Gil Flores

Propietario de uno de los cortijos, con placita de toros, restaurante de comida mexicana y las más finas variedades de artistas y conjuntos de mariachis del país, Gilberto Flores Marías, conocido por todos como el amigo Gil, nació en Zacualpan, Estado de México, en el año 1933, y llegó a Cuernavaca a los 3 años de edad.
Sus padres fueron doña Hermelinda Marías Vega y don David Flores Peña, quien era introductor de ganado en su pueblo, llamado El Mineral, de Zacualpan. De ese lugar también es originario don Margarito Salgado Legízamo. Gil estudió en la primaria Felipe Neri, por el Parque Melchor Ocampo, lo llevaron al Distrito Federal y entró a trabajar con el señor Juan Planas en su fábrica “Lonas Planas”, regresando a la casa de sus padres, en Cuernavaca.
Conoció al ingeniero David de Alba Padilla, quien lo llevó a estudiar a México,  y a su regreso comenzó a trabajar en la herrería de don Pancho Nieto, en la calle de Salazar. Entró a trabajar en la Constructora Arvide, la cual llegó a convertirlo en Mecánico Especialista en el uso del torno, del cepillo, de la fresa y todo lo relacionado con la maquinaria pesada.
En 1950 entró a trabajar a Textiles Morelos como tornero, hasta 1952 en que conoció al señor Eduardo Aldasoro, quien se lo llevó a trabajar a la compañía Bekuit, la primera fábrica de televisores en México. Como mecánico Tornero fue enviado a especializarse a la “Nacional Video Company”, en Chicago, donde aprendió a fabricar los cinescopios para las nuevas televisiones, especializándose en electrónica. Llegó a trabajar en “Radio Productos de México”, filial de la compañía Bekuit, donde se fabricaron los primeros cinescopios de América Latina. Una vez que la fábrica comenzó a tener éxito, los hermanos Patricio y Víctor Rivera Azcárraga, sobrinos de don Emilio Azcárraga, compraron la compañía, en la que Gil siguió ayudando en la enseñanza del sistema de armado de los Cinescopios.
En 1957 fundó su fábrica de cinescopios “Reyelic”, la cual surtía a toda la República. La compañía Majestic de México, S.A., le dio la concesión de reparar todos sus cinescopios. Ésta era la famosa fábrica de productos Majestic, en la calle Rhin 33, del Distrito Federal.
En 1958 se casó con la maestra educadora María Elena Montoya González, directora del Jardín de niños “Xochimilco”. Tienen 54 años de casados y con sus siete hijos: Gilberto, David, Luz Elena, Alfredo, Guillermo y sus gemelos, Érika y Erik, forman una hermosa familia. Su hermana está casada y su cuñado sufrió un terrible accidente que lo dejó inválido. Gilberto les dejó la fábrica, la cual siguió trabajando hasta el año 2000.
Desde 1964 puso un rancho de ganado lechero en un terreno entre las colonias Flores Magón y Chapultepec. A la mitad del rancho pasaba la vía del tren, en los límites de Jiutepec. Entre sus padres y el señor Antógenes Pineda compraron una loma y la dividieron en dos partes. Ambas familias aún viven ahí. Gil puso un Cortijo, con una placita de toros y un restaurante de comida mexicana, llamada “El Cortijo de los Giles”, el cual era manejado por él y sus siete hijos. Ahí toreó el Curro Girón, José Luis Yepez, Cesáreo Medina y Andrés Alverdi. El cortijo cerró sus puertas. Gil construyó casas para sus hijos y para rentar. “Yo vivo de eso y de mi pensión”, cuenta. Fue deportista toda su vida. Recuerda que entre Rafael Elourdy, quien era el socio industrial, Lorenzo García y él fundaron el equipo de futbol de segunda división, “Los Avispones de Morelos”, perdiendo el ascenso a primera, cuando el equipo Zacatepec les ganó en el Estadio Centenario. “En el equipo jugaron: Vucetich, Aguirre, Ortega, los hermanos Manzo y muchos más que debutaron en el equipo América, antes que Rafael Elourdy nos convenciera a vender el negocio”.
Se recuerda de un día de juerga con sus amigos: Fitos, Cobián, Mario Lavín, Martín Toledo y otros, apostaron a que Gil no metía un caballo al Restaurante La Universal. Gil hizo que le quitaran los botes de leche e ingresó hasta la barra, mientras que Lalo, Miguel y los empleados de la Universal le pidieron que sacara al animal. Gil nunca ha sido un hombre peleonero o violento, más bien es reconocido como mediador de conflictos que siempre existen entre amigos o desconocidos.
Gilberto Flores sigue siendo un hombre activo. Dice que está retirado, pero sus propiedades, su familia y sus amigos lo tienen más ocupado que cuando tenía sus negocios.
 
rafaelbenabib@hotmail.com


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