Hartazgo

Si Moisés hubiera hecho caer esa plaga de irritantes anuncios políticos sobre el desventurado Faraón, éste habría dejado libres a los israelitas de inmediato, sin necesidad de que las aguas del Nilo se volvieran sangre, o de que una nube de langostas se abatiera sobre los egipcios. Por eso he  decidido no hablar hoy de política. En su lugar transcribiré la carta que uno de mis cuatro lectores me hizo llegar sobre el tema de la pederastia en la Iglesia Católica. Más de una vez me he ocupado de ese tema, y lo he hecho -como debía hacerlo, creo- cargando las tintas negras sobre los abusos incalificables cometidos por sacerdotes pedófilos. Por eso ahora considero mi deber publicar aquí ese mensaje, cuyo título es “Carta de un sacerdote”. Dice así: “Querido hermano periodista: Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace 20 años que vivo en Angola como misionero. Veo en muchos medios de información noticias detalladas sobre la vida de algún sacerdote pedófilo. Algunas de esas presentaciones son hechas con ponderación; otras, en cambio, están amplificadas, llenas de prejuicios, y aun de odio. Siento un gran dolor por el profundo mal que hacen esos malos sacerdotes. Deberían ser señales del amor de Dios, y son en cambio puñal en la vida de seres inocentes. Nada puede justificar sus actos, y ninguna duda cabe de que la Iglesia no puede estar sino del lado de los débiles, de los indefensos. Todas las medidas que se tomen para la protección de los niños y de su dignidad deben tener prioridad absoluta. Llama la atención, sin embargo, que no se tome en cuenta, y nunca sea noticia, la labor de miles y miles de sacerdotes y religiosos que entregan su vida en bien de millones de personas en los cuatro ángulos del mundo. Por ejemplo, ningún diario publicó la noticia -ni a mí me interesó que se publicara- de que el año 2002 llevé en mis brazos, por caminos minados, a decenas de niños desnutridos desde Cambunge a Lwena, para salvarlos de morir por hambre. Tampoco se sabe que en México los hermanos de la orden a que pertenezco han librado de la muerte a innumerables pobres, trabajando en el único puesto médico que hay en muchos kilómetros a la redonda. Tampoco interesa a los medios de comunicación que millares de sacerdotes y monjas hayan dejado su lugar de nacimiento y su familia para servir al prójimo en una leprosería, un hospital para indigentes, un campo de refugiados, un orfanato, una escuela, un asilo de ancianos, un centro de atención a seropositivos, o en parroquias y misiones donde cumplen día tras día, calladamente, su labor. No es noticia que mi amigo, el Padre Marco Aurelio, haya salvado a unos jóvenes de morir durante la guerra en Angola, llevándolos de Kalulo a Dondo, y que a su regreso haya sido ametrallado en el camino. Tampoco es noticia la vida diaria de un   sacerdote común, ni sus dificultades y alegrías al trabajar en bien de la comunidad a la que sirve. La verdad es que no buscamos ser noticia. Buscamos, sencillamente, proclamar la Buena Noticia. Pero hace más ruido un árbol que cae que mil árboles que crecen. Para muchos comunicadores resulta más interesante un sacerdote que falla que miles que trabajan sirviendo a los demás. Al decir esto no pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre que con su humanidad a cuestas busca seguir a Jesús y ser útil a sus hermanos. Entre nosotros hay miserias y fragilidades, como en cada ser humano, y también, como en cada criatura, hay belleza y bondad. Insistir en un tema individual en forma obsesiva y persecutoria, perdiendo la visión de conjunto, crea una visión deformada del sacerdocio católico. Por eso me siento ofendido. Por eso te pido, amigo periodista, que no dejes de buscar la verdad, pero que des a conocer toda la verdad, no sólo la parte que pueda traerte más provecho económico, o más fama. Así el ejercicio de tu profesión se fincará en la idea del bien. Eso dará nobleza a tu oficio, y te la dará a ti”... Esta carta, que he reproducido con algunas adaptaciones, es del Padre Martín Lasarte. De él es también la siguiente brevísima oración: “Mi pasado, Señor, lo confío a tu misericordia; mi presente a tu amor, y mi futuro a tu divina providencia”... FIN.


Y el padre tiene razon, que triste que se generalice por el actuar mal de algunos. Aquellos que hayan cometido faltas deben responder por sus actos, eso nadie lo pone en duda, pero es triste que a raiz de estos escandalos se generalice y se denigre un trabajo tan noble como el sacerdocio. Esta carta no es para "JUSTIFICAR" lo injustificable, es solo un llamado para abrir los ojos y reconocer que dentro de la iglesia hay personas que realmente estan trabajando en construir un mejor mundo.
No tiene por qué ser noticia que haya sacerdotes que actúen "bien", de eso viven y se supone que es su vocación. Lo que escribe este cura, es una manera muy pobre, y por su supuesto inútil, de justificar la pederastia de sus colegas.
No tiene por qué ser noticia que haya sacerdotes que actúen "bien", de eso viven y se supone que su vocación. Lo que escribe este cura, es una manera muy pobre, y por su supuesto inútil, de justificar la pederastia de sus colegas.
Eso no borra los delitos de sus colegas ni impresiona sus hechos pues él fué a buscarlos solo y además no hay evidencia alguna de ello.... Y de lengua me refino 4 platos y pido más....!!!

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