Siguenos en
    Redes Sociales

El mal y el Buen Fin

-Desde el mes de octubre que no tenemos ventas porque todo mundo está esperando el Buen Fin, que es donde los negocios pequeños sacamos lo mejor de nuestra mercancía, ya que no se ha vendido nada durante estos meses. Pero lo malo es que tenemos que rebajar lo que estamos esperando vender en diciembre, en que, como lo hicimos el año pasado, para resurtirnos hubo que pagar los nuevos precios, rogando que  la nueva mercancía llegara antes de que se terminara la temporada –explicó Luis, el de la relojería.
-Por lo menos ese fin de semana se mueve un poco el dinero. Acuérdense que las fábricas se atiborran de pedidos y sólo los surten a tiempo a los grandes almacenes, que por su volumen de compra, les dan el mejor precio –recordó Margot, la de la boutique.
Don Ernesto comentó que su zapatería el año pasado vendió muy bien, porque los clientes no entendieron de qué se trataba lo del Buen Fin y cuando lo comprendieron se dejaron llegar a las tiendas en busca de las gangas que se les prometió, pero estos meses todo mundo está esperando que venga el Buen Fin, en el que van a comprar de una vez los regalos de navidad y fin de año. Sólo se espera que no se vaya a echar a perder la temporada.
-Los que se llevan la mayor parte del Buen Fin son los almacenes que venden productos electrónicos, computadoras, televisores, lavadoras, refrigeradores, cámaras fotográficas, celulares, etcétera; los que compran en grandes cantidades y pagan a precios más bajos que nosotros, que hasta nos vamos a surtir con ellos, pues nos sale más barato que en las mismas fábricas –se quejó Manolo, el de la tienda de electrónica y de línea blanca.
-No dan tan barato. Lo único que ofrecen es un diez o veinte por ciento de rebaja y dan plazos para pagar de 12 ó 24 meses sin intereses, que los bancos les pagan de inmediato. Los que salimos amolados somos los clientes, pues se nos antoja comprar todo. Mi mujer compró la tele grandota; mis hijos escogieron los mejores juguetes y hasta yo compré lo que no necesitaba, como una computadora extra. Ya tengo dos y no sé qué hacer con la otra. Me traje ocho botellas de vino francés y tres de tequila ¡y en la casa nadie bebe! Ahora ya no me alcanza la quincena para pagar el mínimo de la tarjeta de crédito, los intereses me están matando. Por más que empeñamos las pocas cosas que tenía mi mujer, en cualquier momento me vienen a embargar –manifestó el licenciado Cruz.
-Pienso que la idea del Buen Fin tiene cosas que benefician a todos. Lo que debemos hacer es planearlo con anterioridad. Ir apartando lo que no se venda durante el año, saldarla esos días y la mercancía nueva sacarla sólo en la temporada, vendiéndola al precio justo en la época navideña y a fin de año. Por eso, propongo que el Buen Fin se haga el primer fin de semana de octubre y se repita a principios de mayo, que es cuando realmente no hay ventas y se aprovecha el tiempo más malo de clientela, sin afectar a los pequeños comerciantes –comentó un consejero de la Cámara Nacional de Comercio en pequeño.
Margot acusó que esto se parecía a la “Feria de Cuernavaca”, la que se hacía en mayo y se cambió para Semana Santa, cuando de por sí la ciudad se llena de turistas y los locales están de vacaciones. Ahora, con eso del Buen Fin, lo único que falta es que lo quieran hacer en navidad o  en año nuevo, para que, según ellos, traiga mejores resultados a la economía. Pero hay que ver el lado positivo a la idea y sólo habrá que vigilar que de veras sea bueno para el pequeño y el grande comercio, pero en especial para que no afecte al grueso de la población.