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El Plan de Ayala: ¿Caso cerrado? ¿Intolerancia entre investigadores?

1.- Como figura de culto, Emiliano Zapata Salazar habita amplios círculos de lo público. De esto dan cuenta no sólo el uso político de su imagen, la disertación literaria o la estatuaria oficial, sino los miles de rostros zapatistas que hoy pueblan el mundo iconófilo que nos toca vivir. Por otra parte, el Plan de Ayala, que es la prueba material de la fe que ponemos los seres humanos en la palabra, cuenta con una historia casi intocable, inamovible. Su origen y destino no se banalizan, como sucede con el héroe de las mil caras.
¿Cómo se dirime su lectura en el terreno de lo simbólico y por qué cuando surge una hipótesis nueva sobre su autoría arden las consciencias? Estas y otras preguntas me las hago después de haber leído en las páginas de este diario los artículos de Carlos Lavín, experto en el tema, quien ha abierto una línea de investigación sobre los antecedentes del código agrario, hoy cuestionada por algunos morelenses.
El tema del que estamos hablando aquí puede sintetizarse en la palabra “desmitificación”; un término que ha venido a considerarse sinónimo de denostación, cuando en realidad lo que se pretende con tal afán es la humanización de los sujetos históricos a los que terminamos por convertir en héroes de bronce.
Lo que aquí se ha publicado es la historia de lo que hizo Lavín recientemente: le escribió a una de las autoridades máximas en el tema, el investigador norteamericano John Womack, profesor de economía e historia latinoamericana en la Universidad de Harvard, autor del connotado libro “Zapata y la Revolución Mexicana”, para dialogar sobre la posibilidad de que el abogado formado en el estado de Guerrero, Salustio Carrasco, hubiera sido co-autor del citado documento. Lavín se pregunta sobre los antecedentes del plan. No ataca a Otilio Montaño y menos le quita el crédito a Emiliano Zapata. Lo que hace es problematizar la historia, le da un nivel más profundo al documento al analizarlo desde el uso del lenguaje y el contenido legal y técnico agrario.
Por su parte, Womack le contesta –y todo ha sido publicado en DDM–, que el asunto es largo de investigar y que él no se considera ni con el tiempo ni con la energía suficiente para ello; que desconoce las más recientes investigaciones y que está enterado de que Otilio Montaño no fue el único autor, junto con Zapata del documento. Lo congratula y lo anima a confiar en otros investigadores, entre ellos, el profesor Emilio Kouri, del departamento de historia de la Universidad de Chicago. Womack añade además, que a sus 75 años de edad tiene pensado escribir 8 libros más y que le interesa mucho “el manuscrito que (Lavín) va redactando... a pesar de que hace 50 años no se concentra en la historia del sur”.
2.- La historiografía del arte mexicano, centrada en los mitos fundadores del nacionalismo como sinónimo de identidad, se ha concentrado en el análisis de movimientos e hitos que reflejan la paulatina modernización del país y por ello es hasta fechas recientes que encontramos ensayos que cuestionen las verdades de la historia oficial. Autores como Alejandro Rosas, Enrique Krauze, Francisco Martín Moreno, entre los más conocidos –porque también están los académicos–, abordan la historia desde el sesgo de la vida íntima para tratar de entender al humano, antes que al superhombre, y esta manera de hacer historia rompe esquemas. Lo curioso es que resulta más fácil destronar hombres que “documentos sagrados”.
En su “Guía práctica de la historia y la historiografía” Armando Saitta da algunos consejos sobre cómo proceder en la reconstrucción de la vida pasada. Aclara el italiano que la historiografía moderna tuvo que sortear el Romanticismo (con sus propuestas recreacionistas) y añade que las historias “pragmáticas” que habían propuesto los historiógrafos del Iluminismo, como Voltaire, cayeron en el descrédito en el siglo XIX. De este modo, Thiers y Michelet (la historia como resurrección de la vida integral) y más adelante Weber, Léfebvre y Lucács se las vieron negras a la hora de proponer que la historia no es un producto acabado.
Por lo pronto, la idea de que fue el abogado zapatista, antiporfirista y poeta Salustio Carrasco el que le dictó algunas ideas a Gonzalo Ávila Díaz los días 26, 27 y 28 de septiembre de 1911 –justamente hace 101 años  y todo ello bajo la supervisión de Zapata y Montaño–, presenta más cerca del historiógrafo académico el trabajo del cronista Carlos Lavín.
3.- Se invita a la ciudadanía morelense a hacer una guardia de honor el día 30 de septiembre, a las 5 pm, al pie del monumento conocido como “Morelotes”, en el centro de la ciudad, con motivo del 247 aniversario de su natalicio. En la guardia se leerán “Los sentimientos de la Nación”.
Otra vez la letra y la piedra vinculadas: esto no es más que una muestra, por lo demás muy interesante, de cómo estamos necesitados de creer en algo incuestionable. Sí, pero se tiene que tratar de una fe en la palabra llamada LEY, no de la historia escrita.
 
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