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Hasta la cocina: Días de perros

La que pasó fue una semana de perros. De perros considerados asesinos. De perros llevados a la comisaría bajo el cargo de mata-humanos. De perros presos y sometidos a toda clase de análisis porque había que hallarles entre sus fauces restos humanos que probaran su culpabilidad… De perros que hicieron hablar al jefe defeño, Miguel Ángel Mancera, de “perracos y perritos” que provenían de Ixtapalapa y que, conjuntados en una “jauría”, fueron considerados culpables de asesinato… Pero no había más que verlos para considerarlos simples conejos que confesaban ser elefantes.
Y también fueron días de defender a los perros en marchas de protesta con el mote de “Yo soy 26”, tanto en el Zócalo capitalino, como en la propia Ixtapalapa. Días de correveidile de tuiteros que no podían creer en la culpabilidad de los perros acusados de asesinato en Ixtapalapa, allá donde todo puede ocurrir, desde balas perdidas que matan gente en los cines y en los mercados sobre ruedas, hasta que hagan a Juanito “delegado por un día”, o que las cloacas se desborden o que el suelo se hunda. Ahí, en Ixtapalapa los perros callejeros, se supuso que reunidos en famélicas y feroces manadas, se dieron a morder y agredir hasta matar, no a uno, sino a cinco paseantes de las cercanías del Cerro de la Estrella, a un lado de la pirámide… Ante la inusitada noticia, empezaron a correr voces de lo más bizarras: los que creían que los perros eran asesinos –los menos, a decir verdad— supusieron que no sólo eran culpables, sino que formaban parte del crimen organizado; también hubo voces de los enterados de siempre que corrieron la versión de que en el lugar solían darse rituales satánicos, y no faltó quien dijera que en los aquelarres, además de los perros, habían escuchado a Carmina Burana acompañada de Carl Orff… En tanto, los defensores de los perros que habían sido capturados en grietas y cuevas del paraje del Cerro de la Estrella donde ocurrieron los espeluznantes asesinatos hacían colectas para llevarles comida y cobijas a los canes detenidos en la comisaría, en espera del veredicto de los peritos que investigaban el espeluznante caso de los perros que, otra vez, dividió a la sociedad como suele hacerlo cualquier caso en este país, donde con cualquier pretexto se toman partidos opuestos…
Semana de perros para las autoridades. Empezando por los elementos que fueron mandados a buscar a los perros asesinos después de descubiertos los cadáveres mordisqueados en las laderas del Cerro de la Estrella. Porque debemos suponer que si no es agradable ir por malhechores de dos patas, perseguir a los de cuatro patas significa doble esfuerzo. Y peor aún si la consigna de la autoridad superior es traerlos vivos, porque los tendrían que someter a interrogatorio. Allá fueron pues los encargados del orden y del cuidado de la ciudadanía, enviados a hacer un trabajo de perros…  Y llegaron con 7 machos, 10 hembras y 8 cachorros de varios colores, si bien abundaban los de clásico pelaje “color perro callejero”, y a cada uno de los elementos lo entambaron en crujías casi mejores que muchas de las que hacinan a humanos presos por delitos del fuero común… Ahí los peritos observaron a los perros detenidamente por espacio de seis días y sus noches. Con la pericia que ya sabemos caracteriza a la policía, les buscaron hasta por debajo de la lengua y aquellos canes, en vez de mostrarse lo agresivos que se supondría, observaron una conducta ejemplar: ninguna agresividad, ni siquiera cuando se les hurgaban entre los dientes, ni cuando fueron sometidos al clásico tehuacanazo, pocito y los toques testiculares. El caso es que no hallaron nada en los indiciados, ni siquiera restos de comida, con lo que pudo darse fe de que eran verdaderos perros callejeros a los que ni un hueso les echaron para calmar su hambre… No todo está dicho aún, porque la orden de los jefes alarmados por esa parte de la población que da por cierta la versión de la jauría asesina ordenó que se mantenga la vigilancia “hasta dar por terminados los estudios en química, zoología, mecánica de hechos y criminalística a otros 29 canes capturados en los últimos días en el paraje, los cuales se prevé estarían listos el fin de semana”… O sea, a los primeros 25 ya exonerados, en plena certeza de que “no estuvieron involucrados en los hechos”, ya se les revisó de arriba abajo, de lado a lado, pero faltan otros 29 que fueron traídos por otra brigada de policías en busca de perros asesinos en los parajes del Cerro de la Estrella, allá “por donde hay una pirámide” y por donde alguien insinuó lo de los posibles “ritos satánicos”, porque entre la múltiple basura que puede hallarse por ahí, no faltó quien muy acuciosamente descubriera objetos clásicos de esos rituales, a los que, hasta donde sabemos, no asisten perros, sino gallos y chivos… pero uno nunca sabe… Por lo pronto, los 28 canes de la segunda razzia quedaron arraigados hasta nueva orden…

Por otra parte, los defensores de los perros, los que han marchado voluntariamente para pedir su liberación y han insistido en que los perros deben ser liberados de toda culpa y tomados en adopción para no seguir con su triste destino de perros callejeros, están ahora tratando de encontrarles un hogar a todos ellos… La propuesta está siendo vista con muy buenos ojos. Tanto así que uno de los empresarios favoritos de Manuel Martínez Garrigós, el señor Carlos Martínez —¿serán parientes?—, el mismo que fue descubierto por la periodista Denise Maerker en un taller de Ixtapalapa, el que “en plena transparencia y sin favoritismos” ganó el concurso para un proyecto de infraestructura para la ciudad de Cuernavaca por $115.000.000.00 (ciento quince millones de pesos), el señor Martínez pues, según dicen los que saben de perros, de adopciones y de contratos transparentes, está dispuesto a encabezar las adopciones con una pareja de canes y tres cachorros. Bien por el señor Carlos Martínez… Ahora sólo faltará encontrarles hogar a los otros 54 canes de Ixtapalapa… Hasta el martes.

nadiapiemonte@gmail.com