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El procurador utópico

Aplazado, desconcertados los y las aspirantes que se sometieron o no a las pruebas de confianza, indignados quienes fueron cuando les dijeron que no las aprobaron y por ello reducida al mínimo “operable” la lista inicial de una veintena, al final la nota no es quién será el próximo procurador general de justicia, sino que el designado esté a la altura de las circunstancias. Para efectos de la impartición de justicia, el nombre será lo de menos, encriptado o no en la terna que la tarde de ayer debió comunicar el Gobernador Graco Ramírez a los coordinadores de las bancadas del Congreso estatal, según anuncio del presidente de la Junta Política y de Gobierno del Poder Legislativo, Juan Ángel Flores Bustamante. Pasa a segundo término de quién sea la paternidad política del fiscal; lo sustancial está en el requisito moral de la probidad, incluso más importante que la condicionante profesional de la capacidad, pues de nada serviría a los morelenses un procurador eficiente pero corrupto. Los embates del crimen organizado y la reincidencia de la delincuencia común reclaman la figura “utópica” del procurador ideal, valiente, inteligente y sobre todo honesto. ¿Hay uno con tales características en la terna? Acaso simplona, el comentario lo ilustra esta anécdota, pergeñada aquí el 14 de septiembre con motivo del mismo tema: Justo Peña Rabicet era comisario en Jiutepec bajo la alcaldía de Ramón Maya Nova, hace más de un cuarto de siglo. Cierto día se presentaron a la comisaría dos señoras que se disputaban la propiedad de un guajolote. Discutían, manoteaban y por poco se lían a golpes. Sin factura de por medio que “acreditara la propiedad” del plumípedo, al comisario se le ocurrió una idea. Caminó con las belicosas al Zócalo, las colocó en lados opuestos, a unos diez metros de distancia, y él en medio. Lo vio mucha gente. Les ordenó que a una señal llamaran al animalejo y cuando lo hicieron se fue con la señora que no era la dueña pero sí quien le daba de comer, así que Justo le otorgó la tenencia del guajolote, no sin antes correrlas por chismosas. Pintoresco, Peña era conocido entre los miembros de su generación de la entonces Escuela de Derecho de la UAEM como Justo el Injusto. Fue también comisario del Ayuntamiento de Cuernavaca, y su jefe David Jiménez González, el alcalde. Sucedió que la Policía municipal detuvo a un nieto del gobernador Felipe Rivera Crespo. No indignado sino  para “quedar bien” con su jefe, el director de la Policía Judicial, Miguel Vargas, irrumpió en la Comisaría. Vargas era un hombre alto y corpulento, todo lo contrario de Justo, que incluso cojeaba, de modo que a punta de jalones y mentadas de madre lo sacó de la Comisaría. Oportunista, David Jiménez vio la oportunidad de promover una marcha de protesta con abogados y estudiantes universitarios. Desde entonces aspiraba a la gubernatura... Con otra: del nombramiento directo del procurador disfrazado de elección pasada por los diputados del Congreso local se derivarán la ratificación del actual o el nombramiento de otro coordinador de la Policía Ministerial y la asignación de puestos clave en la impartición de justicia. Pero ¿existe el procurador ideal? Graco lo necesita, y con más Morelos… ME LEEN MAÑANA.