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El reclamo popular

En tanto van y vienen declaraciones sobre cómo encontraron los alcaldes entrantes las arcas municipales –vacías, vacías— el tiempo inexorablemente pasa, y los causantes de ese desorden que fueron dejando a su paso se deben estar animando porque han de ver que simplemente se repite una película que ellos y nosotros conocemos. Una película que vimos hace tres años y seis años, hace nueve y hace doce años y así hacia atrás… Mientras tanto el nombre de Cuernavaca está en boca de quienes parecen sorprenderse de la alegría con que las “autoridades” gastaron lo que a trabajadores y empresas les cuesta sangre, sudor y lágrimas ganar, para poder pagarle al gobierno.
El Secretario de Hacienda en primer lugar. Luis Videgaray no se tentó el corazón, además, para decir que no habrá rescate, ni de Cuernavaca ni de los demás municipios del país caídos en la bancarrota gracias a gobiernos que se dieron al despilfarre, al robo, a la malversación de los fondos del erario, las contrataciones sin sentido –a no ser las “inventadas” como las que operaron para Martínez Garrigós— el empleo de gente que ahora no quiere retirarse sin que se les paguen lo que creen merecerse, o llenarán de demandas la Junta de Conciliación y Arbitraje que de por sí acumula decenas de miles de ellas.
¿Y entonces, qué es de suponerse que habrán de hacer los nuevos administradores que llegaron a juntar los platos rotos? Por lo pronto, a bajar sus salarios y ahorrar en todo lo que resulte superfluo, que es mucho. No es una observación reciente, pero parecería innecesario que un municipio tuviera forzosamente que copiar el organigrama estatal, que a su vez es copia del federal y entonces llenan las nóminas con secretarios, subsecretarios –varios de ellos— asesores, directores, subdirectores, jefes de esto y de aquello y de lo otro, que a su vez requieren de toda la parafernalia a partir de asesores, secretarias, edecanes y una flotilla vehicular para su transporte, gasolina y viáticos. De sólo imaginar lo que cuesta el festejo de los cumpleaños del personal de cada oficina, es suponer el equivalente al costo de un viaje al Caribe con estancia en hotel de cinco estrellas… Además están los regidores y estos también mantienen su pequeña o gran corte, dependiendo de la importancia que ellos creen tener y, por lo regular, creen que mucha. No por nada, lo primero que se dio en hacer el nuevo alcalde, Jorge Morales Barud, fue acotar la nómina y borrar plazas como las de “subs”, así como cancelar dispendios tales como la flotilla vehicular, los vales de gasolina, los celulares repartidos como si el propio municipio fuera el distribuidor, quitar viáticos, o sea, bajarle a ese derroche inútil que se tuvo por años. Se ha criticado el que con esa medida no se obtengan grandes ahorros, sin embargo, un camino de muchos kilómetros por recorrer siempre empieza por el primer paso.
Pero si eso fue relativamente fácil, no lo será tanto el sacar a Cuernavaca de la bancarrota en que la llevó alegremente Manuel Martínez Garrigós con sus desplantes, su delirio de grandeza, sus berrinches y su frustrado sueño de llegar a gobernador del estado para lo que despilfarró millones y millones --¿suyos?-- en una propaganda innecesaria y de un supremo mal gusto que irritó a cuantos tuvimos que tolerarla, así como los fiestones faraónicos al más puro estilo “pricámbrico” con miles de acarreados, que fueron objeto de las críticas en buena parte de los medios nacionales… Tampoco será fácil enfrentar deudas millonarias, las demandas de empleados y de empresas que tienen emplazado al municipio, y dar los servicios que el ayuntamiento tiene que prestarle a la ciudadanía, mismos servicios que tienen a la ciudad con las calles horadadas, llenas de basura –otra vez—, los camellones en estado de abandono, las fuentes hechas estanques repletos de porquerías, coladeras que son verdaderas trampas para transeúntes y vehículos, falta de luz, el diario aumento del ambulantaje, etc. etc.
Hoy, si bien se le aplauden a Morales Barud esas primeras medidas que tomó para enfrentar con austeridad y mesura el desastre dejado por sus antecesores en Cuernavaca, la exigencia es que no pase al olvido responsabilizar a quienes o quien creó todo esto que, al decir de los expertos en finanzas y economía, ha provocado el desmedido aumento de la deuda que pasó de menos de cien millones a mil 300 millones de pesos con lo que ha llevado al buró de crédito –malo— a la alcaldía, ha inducido todo el desorden que provocó esa danza de millones prestados por la banca privada, pero que se tendrán que pagar con dinero público, o sea con nuestro dinero y que dejó sin recursos a este municipio no sólo para hacer obra, sino para pagar a todos esos empleados que inflaron la nómina en forma desorbitada.
Tiene que haber responsables de todo eso y la ciudadanía pide que reciban castigo. Por otra parte, los desfalcos en los ayuntamientos crean una cortina de humo que evita ver los quebrantos del gobierno de Marco Antonio Adame, quien por algo se hizo de la vista gorda al facilitar a los alcaldes los endeudamientos municipales. En efecto, la administración de Marco Adame también tiene una enorme cola que le pisen. Los fraudes y desfalcos que aparecieron en Seguridad, en Educación, en el DIF estatal, etc., etc. de los que tímidamente se habló poco después del cambio de gobierno, de esos tampoco se ha sabido gran cosa. Cierto es que la justicia no es pronta ni expedita como asegura su publicidad, pero habría que acelerar las auditorías y cuanto hay, para evitar que pase lo de siempre y que todo siga igual… Hasta el sábado.  

nadiapiemonte@gmail.com


NADIA, como siempre tu columna muy atinada, pero me gustaría que hablaras después de Cuernavaca de los demás municipios que su lugar se han ganado,ya que también cuentan con deudas económicas, problemas de inseguridad, educación escolar así como de sus propios "usos y costumbres.
Esperemos que este año se resuelvan los problemas existentes y salgan menos de los ya conocidos.

Ten envío un afectuosos saludo y hasta la próxima.