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Hoy, paz para ensanchar

En un día tan trascendente como este, en que el amor y la paz están presentes en todos los corazones, permítanme desearles una maravillosa navidad.
Que el nacimiento de Jesús, para quien lo cree y para quien no, también sea un pretexto para que en todas las familias exista la  reconciliación y el amor entre todos los seres humanos, primordialmente entre los morelenses y cuernavacenses.
Por ello les trascribo una pequeña parte que me encantó del libro “Ensanchar  la Vida”, de mi amigo Jorge  Font , es para disfrutarse:
“Se dice que la autoestima tiene dos componentes. Uno es el subjetivo, el que  resulta de saberte importante y único, sentirte querido. Esta dimensión de la autoestima es, digamos, centrífuga; en nuestro lenguaje, es la inhalación o la inspiración del proceso de la respiración existencial. Es el regalo que te da la “otra estima”, es decir, el cariño y la aceptación positiva incondicional de las personas significativas. En términos de desarrollo, esto normalmente te lo aporta con más fuerza mamá o papá, o quien funja como tal. Esos mensajes verbales o no verbales, físicos, a través de miradas, abrazos, cuidados, etc., que de mil maneras te dicen “te quiero”, son como los cimientos de una casa y apuntalan tu existencia.
El otro componente es el objetivo, el que fortalece tu autoestima porque te sientes capaz de hacer cosas, de producir algo. Sentirte poderoso en ocasiones tiene una connotación negativa, pero más allá de sentirte superhéroe o tener delirios de omnipotencia, me parece constructivo y funcional saberte competente. De esta forma puedes zarpar desde el puerto de seguridad que te da el saberte querido y puedes navegar con sentido para ayudar a otros a construir sus propios puertos. Uno de estos puertos ha sido para mí la Fundación Teletón.
Yo no me rehabilité físicamente en el Teletón porque no existía cuando me accidenté. En lo que sí me ayudó, y mucho, fue en la rehabilitación de saberme útil. Trabajar en la Fundación Teletón no ha sido únicamente una oportunidad profesional muy enriquecedora, sino que además ha resultado un espacio de reencuentro con el sentido de servir y aprender. La parálisis física no es tan grave como la parálisis del ánimo, la sensación de inutilidad. ¿Te ha pasado sentir que no sirves? Entras en una espiral descendente, una caída libre o más bien en una metamorfosis inversa. La vida pierde sus colores y ya no vuelas, te conviertes en una oruga que se arrastra a ras de suelo. La impotencia te va transformando de persona en cosa. Mi abuelo decía que una de las peores cosas que le podía pasar a un paciente o a un individuo, era lo que él llamaba “cosificación”. Esta patología consiste en que junto con la imposibilidad de moverte, pierdes la dignidad, la autodeterminación, la energía para tomar decisiones  y, por supuesto, tu interés es plenamente narcisista: los demás y sus necesidades están fuera de tu visión. Eres una cosa que requiere atención y sólo tiene funciones de demandas y solicitudes y nada que salga de ti, más allá de quejas o lamentos. Esto no solamente es resultado de una paraplejia o cuadriplejia, también ocurre cuando pierdes el sentido o el significado del trabajo y te percibes únicamente como un engranaje de una maquinaria. Como Chaplin en la película “Tiempos Modernos”, donde en una línea de producción, enajenado, aprieta repetitivamente unas tuercas por horas y horas hasta que se vuelve loco. Es genial cómo baila una especie de ballet engrasando a las personas y cómo hace de esa enorme maquinaria una escenografía para poner en el centro al ser humano, al baile, a la vida, a lo vital.
Así veo al Sistema de Centros de Rehabilitación Infantil Teletón, no únicamente como el sistema de centros de rehabilitación infantil más grande del mundo, con unos edificios espectaculares, llenos de colores y un equipamiento de clase mundial, todo esto es el marco, el escenario para que resalte, brille y florezca lo importante: los niños con discapacidad y sus familias. Es como preparar las aulas de la universidad para recibir a los maestros y limpiar nuestra mirada para recibir su cátedra. Un niño con discapacidad o cáncer puede ser nuestro maestro en la mediada en que nos dejemos tocar por su existencia; en que la escuchemos, la sintamos y reconozcamos que nos conmueve. Es decir, nos mueve las emociones, nos zarandea las certezas y sobre todo, como un gran maestro, nos genera preguntas y nos deja tarea. Así cobra mayor sentido la vida, el esfuerzo y el testimonio de cada chavito. De por sí tienen sentido su testimonio y sus retos, pero en la medida en que mi accionar cambia, mi conciencia crece o descubro algún recoveco de mí, le doy mayor sentido. Me convierto en un buen albacea de su legado, un discípulo digno de un gran maestro.
Por otro lado, el equipo de profesionales de la Fundación ha sido para mí como un capullo de amistad donde he podido revertir la metamorfosis cosificante y la camisa de fuerza de la inutilidad para poner mi discapacidad, mis capacidades, mi licenciatura en Administración de Empresas, mi máster en Desarrollo Humano y mis ganas de ser útil; trabajando en el área de comunicación, en el comité de ética, en desarrollo humano y en la dirección de filosofía institucional. Disfruto mucho trabajando con los colaboradores, los terapeutas, los médicos y los demás profesionales que ponen todo su talento y compromiso para lograr la rehabilitación integral de los niños en todas su dimensiones bio, psico, social y espiritual.
Me encanta y me divierte mucho platicar con los niños y sus papás en las salas de espera de los centros de rehabilitación. Tiene razón mi amigazo Carlos cuando dice que esos espacios, más que ser salas de espera, son salas de esperanza. Todos los centros de rehabilitación de Teletón tienen en la entrada una recepción con forma de tren. La intención es invitar a todo el que llega a subirse al tren de la rehabilitación. Yo he visto cómo, con un poco de imaginación –de ésa infantil, de la que nace la esperanza-, un Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT) se ve muy parecido a un aeropuerto. En las salas de esperanza, los viajeros buscan un boleto para ese viaje con escalas en diferentes consultorios, donde encuentran asesores que los acompañan en su trayecto y les ayudan a trazar mejores rutas. En los espacios de terapia, los pasajeros trabajan para mejorar su condición y ensanchar su vida.”
Después de este bello mensaje, no me queda más que desearles a todos ustedes, mis lectores, una muy ¡FELIZ NAVIDAD! ¿No Cree Usted?

lavinleon@gmail.com
Twitter: @teolavin