Si se atiende, además, a que el candidato de las izquierdas Miguel Ángel Mancera le lleva más de 40 puntos a la priista Beatriz Paredes, es probable que la ventaja de López Obrador sobre Peña Nieto se ensanche de aquí al 1 de julio.
El dato rebasa la frase de cajón de que la Ciudad de México es y seguirá siendo progresista. Lo esencial, creo, es que de mantenerse la proporción 52 a 27, y si sufraga un porcentaje parecido al de 2006 (67 por ciento), López Obrador podría alcanzar los 2 millones 800 mil votos de aquella vez. Peña Nieto rondaría el millón 300. Es decir, perdería por un millón y medio de votos en la capital de la República.
Habrá tiempo para revisar qué ocurrió en el DF después de agosto de 2011, cuando la ola peñanietista prometía acabar con 15 años de dominio perredista. Porque menos de un año después, el objetivo del PRI ya no es ganar, sino evitar una catástrofe.
¿Qué tanto impacta esta situación en el plano nacional? En las estadísticas, no mucho. La misma encuesta MILENIO-GEA/ISA marca que Peña Nieto tiene una delantera de 21 puntos sobre López Obrador. Pero simbólica y políticamente, la inexorable paliza en la capital no solo pondrá en la tierra los pies de Peña Nieto, sino que proyectará a la izquierda como la oposición del nuevo gobierno.
¿Y el PAN? Josefina Vázquez Mota trae 15 por ciento en el DF.
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