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Historia de las pinturas de Tarazona

La obra de Tarazona, o lo que queda de ella, que está en poder del H. Ayuntamiento, es quizá la única que relata nuestra historia y nos da un panorama de cómo nos fuimos desarrollando. Aquí el testimonio de mi querido amigo, el cronista de Cuernavaca Valentín López González (QPD):
“El salón del Congreso del Estado, situado en lo alto del Palacio de Cortés, fue decorado por el antes Gobernador, Coronel Elpidio Perdomo, en el año de 1938, por el pintor español Salvador Tarazona, consistiendo esta obra en aspectos sobresalientes desde la época prehispánica hasta la Revolución, acaecidos en la comarca que hoy forma el Estado de Morelos y Pavón que se miraba en lo alto del presídium de la Cámara de Diputados. A uno y otro lado de este cuadro, había fechas históricas y listas de nombres de ciudadanos que han participado en nuestros mayores movimientos emancipadores.
Las primeras de estas fechas, ya hacia 1810, la Independencia, y abajo aparecían los siguientes nombres, con abreviaturas: M. Hidalgo y C. J.M. Morelos, M, Matamoros, H. Galeana, L. Bravo, Fco. Ayala, N. Mendoza y F.F. Montero. La siguiente lista era de 1857, y comprendía la época de la Reforma con estos nombres: Benito Juárez, L. del Valle, Fco. Leyva, F. Rodríguez y A. Sedano; según otra fecha, la de 1910, perteneciente a la Revolución, que contenía los nombres de Fco. I. Madero, E. Zapata, P.T. Burgos, J. Sánchez, G. Tepepa, O. Montaño, A. Obregón, A. Villamar, y finalmente otra fecha correspondiente al año de 1930, sobre la cual sólo había grabados 2 nombres: el de Virginia Fábregas y el de Agustín Aragón y León.
El presídium y la sillería de este salón fueron diseñados y tallados basándose en motivos de los códices mexicanos, así como en episodios históricos. El estrado estaba dividido por un lambrión con la estilización de la serpiente emplumada del friso de la pirámide de Xochicalco. La bóveda y las paredes ornamentadas con motivos serpentinos y el salón del público estaba decorado por 2 grandes pinturas que iban de arco a arco, la que miraba al poniente representaba una festividad religiosa en la pirámide del repostero, sitio al que concurren en la época prehispánica infinidad de peregrinaciones que llegaban de los lugares más distantes de Mesoamérica.
Al centro de la bóveda del salón, el artista puso el árbol trunco del Tamoanchan, o paraíso sagrado, pintado en fondo rojo en tanto que un cebero y espeluznante ceremonial de sacrificios humanos, en la fiesta del fuego nuevo, rodea el sacro árbol místico. Mirase luego otra escena terrorífica: aquella en la que Moctezuma Ilhuicamina presencia satisfecho el desollamiento de un individuo, sacrificio humano llamado por los Aztecas Tlacaxipehualiztli. Tan horrenda ceremonia se efectuaba en honor de Xipe-Totec, deidad de los orfebres que tubo una célebre Teocali en Chipitlán y, a continuación, el hombre de los pinceles grabó otra ceremonia en homenaje al dios Huichilopoztli, que se efectuaba en el noveno mes de Tlaxochimaco.
En la parte superior del arco norte que cierra la bóveda del salón, impresionaba una escena de las inmolaciones de víctimas consagradas al sol, durante las grandes ceremonias que se hacían al Astro Rey y en la parte superior del arco que mira al sur, se ve a Moctezuma recibiendo a Hernán Cortés en el lujoso palacio de Atzayacatl.
En el cuadro central de este muro Tarazona, interpretó el descubrimiento del tesoro de Moctezuma, y a continuación el pasaje en el que el citado emperador Azteca hace entrega de sus joyas a los voraces y ambiciosos españoles.
La bóveda central del salón estaba dividida en 4 gajos, teniendo cada uno de ellos diferente decoración: la adoración de los Tlahuicas al Sol, la artística manufactura de mosaicos de pluma y de piedras preciosas, la representación de un casamiento en la época Tlahuica. Los cuadros de esta sección reproducen el proceso de elaboración del papel de amate, la manufactura de cerámica, los tejidos de algodón y una escena de la recolección de esa misma planta malvasía, así como el cuadro en el que aparecen los recaudadores del tributo que los Tlahuicas estaban obligados a pagar al imperio de Moctezuma.
Rematando, en este salón había una última bóveda de 4 gajos que representaba la construcción de edificios del cultivo de maíz, la manera de obtener el fuego taladrando una madera, y el Dios Texcatlipoca, de edad a la que los aztecas anteponían en cualidades a Quetzalcóatl. También mirabas en esta parte otro vitral policromado que ostenta la imagen de Hiscal, el emperador Azteca que conquistó para su reino las ricas tierras Tlahuicas; y en el lado opuesto otro vitral que representaba al señor de Cuernavaca, ataviado con el lujo propio de su alta jerarquía.

En la parte sur de los arcos, Tarazona pintó unos funerales Tlahuicas, la construcción del Palacio de Cortés y la redificación de la Ciudad de Cuernavaca después de la conquista; y al centro una vista panorámica de la zona arqueológica de Xochicalco, lo mismo que de una feroz lucha cuerpo a cuerpo durante la revolución intestina que abrazó a Xochicalco.

En pequeños carruseles, el pintor ejecutó también brillantes eneas de la obtención de piedras preciosas, su tallado y el proceso técnico para la manufactura de flechas y cuchillos de obsidiana. Se advierte también en otro de estos pequeños cuadros la técnica que seguirán los antiguos aborígenes en sus bellos trabajos de orfebrería.
Había un tercer cuadro que presentaba el procedimiento empleado por los artistas mexicanos en la confesión de mosaicos de plumas, y cerraba el salón una pintura en la que se representaba el almacenamiento de maíz en las trojes o Cuexcomates.
El piso de este salón de la Cámara de Diputados también fue decorado por el pintor Tarazona, representado en grandes cuadros de pequeños mosaicos con diversos aspectos de guerra y la religión, así como las costumbres civiles de la época prehistórica.
Al dejar de ser Palacio de Gobierno, el Palacio de Cortés, en 1969, el edificio fue entregado al Instituto Nacional de Antropología e Historia para su restauración e instalación de un Museo que exhibiera la historia del Estado de Morelos. Los museógrafos encargados de esta obra consideraron que las pinturas que Tarazona había hecho en el Congreso del Estado no eran de gran valor artístico, pues su autor fue escenógrafo, y como además adolecían de errores de interpretación arqueológica, se ordenó fueran trasladadas al Palacio Municipal, donde actualmente se encuentra la mayor parte de ellas”
Sí, ahí están, abandonadas, porque no hay recursos para restaurar lo único que nos queda de la historia. Grave, ¿no cree usted?

lavinleon@gmail.com
Twitter: @teolavin