Diario de Morelos
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Hasta la cocina: Relaciones… ¿Perversas?

“Los corruptos con oficio no dejan huella”. Lo dijo en una entrevista la periodista Ana Lilia Pérez, la misma que investigó desde hace años la cloaca de corrupción que se destapó en estos días sobre los nexos de la empresa llamada Oceanografía, Pémex y Citygroup Banamex… Conforme aflora la podredumbre generada alrededor de la paraestatal, surgen nombres mencionados por la propia periodista y escritora en su libro “Camisas azules, manos negras”, publicado en 2008 con prólogo del también periodista Miguel Angel Granados Chapa.
Es decir que desde hace más de cinco años se conocía todo eso y la prensa dio fe de la corrupción que imperaba en la paraestatal. Lo que se conocía a medias, o se pretendía ignorar era que en esas páginas se habló de los personajes que aparecen ahora como los implicados en un verdadero saqueo de Pémex por parte de sus funcionarios y de otros hombres y, en este caso, mujeres del poder como la mismísima doña Marta Sahagún de Fox, vía sus hijos Manuel y Jorge Alberto, así como de un tal “Memo”, hermano menor de esta mujer que quiso ser presidenta. Y no se trata de unos cuantos pesos, no. Ni siquiera de lo que pudieron valer los vestidos aquellos de firma que al descubrírsele que eran pagados por el estado, doña Marta entregó indignada para una subasta pública…
Con este descubrimiento de corrupción añeja, salen a relucir miles de millones de pesos, cientos de millones de dólares, mediante contratos tramitados directamente por “la señora Marta”, quien no tenía escrúpulo alguno para “presionar” al propio Raúl Muñoz Leos siendo éste director de Pémex, para que le entregara los contratos a sus hijos Manuel y Jorge Alberto Bribiesca Sahagún, quienes a su vez, los negociaban con la empresa Oceanografía. No sabemos bien a bien si ahí surgió “el moche panista”, o si simplemente se siguió con un uso y costumbre heredado del priísmo jurásico.
Enterado el Citygroup-Banamex de un boquete en las finanzas de esa institución bancaria de ni más ni menos que 580 millones de dólares, realizado por una empresa que generó ingresos millonarios con base en contratos que obtuvo por parte de Petróleos Mexicanos, surgió la alarma. Alarma que, a decir verdad, no llegó a mayores consecuencias para el banco, ya que en vez de distribuir entre sus socios ganancias por 13 mil millones de pesos, sólo repartirá 12,500 millones. No demasiado grave para el Banco, pero lo suficiente para dar la voz de alarma, en cuanto a que el boquete lo causó Oceanografía, una empresa que generó ingresos millonarios con base en contratos que obtuvo por parte de Petróleos Mexicanos mediante probables abusos y seguros fraudes: trabajos inexistentes o mal realizados, facturas falsificadas, uso de información privilegiada en licitaciones, irregularidades en el otorgamiento de fianzas previstas en la normatividad en materia de contrataciones públicas…
Todo eso y mucho más, porque de la corrupción que transparenta esa cloaca empezaron a aflorar nombres que a todos nos resultan familiares: de los Bribiesca Sahagún, a los de Vicente Fox, Felipe Calderón, Cesar Nava, Raúl Muñoz Leos, Juan Camilo Mouriño, etcétera, etcétera, porque junto a esos nombres de gente reconocida, también se revelan otros, los nombres de empresarios ligados a los poderosos porque ya sabemos cómo funciona esto, si bien en los casos de los chicos Sahagún y de Mouriño, por ejemplo, no siquiera se simuló con eso, ya que ellos tenían sus propias empresas por lo que es de suponerse que la mochada resultaba innecesaria: se comían todo el pastel.
Por eso decimos que lo que hoy se sabe de Oceanografía, la empresa que de tanto corromper se corrompió a sí misma, simplemente corrobora lo que algunos se conformaron con sospechar y otros, que se dieron a la tarea de leer en el libro de la joven periodista Ana Lilia Pérez, confirmaron a casi seis años de distancia… Todo lo que ahí dice, incluyendo la queja de Luis Ramírez Corzo respecto de que “la señora Marta presionaba a Muñoz Leo”, siendo en ese entonces  Director de Exploración y Producción de Pémex el primero y director general de la paraestatal el segundo, vino a saberse porque como puede imaginarse, la corrupción carece de límites y, por lo visto abarca a cuantos se dejan. Y es de suponerse que se dejaron Mouriño y el propio Calderón, el primero legislador panista casualmente encargado de la comisión de energía, en tanto Felipe Calderón, fue Secretario de Energía de Fox, hasta que se convirtió en “el hijo desobediente” y se fue a hacer campaña para presidente, misma para la que necesitaría mucho dinero que, probablemente le aportaron alguno de esos empresarios favorecidos por Pémex y sus contratistas. Mientras eso sucedía, Cesar Nava se encargaba de continuar la obra de saqueo, siendo jefe del área jurídica de Pémex… Tanto así que los Bribiesca Sahagún mantuvieron la gestión de contratos para Oceanografía, la empresa que hoy surge como la que ha sido capaz de burlar las estrictas reglas de un banco, sabiendo cómo se las gastan los banqueros. O puede, ¿por qué no? Que el propio Citygroup –digo, funcionarios del banco— le entrara al cochupo, a la mochada, al negocio de Pémex que, por lo que sabemos, es de lo más generoso.
De ahí que aguas con la apertura energética y en especial que se cuiden las leyes secundarias que deberán prever los grandes fraudes que pueden cometerse en la paraestatal y sus empresas proveedoras y todo lo que concierne –como se nos ha dejado ver— al sucio negocios del petróleo. Ese petróleo que es de todos los mexicanos, pero que muy probablemente llegará a beneficiar sólo a unos cuantos. A los de siempre… Al fin que los corruptos con oficio no dejan huellas…