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El Palacio de Gobierno o Casa del Pueblo

El famoso Palacio de Gobierno que se encuentra en el Centro de la ciudad, frente a la plaza hoy llamada Emiliano Zapata, es un edificio que fue inaugurado el 7 de septiembre de 1967, es parte de la historia contemporánea de nuestra ciudad, sin duda alguna es importante saber cómo fue creado y cómo se ha ido transformando este espacio al que ahora en el régimen actual quieren que se le llame Casa Morelos.
Para adentrarnos hemos tomado del libro de mi amigo Valentín López sobre Cuernavaca parte de esta historia que ahora te describimos:
“El Palacio de Gobierno del Estado es uno de los más bellos y espaciosos que en su género existen en la República. Sigue el estilo barroco virreinal, con muros de piedras gris ‘Chiluca’ y Tezontle rojo y negro, de acuerdo con la tradición arquitectónica mexicana.
Su construcción ha tenido una historia azarosa. Se inició con la expropiación de unos terrenos ubicados en el Centro de Cuernavaca, lo cual fue un motivo de logro y sonado litigio, como lo informaba el 17 de diciembre de 1953 el entonces gobernador del estado, general Rodolfo López de Nava, al C. Presidente de la República, Don Adolfo Ruiz Cortines, diciéndole: ‘…que por ejecutoria de la Suprema Corte de Justicia de la Nación está a punto de resolverse en definitiva la situación jurídica relacionada con la expropiación, por causa de la utilidad pública, llevada a cabo por mi gobierno a mi cargo lo referente al predio urbano de la razón social Cué y Sánchez; que está ubicada en la manzana central poniente y a inmediaciones del jardín Morelos…’.
Agregó que se decretó la citada expropiación con el propósito de construir en dicho lugar el Palacio de Gobierno del Estado. El costo de la construcción, según cálculos de entonces, alcanzaba la cantidad de 2 millones de pesos y fracción. Explicaba el gobernador que era necesario hacer la nueva construcción porque en el Palacio de Cortés donde estaba alojados los poderes, ya se encontraban inadecuados e insuficientes por su estructura interior, pudiendo utilizarse sólo en lo futuro para el establecimiento de un Museo Histórico, que ‘…podría constituir una verdadera joya en la cual el turismo nacional e internacional podrá apreciar en todas sus magnificencias… la Historia de Cuernavaca’.
El 3 de julio de 1955, el gobernador López de Nava envió a la XXXlll Legislatura del Estado, presidida por el Diputado Juan Nava Gutiérrez, un proyecto de derecho para obtener de la campaña constructora y Urbanizadora Mexicana, S. de R.L., un préstamo mercantil por la cantidad de 6 millones de pesos, destinada para el Palacio de los Poderes.
El congreso aprobó el decreto número 61, se publicó en el número 1,685 del Periódico Oficial del Estado, de fecha de noviembre de 1955. En dicho documento se considera de ‘…imperiosa necesidad…’, la construcción del Palacio de Gobierno. Que el Estado no puede hacer la citada obra con los ingresos normales del Erario Local, por lo que es necesario apelar el crédito a largo plazo, por lo que, después de los considerados de rigor, se aprueba el contrato celebrado entre el Gobierno del Estado de Morelos, por su gobernador el Sr. General Rodolfo López Nava y su secretario general de Gobierno, licenciado Vicente Suarez Colín, de una parte y de la otra el Ingeniero Manuel Velásquez Chávez, representante de Talleres y Construcciones, S.A., quien abrió un crédito hasta 6 millones de pesos para el Gobierno para la multicitada construcción del nuevo palacio.
El Arquitecto Ingeniero Leopoldo del Portillo Cárdenas, director de la obra, informó que el proyecto del edificio era construirlo de estilo barroco mexicano, con 2 pisos enfrente y 3 en el lado posterior que da a la calle de Galeana debido al desnivel de terreno. Las fachadas de piedra, de cantera y tezontle, y en el interior la distribución sería totalmente moderna, de acuerdo con las necesidades de las diferentes dependencias del gobierno. En los trabajos tomó parte el escultor Everardo Hernández y el cantero morelense Manuel Zavala.
La obra avanzó mucho, pero no pudo quedar terminada durante el régimen del general López de Nava. El nuevo gobernador Norberto López Avelar tomó posesión el 18 de mayo de 1958 y durante su gestión los trabajos de constitución quedaron totalmente paralizados, aduciéndose muchas causas de orden legal y económico. Es interesante señalar que la expropiación de los terrenos, que pertenecían a 2 conocidos españoles residentes de Cuernavaca, y con la cual se inicia la historia de este palacio, se publicó en el periódico oficial del estado, número 1512 del 6 de agosto de 1952.
Después de las consideraciones de rigor, se especifica que los 2 previos que se expropiaban por causas de utilidad pública, tenían la ubicación siguiente: a) Predio situado en la esquina de las calles de Galeana, sin núm. y Jardín Morelos num.1. Colindancias norte 36.70 metros con Jardín Juárez; noreste 10.40 metros con Jardín Juárez y Morelos; Poniente 37.65 metros con calle de Galeana. Superficie total de 1,613 metros, valor fiscal 30 mil pesos.
No fue si no hasta principios de febrero de 1665 en que el nuevo gobernador del estado, Lic. D. Emilio Riva Palacio, dispuso que se reanudara la construcción del palacio. La inversión fue de 9 millones de pesos y se encomendó la dirección de la obra al arquitecto Robert Arguelles. Se agregó un piso más al edificio, que luce como los grandes palacios mexicanos de siglo XVIII, con sus galerías de arcos de medio punto en el exterior, en cada piso, y su gran ventana de honor.
El interior tiene grandes patios y pasillos y en sus salones de oficinas se instaló clima artificial con todos los servicios, modernos elevadores, especialmente fabricados para este suntuoso edificio inmobiliario metálico de primera clase, completa en este bello palacio”.
Como podrá ver, la descripción histórica de Valentín es de hace algunos años, pero definitivamente hace 45 años se le veían esas características, ahora ya ni siquiera puede albergar al poder Ejecutivo sino que es un edificio donde sólo la parte política del ejecutivo está demasiado apretada, lástima que en tantos años a nadie después de don Emilio se le ocurrió pensar en descentralizar las oficinas gubernamentales.
La gente, le guste al actual gobierno o no, lo seguirá llamando Palacio porque el cambio de nombre se me hace sólo demagógico. ¿No cree usted?