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Entre ejecuciones y novedades

Ayer, el Diario traía como noticia principal la violencia que “debilita” a Cuernavaca. Y no es para menos: ejecuciones, secuestros, extorsiones, robos de vehículos con violencia, y vaya sumándole, tienen a Cuernavaca particularmente, y al estado de Morelos, en el tercer lugar de criminalidad en la República, tan sólo por debajo de Tamaulipas y Durango, lo que habla de una situación que efectivamente es para ponernos los pelos de punta a quienes aquí vivimos. Aterrados, sí, a no ser que nos hayamos resignado a que el destino nos alcanzará tarde o temprano, y probablemente más temprano que tarde, porque llegamos a acostumbrarnos a que el círculo de la violencia se vaya restringiendo cada vez más…
Es lo que le faltaba a Cuernavaca, entre los sobresaltos que ha vivido y padece esta ciudad, cuya administración desastrosa, a manos del ex alcalde Manuel Martínez Garrigós, tiene en la quiebra financiera, y él tan tranquilo, como si nada hubiera hecho, gozando de impunidad y del fuero que le obsequió el PRI como premio a alguna de esas triquiñuelas que entre los políticos son consideradas lealtades. Eso, aunado a la falta de interés ante la gran escalada del crimen organizado desatada con la guerra de Calderón, nos ha llevado a la situación que reflejan las estadísticas.
La gran esperanza que nos motivó ante el cambio de gobierno estatal, al paso de las semanas y ante el rosario de noticias iguales o peores en el pasado reciente, se va transformando en desilusión y frustración. Y es que, por más que se dijera que serán necesarios 18 meses para terminar con el flagelo que nos trae asolados, es prácticamente imposible entender que hay que esperar el tiempo que sea… Porque es aterrador vivir bajo la amenaza de cualquiera que marca nuestro teléfono y se siente con derecho a intimidarnos, o ante la amarga vivencia de un secuestro y el consiguiente espantajo de que, si nos atrevemos a denunciar el hecho, alguno de nuestros seres queridos será la siguiente víctima; o bien, el que se cobre derecho de piso hasta a un negocio como una tortillería de barrio, o una lavandería, o que irrumpan a nuestra casa y se lleven impunemente todo lo que es posible robarse, y que nadie diga ni haga nada, porque nadie se responsabiliza de cosa alguna y la autoridad brilla por su ausencia, aunque eso sí, hay que pasar por un interminable viacrucis de horas y horas perdidas ante un Ministerio Público si no se tiene más remedio que acudir a la Procuraduría para denunciar… En fin, que resulta más que difícil para las víctimas esperar que se cumplan los 18 meses y se den los resultados prometidos y comprometidos.
Por otra parte, lo que se nos dice hasta el momento no es diferente de lo que hemos escuchado en otras ocasiones; ocasiones que, hay que aclararlo, el panorama era distinto, pues Morelos no tenía la triste marca de ser la tercera entidad en la República en cuanto a violencia… Quizá podrá ser novedoso para alguien que llega de otro planeta, pero para cualquier mexicano nacido en el siglo pasado, y aun los chiquillos de este siglo, escuchar a las autoridades que tienen a su cargo el asunto de la seguridad decir que van a comprar más armamento, más equipo con tecnología de punta y a depurar el personal con el que cuentan y poner más policías para preservar la integridad de personas y sus bienes desde luego que no pasa de ser lo de siempre. Es una simple y trillada frase, como un leit motiv de alguna canción guapachosa de las que delatan la falta de creatividad del autor de la letra. O sea, un estribillo que parece que se aprendieron de memoria y que recitan cada vez que se da algún cambio de mandos, y especialmente a la llegada de un Procurador o un Secretario de Seguridad… En el caso de Morelos, por añadidura, ni siquiera se ha dado el cambio de Procurador; sin embargo, ya se ha recetado y recitado el versículo del equipo-armamento-policías-más dinero-etcétera, que es lo mismo que han dicho hace 6 y 12 y hasta 18 años y más… Por otra parte, en tiempos pasados, y hoy de la misma manera, esa repetición de versículos, ese listado de los implementos que requiere la policía para hacer, no mejor, sino simplemente hacer su trabajo, es algo que se saben de memoria. Tanto así que es muy probable que sea autoría de alguno de esos asesores picudos que lo escribieron copiándolo de algún manual, y lo desempolvan de esos cajones en que se guardan los artículos que no le interesan a nadie, especialmente a las autoridades…
La falta de creatividad para argumentar algo más que eso de que se necesitan mejores armas, más tecnología, y elementos capaces, los hace caer en clichés que quizá obedecen a evitar exponerse a una realidad que tristemente no pueden superar, y entonces la sobrellevan y hacen que la sobrellevemos, porque finalmente quienes tenemos que circular en vehículos normales, es decir, que no están blindados, carecemos de guardias personales y recibimos llamadas telefónicas amenazantes, somos víctimas de secuestros y se amenaza a nuestra familia, no tenemos otra posibilidad más que decirnos que ojalá esos 18 meses –que ya son menos de 16 y medio—pasen como en un suspiro.
Ojalá que lo que se está intentando, y que aún no se ve, ocurra pronto; más allá de esos argumentos trillados del nuevo armamento y del nuevo perfil de los policías, del equipo tecnificado, de más dinero –eso sí no falta que lo digan: más dinero— para una cosa y otra, y veamos que sí hay cómo y por dónde atacar a los malosos, cuya escalada es rapidita, rapidita, y nos victimizan de forma cada vez más sutil… Y ellos sí –los malosos—, utilizando cada vez mejor armamento, cada vez tecnología más de avanzada, toda la parafernalia de comunicación disponible y mucho dinero que logran a través de victimar a la ciudadanía de bien… Hasta el martes.