduría no sólo de los mayas, sino de todas las civilizaciones mesoamericanas. Luego vienen otras sustituciones, como la del Día de los Santos Reyes por Santa Claus, y la plena francachela los inacabables brindis en vez de las conmemoraciones familiares, lo cual no implica que estemos en contra de que cada quien tiene derecho a festejar como mejor le plazca. El punto es que la mercadotecnia guía los pasos, hábitos y conductas de las nuevas (y no tan nuevas) generaciones para convertir mitos y tradiciones en oportunidades de promociones y “ofertas” que sólo son de pantalla.
Eso que se traduce en conductas individualistas tiene su antecedente en el ámbito colectivo y se puede ver en la forma en que ha evolucionado la economía local y regional de Morelos hacia el llamado mercadeo global y el creciente ingreso de cadenas comerciales que barrieron ya con la tienda de abarrotes, la farmacia, la tortillería y la panadería de barrio y colonia. Sin ánimo de anuncio, ahí están los oxos, las farmacias que no siempre son del ahorro o las cadenas de tiendas comerciales, algunas de las cuales, en otra estrategia de ventas, han optado por construir pequeños “supermercados”, “tiendas grandes” o “bodegas” en colonias populares de más menos reciente aparición, con objeto de captar a compradoras (principalmente amas de casa) que se ven obligadas a hacer sus adquisiciones  en la “tienda de la esquina aunque todo sea más caro”, en lugar de gastar otro tanto por el transporte en ir hasta “el súper” o al mercado más cercano. El caso es que el comercio a gran escala es acomodaticio, busca y halla la forma de no perder ganancias… y que entre esas estrategias no faltan las fechas de las celebraciones litúrgicas y cívicas para incrementar el consumo por el consumo mismo.
Sin embargo, existe un sector de la población de Morelos que se sustrae a uno y otro efecto de la mercadotecnia. Se trata de poblaciones como Tepoztlán, dónde, si usted lo ha notado, no han entrado las franquicias, cadenas de tiendas y ni de farmacias. En Tepoz la economía local es, hasta cierto punto, autosustentable. Se basa en la producción agrícola local, el comercio de productos regionales, la agricultura, los servicios, comercio y turismo. Muy raramente se ven pordioseros, franeleros, chicleros, y los que hay provienen de otros municipios, según comentan los lugareños. Por otra parte, a los llamados “tepoztizos” tampoco les ha sido fácil asentarse, obvio, contadas excepciones donde los dineros abren puertas y allanan requisitos o constancias de posesión. El asunto radica en que Tepoztlán –entre otras comunidades como Xoxocotla– son de economías hasta cierto punto “cerradas” o de tradición proteccionista en materia económica y, por lo tanto, en tradiciones, y razón de ser. Se explica así el carácter autónomo, rebelde y renuente a permitir que se asienten grandes proyectos comerciales, turísticos o de servicios, en un explicable afán de preservar sus territorios del embate “progresista y desarrollista”. Hasta mediados del siglo pasado ciudades como Jojutla y Cuautla preservaban esa economía regionalista, de modo que la transformación de Morelos en estado urbano y económicamente globalizado es de unas décadas a la fecha, con lo cual, como Cuernavaca, se convierten en zonas de alta densidad comercial y ello reproduce los patrones de consumo y el cambio de tradiciones a que la publicidad y la mercadotecnia obligan.
Los temas del tiempo, calendario, celebraciones religiosas y cívicas así como las tradiciones convertidas en modas de consumo se entremezclan para conformar un entramado que nos define y explica como mexicanos y morelenses, pero, sobre todo, como objetos del tiempo que también vamos a un final. Dicen que no hay mayor humildad que recordar que un día nos vamos a morir y los calendarios nos lo hacen patente, pero hay que hacerlo notar más seguido a soberbios políticos y endiosados gobernantes. No sea que se lamenten como Felipe Calderón quien, casi con lágrimas en los ojos durante el último mensaje a la Nación, parecía parafrasear al ya citado poeta y periodista Leduc que escribió: “cuánto tiempo perdí, ay, cuánto tiempo…”. Porque en otras palabras, aquella dicha inicua, la felicidad malvada, injusta, de perder el tiempo se paga, se paga y muy caro… ME LEEN MAÑANA.
 


Asi es como lo dice su atinada reflexion las desiciones erroneas se pagan caro.. asi lo han comprobado los anales de la historia y al igual que muchas antiguas civilizaciones que perecieron por sus malas desiciones llegara el dia de la dura prueba para las naciones..