Siguenos en
    Redes Sociales

Hasta la cocina: Diputados caros y voladores

Por lo visto los primeros beneficiados de la madre de todas las reformas que ayer promulgó con gran orgullo el presidente Enrique Peña Nieto, serán los diputados… Recibirán, dentro de ocho meses, un bono que al parecer, ya está establecido, por un millón de pesos cada uno. Es decir, que les pagaremos 500 millones de pesos, además del mucho dinero que reciben, no sólo cada quincena, sino en prebendas de todo tipo, ya que de todos es sabido que un legislador no sólo de su sueldo vive, sino de muchas cosas más.
Recientemente se dio a conocer, por ejemplo, que desde la llegada de la actual legislatura, han dedicado a los vuelos casi 40 millones de pesos… Los legisladores no han desaprovechado cuanta invitación se les ha hecho para ir especialmente a Nueva York, París, Londres, Madrid, Berlín, Bruselas, Buenos Aires, Lima y hasta Estrasburgo, sin contar con que algunos han viajado a cuenta del erario –que equivale como se sabe a utilizar el dinero que es de usted y mío también— hasta Timbuktú, para conocer de cerca las maravillas de esa mítica ciudad de Mali.
Y a esos casi 40 millones de pesos de puro vuelo, obviamente debieron acompañarse los viáticos que, según trascendió suman otros 15 millones de pesos que, posiblemente los diputados creen que los valen, pero lo cierto es que se trata de mucho dinero que, para colmo, no está justificado.
Si el viejo adagio asegura que los viajes ilustran, en el caso de los legisladores que han aprovechado la posición política que ostentan, esperemos que por lo menos eso, lo de la ilustración, haya hecho efecto en los viajeros.
Lo cierto es que si bien los reglamentos, aún los muy permisivos de la Cámara de Diputados, dicen que los viajes deben ser justificados, y también que deben ser en provecho de los mexicanos que esos diputados representan, parece que no hay mucho de lo primero y de lo segundo, queda muy al libre albedrío. Será cosa de preguntarnos si efectivamente nos benefició alguno de esos viajes. Yo, por lo pronto, no dudo en responder que no me ha beneficiado ninguna de las idas al extranjero de cualquiera de los diputados. Es más, hasta el momento sólo siento envidia, lo cual creo que es un sentimiento negativo, o por lo menos eso me han enseñado.
Pero las cosas están tal y como aparecen en la documentación que ya se hizo pública. Se sabe además que los diputados viajeros suelen hacerlo con toda la comodidad que ello requiere. Y eso se entiende. Van en clase privilegiada, para no codearse con la gente que paga un boleto buscando las ofertas. Sus vuelos pueden empezar cuando se les da la gana y terminar también cuando estén hartos de viajar. Es decir, son boletos sin las restricciones que se las empresas de aviación les imponen a los comunes mortales que no gozan de ciertos privilegios como el de ser diputado.
Que la vida de la o del diputado es dura, ni duda cabe. De ahí que por lo menos cuando no están bajo la mirada escrutadora de algún periodista de esos que investigan hasta partir un pelo en dos, suelen permitirse ciertos lujos… Pero con todo y lo duro y sacrificado que puede ser el hecho de viajar para el bien de la patria, no dejan de hacerlo y, como señalaba, tienen metas preferidas. ¿Qué se necesita buscar algún buen pretexto para esgrimir ante la oficina administrativa? ¡Faltaba más, ni sobraba menos! Hay cientos de congresos bajo cualquier pretexto, reuniones de parlamentarios, visitas de intercambio o que lo parecen, hermanamientos con ciudades o regiones o países, hay de todo en la viña de las y los diputados que son tomados con el rigor de una visita obligada.
¿Usted cree que no es importante que un diputado viaje a Nueva York, qué sé yo, para acompañar a los maratonistas mexicanos que participarán en el maratón de Nueva York? ¿Puede imaginarse siquiera los frutos que pueden traer de semejante experiencia? ¿Usted cree que tendría el mismo efecto que un común mortal que no sea diputado, fuera a observar in situ el maratón? ¿No, verdad?
Por eso todos los viajes de los diputados tienen una característica  especial que muchas veces no encuentra ni siquiera explicación. De ahí que la mayoría de los viajes que han hecho, por lo menos hasta ahora, no se justifiquen como la ley interna exige lo hagan y que en esa justificación aparezca que es por el bien del país. ¡Cómo no!
Pero bueno, sería excepcional que la clase política en general justificase sus viajes al extranjero… Cada vez que un político va a salir al extranjero, después de pedir el permiso correspondiente y de decir esas sabias últimas palabras de que van “a buscar lazos comerciales”, a “intercambiar experiencias” sobre cual o tal tema… cada vez que eso sucede, parece que al poner el pie en el avión, son presa de un extraño síndrome de la memoria que se recupera hasta que son encarados de nuevo por los periodistas que inevitablemente se hallan con que el viaje resultó todo un éxito y es cosa de esperar, muy poco por cierto, los efectos tangibles de tan productiva visita.
Con eso le juegan a que, como siempre, se nos olvide hasta dónde se les ocurrió ir. Es un ejercicio que cada político pone en práctica en cuanto está en posibilidad de utilizar el dinero público.
El caso es que los diputados, ni justifican los viajes, ni dicen nada concreto a la hora de regresar de París o de Moscú. Vamos, ni siquiera nos traenun souvenir a los mexicanos que hacemos posible esas idas a lugares exóticos.
Y ahora, además de pagarles los viajes, también correrá por nuestra cuenta el bono de un millón de pesos que se llevarán al terminar sus tres años en San Lázaro… Así digan, al ser balconeados, que no, que no le van a entrar, que esas son falacias, fantasías de periodistas.