Diario de Morelos
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El mercado...

Tengo la suerte de haber visto construir a los mercados populares más trascendentes de la ciudad de Cuauhnáhuac, una vez demolido el mercado “Colón” —aquel que dicen los historiadores fuera fundado en 1872 y que se construyera frente al Portal Eguía, hoy Palacio de Gobierno del Estado. Con mi querida tía Eloísa, me relamí los labios con aquellas gorditas de masa rellenas de frijoles, rociadas de crema, queso y salsa macha —que la palomilla denominaba “triponas”—, acompañadas de un rico consomé de pollo con mollejitas que guisaban en el tianguis instalado en el antiguo cuartel Matamoros, frente al “Piojito”, nuestro tradicional Cine Alameda. Disfruté mi niñez dentro del mercado “Benito Juárez”, construido en 1909, donde también diera servicio la popular tienda de ropa La Suriana, de la familia Salgado. El mercado “Juárez” era todo un espectáculo: qué hermoso reloj y qué bello edificio de tabique vidriado, comprimido y refractario que se hacía en la fábrica que estaba cerca del Buen Retiro, junto a las madres Clarisas. Dado el éxito de este mercado, las necesidades de espacio para la compra venta crecen, así como la población; independientemente de que el tianguis instalado en el antiguo cuartel es desalojado, colocando —más por necesidad que por lógica y elemental sentido común— a todos los locatarios sobre las calles de No Reelección, Santos Degollado y Arteaga. Y esta fue la causa elemental que exigió un centro comercial de la envergadura del Adolfo López Mateos, el cuál se inaugura el 7 de mayo de 1964. El proyecto estuvo dirigido por el arquitecto Mario Pani, quien, con un total desconocimiento de la topografía de la ciudad, le apostó a más escaleras que a la Pirámide del Sol en Teotihuacán; pero que sin duda fue y ha sido el centro neurálgico del comercio en esta ciudad más importante y concurrido, donde usted puede comprar desde un alfiler hasta un trailer de 20 toneladas. Aunque se tenía la referencia (negativa por cierto, porque el 50% de sus locales estaba vacío) del mercado “Narcizo Mendoza” de la colonia Carolina, inaugurado en 1962 por el gobernador Emilio Riva Palacio, los mercados periféricos no habían proliferado. Sin embargo, el desmedido crecimiento urbano, anárquico por cierto, de la capital del estado obligó a la instauración de muchos de ellos. Contemplo una fotografía que me proporcionó don Salvador Peñaloza Hinojoza, administrador desde hace 11 años del mercado Lomas de la Selva (por algo será) donde supervisan su construcción don Ramón Hernández Navarro, presidente municipal de Cuauhnáhuac; don Guillermo Tenorio Carpio, secretario general de Gobierno, y el querido abogado Heriberto Álvarez Tapia, presidente del H. Tribunal Superior de Justicia. Las instalaciones se pusieron en marcha el 10 de febrero de 1977. Don Ramón inauguró también el de Amatitlán, el 9 de febrero de 1973. Durante el régimen de Juan Salgado Brito arrancan el mercado de Alta Vista; Vicente Guerrero de la colonia Satélite; el de Buena Vista y el de la colonia Antonio Barona, 1985-1988. Años después, el Benjamín, de la colonia Lagunilla. La desmedida instalación de tiendas de autoservicio transnacionales y de presta nombres, que como la humedad han surgido en Cuauhnáhuac, así como la centralización del abasto y distribución en el López Mateos han propiciado que la gente ya no asista a los mercados periféricos con la intensidad que lo hizo en sus primeros años. Importantes desarrolladores urbanos propusieron, hace muchas décadas, el fortalecimiento de los mercados periféricos, así como el traslado urgente de la distribución, almacén y suministro al lugar denominado central de abastos; la cual estúpidamente no pudo ponerse en marcha porque se les olvidó a sus diseñadores construirle la entrada, sobre la autopista México-Acapulco; aunque sí se hizo y autorizó una gasa para un fraccionamiento de lujo, de esos que hacen lo que se les pega la gana en esta capital. De igual forma, por cultura y referencia, permanecería el “López Mateos” reducido a su mínima expresión, operando como mercado central, restándole absolutamente las funciones antes mencionadas, modernizándolo y haciéndolo un mercado seguro. Sin embargo, hoy se anuncia una remodelación integral del centro comercial ALM. La maqueta muestra que será una obra monumental. Esto lo enraíza aún más en el primer cuadro de la capital, indicando que por ningún motivo se tiene planeado retirarlo a otro lugar en la periferia. Habrá de darse entonces, paralelamente, fiel cumplimiento a lo que ordena el Plan Parcial de Desarrollo Urbano y Uso del Suelo de la ciudad de Cuernavaca, negando la autorización a los grandes consorcios para seguir instalando tiendas de autoservicio, y se tendrá que poner en marcha un programa de fortalecimiento de los mercados periféricos, así como un programa de traslado de los distribuidores y bodegueros a la central de abastos. Así se dará  una solución integral a corto plazo al conflicto que se está viviendo con un monstruo de muchas cabezas, que ha crecido brutalmente, generando problemas delicados de infraestructura urbana, servicios municipales, vialidad y sobre todo de seguridad (dos incendios lo demuestran), motivo primordial y prioritario para los que se jactan de ser buenos gobernantes. En ocasiones, los pequeños detalles hacen las grandes obras.   

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