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Fincando responsabilidades

Como era de esperarse la noticia está causando revuelo y levantó una humareda difícil de disipar, precisamente porque no es tan sólo humo, sino lleva solidez… Veintidós municipios, entre los que figura Cuernavaca, son los ayuntamientos más inexplicablemente endeudados del país. Pasaron de tener una deuda perfectamente manejable a esos feos horizontes en que se sitúan a los que no tienen con qué solventarla y los ciudadanos tendrán que afrontarla con sus recursos por más de quince añoso sépa cuántos.
Y ahora, media humanidad está que trina: los servidores públicos en funciones, en primer lugar, porque se preguntan qué fue lo que pasó. Como si no lo supieran: como si los municipios aquellos, esos 22 casos críticos entre los que está Cuernavaca, hubiesen sido manejados por extraterrestres. Y no, los administraron políticos, algunos aviesos en esas lides, otros novatos, pero en ambos casos, especialistas en la transa. O quizá ni siquiera especialistas, sino que fueron haciéndose conforme veían lo facilito que se les daba cualquier ocurrencia que pasara por su cabecita en la que vislumbraban la forma de hacerse de dinero… ¿Que había que pedir un préstamo para hacerse de lana rápido? Porque la lana como quiera que sea les llegaría tanto por la vía federal, como la estatal, o la propia que generaría el ayuntamiento, aunque todo ese dinero tenía ciertos controles. Ya sabemos que la federación no es dadivosa por sé, pero conociendo a quien le va a dar en el caso de un municipio, está totalmente justificada y entonces pone trabas, requiere que le digan en qué se quiere gastar, tiene sus controles, porque saben perfectamente que luego los alcaldes dicen que van a hacer y no hacen nada y en tanto les sobra maña para desaparecer ese dinero sin que medie obra alguna para justificarlo.
Entonces el camino era el dinero prestado y qué mejor que con la banca privada, que ya sabemos lo dadivosa que es. Para un alcalde pedir un préstamo es cosa normal, porque así le digan que le van a cobrar intereses de agiotista, como no los van a poner de su bolsillo, aceptan lo que sea. Además, la banca es espléndida con quien pide y gestiona el dinero: da porcentajes que en los millones prestados, resultan siempre buenas tajadas. La banca, por su parte, sabe que los gobiernos pagan, saben que acabarán pagando aunque se tarden y se las hagan cansada.
Entre los que trinan y están molestos tenemos también a los empresarios y en voz de los líderes de sus cámaras, hablan fuerte y feo. Porque ya descubrieron que así sucede siempre y entonces quienes acaban pagando somos los ciudadanos y entre éstos también están ellos. Y se preocupan porque no quieren que de ninguna manera vaya a rescatarlos el gobierno, sino quieren que sean los que pidieron el dinero, los que se lo llevaron, quienes paguen, o sea que los alcaldes facilones para endeudarse, repongan lo robado.
Y he aquí el meollo del asunto. Los que participaron en comisiones, porcentajes, o que directamente llenaron sus alforjas con lo que sacaron del erario municipal, primero muertos que devolver lo robado. En primer lugar porque tampoco lo hicieron tontamente, así como quien roba en despoblado, sino actuaron como suelen hacerse esas cosas: tuvieron sus cómplices que en algunos momentos firmaron, en otros simplemente solaparon, en otros casos, como ocurrió con el Congreso Morelense, los propio diputados dieron su aprobación, y en ocasiones hasta el gobernador Marco Antonio Adame mismo avaló esos préstamos… Así como ocurrió en Cuernavaca, es probable pasara en otras de esas 21 ciudades que están endrogadas hasta el cuello y ahí también diputados maiceados, gobernador omiso y cómplice y la propia Hacienda pudo haber avalado las fechorías. Y sus alcaldes, al igual que Manuel Martínez Garrigós, han de haberse sentido orgullosos de lo fácil que era hacerse de dinero sin más que utilizando el poder que creían no terminaría nunca. Pero se les acabó, en el caso de Martínez Garrigós, bastante antes de cumplir tres años de ostentarlo y como quiera que sea, a los demás también.
Pero decíamos que mucha, muchísima gente se pregunta qué es lo que está ocurriendo para que en algunos lugares, como vimos en Chiapas, una decena de alcaldes están ya tras las rejas, en tanto aquí, por ejemplo, la maquinaria de la justicia apenas se está aceitando y auditores van, auditores vienen, los hay que hablan de meterle velocidad y entonces vaticinan que hasta dentro de un año o un poco más, habrán de decirnos qué fue lo que pasó. Como si necesitáramos de eso, como si no supiéramos qué ha ocurrido, si para eso sólo debimos poner atención a las noticias habladas, escritas, televisadas y tener pruebas fehacientes de lo malportados que fueron nuestros alcaldes, los que no tan escandalosamente como Martínez Garrigós –porque para todo hay proporciones, para todo hay mesura— pero que también dejaron las arcas de otros municipios morelenses sin siquiera el polvo… Escuchar que “habrá que fincar responsabilidades” suena a frase hueca cuando los alcaldes entrantes no saben cómo enfrentar sin dinero los compromisos con la ciudadanía y no tienen ni para pagar las quincenas a sus empleados… Pero no quedará de otra más que fincarles responsabilidades. Ya de ahí a que sean considerados culpables, pasará tiempo y mucho más habrá de pasar para que paguen. Lo que es probable es que aquellos que otrora se sirvieron con la cuchara grande, hoy se truenen los dedos y anden un poco nerviosos… Hasta el sábado.

nadiapiemonte@gmail.com