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Experiencia sexual

“Vengo de tener mi primera experiencia sexual”. Eso le dijo Floribel, linda colegiala, a su compañera de cuarto en la universidad. “¿De veras? –se interesó vivamente ella-. ¡Anda, siéntate y cuéntamelo todo!”. “Contártelo sí puedo –respondió Floribel-. Sentarme no”… La trabajadora social le preguntó, severa, a Astatrasio Garrajarra: “¿Tiene usted problema con el alcohol?”. “Ninguno, señorita –respondió, categórico, Astatrasio- Lo bebo y me emborracho, que es lo que quiero hacer. Ningún problema”… Tres amigos conocieron a unas lindas chicas en el bar del Hotel Humpery, y después del obligado prolegómeno de copas y baile con música romántica cada uno se fue con su cada una a su habitación. Al día siguiente intercambiaron experiencias. Narró el primero: “La que me tocó a mí -y me tocó bastante- debe ser doctora, porque me dijo: ‘Acuéstese y relájese; esto no le dolerá’”. Relató el primero: “La mía ha de ser profesora, porque me dijo: ‘Tendrás que repetir esto hasta que te salga bien’”. Comenta el tercero: “La chica que fue conmigo debe ser azafata de avión. Me dijo: ‘Colóquese esto en nariz y boca, y respire normalmente’”… Hay un refrán urbano que a la letra dice: “Después de un  accidente ya nada es igual”. Dos factores hay que suelen producir numerosos accidentes: la falta de preservativo y la sobra de alcohol. Hay una gran diferencia, sin embargo: el primero origina a veces una vida, en tanto que el segundo es con frecuencia una ocasión de muerte. Ha comenzado ya la temporada de las fiestas decembrinas. En ellas generalmente se consumen bebidas alcohólicas. “El vino hay que saber mearlo”, afirma don Abundio con su habitual clareza de lenguaje. Con eso quiere significar que podemos tomar vino, pero no debemos dejar que él nos tome, sobre todo si después de beber vamos a manejar. El vino eleva el espíritu, eso es cierto, pero muchos espíritus del vino lo degradan, pues enturbian el pensamiento, lo obnubilan y hacen caer en confusión. Sor Bette, superiora de la Orden de la Reverberación, reprendió al jardinero del convento: “Gardenio: ¿otra vez viene usted ebrio?”. Respondió con vehemencia el individuo: “¡Reverenda copa, le juro que me tomé nomás dos madrecitas!”. Hagamos de estas fiestas una ocasión de gozo, y no un motivo de tragedia… Simpliciano, joven sin mucha ciencia de la vida, desmañado y torpe, les presentó una chica a sus papás. La muchacha mostraba las evidentes señas de un próspero embarazo. “Papá, mamá –les dijo Simpliciano a sus progenitores-. Les presento a la mujer con la que me voy a casar. En esta ocasión no fue la pata lo que metí”... Don Martiriano enfermó de gravedad. “Si me muero –le pidió con voz feble a su esposa, doña Jodoncia- quiero que te cases con Burdégano Sangrier”. “¿Burdégano Sangrier? –se asombró ella-. Pensé que odiabas a Burdégano Sangrier”. “Lo odio” –replicó don Martiriano, rencoroso… En el autobús un caballero le preguntó a Babalucas: “Perdone usted, señor: ¿dónde me bajo para llegar al Correo?”. Respondió el badulaque: “Fíjese dónde me bajo yo, y bájese dos esquinas antes”… El niñito le anunció a su mamá: “En la puerta está el dueño de la casa, que viene por la renta. ¿Tienes dinero, o debo irme a jugar un rato al parque?”… Un individuo acudió a la consulta del doctor Duerf, célebre analista, y le dijo: “Todas las noches sueño una fila de hermosas coristas: rubias, morenas, trigueñas…”. El psiquiatra preguntó, extrañado: “¿Y qué tiene de malo ese sueño?”. Contestó, hosco, el sujeto: “Yo soy la pelirroja de la izquierda”… Un médico tuvo sexo con una de sus pacientes, Agobiado por el remordimiento recurrió a un terapeuta. Éste lo tranquilizó. Le dijo: “Ciertamente cometió usted una falta grave contra la ética de su profesión. Sin embargo no se sienta tan culpable. No son pocos los médicos que tienen sexo con sus pacientes”. “Lo sé –replicó el médico-. Pero yo soy veterinario”… FIN.

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