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El fuero y los diputados

En un principio, es decir cuando se escribió el texto constitucional, los legisladores previeron la “inmunidad parlamentaria” para diputados federales y senadores como una garantía para el respeto a las opiniones manifestadas en el desempeño de su labor legislativa. Se entiende que en aquellos años –1917, con el país aún oliendo a pólvora revolucionaria— se tuviera que plasmar esa “inmunidad” dándole rango constitucional, porque los ánimos aún estaban demasiado encendidos, tanto que hay anécdotas de la mayoría de los diputados que llegaban a la Cámara casi como si fueran a una cantina del viejo oeste, con pistola al cinto.
Tan iba dirigido a lograr esa sagrada libertad que para el jurisconsulto Felipe Tena Ramírez, “el fuero parlamentario concede inmunidad total sobre las opiniones vertidas en el recinto legislativo, busca proteger la ilimitada y absoluta libertad de expresión”, porque en aquellos tiempos del temprano siglo pasado, los opositores al régimen –que los había, por supuesto— solían enfrentarse casi como lo hacía Gerardo Fernández Noroña en la pasada legislatura. Pero en aquel entonces, si no acababan a balazos en el propio Congreso, eran llevados a la cárcel por la expresión de sus ideas, que normalmente eran contrarias al régimen… Por eso hubo de plasmar en el texto constitucional la dotación de fuero político a los legisladores: por respeto a sus expresiones y para protegerlos de los abusos del poder.
Hoy, a casi una centuria de distancia, en la época de la modernidad y la democracia, el fuero constitucional, se mal utiliza con fines personales. En una conferencia respecto del fuero político, ofrecida recientemente por Rosa María de la Torre, secretaria auxiliar de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, se dijo algo en lo que creo que muchos coincidimos. Reproduzco sus palabras: “Sin duda alguna, el fuero político se ha convertido en una figura controvertida: algunos hablan de que se tiene que eliminar y otros que basta con regularlo… Con el tiempo lo que ha ocurrido es que el fuero político funciona esencialmente como garantía de impunidad. Datos de la historia del país dan cuenta de que de él se sirvieron Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, por mencionar a los más connotados, sin olvidar al mejor artífice del uso del fuero: Gonzalo N. Santos, quien confiesa en sus memorias al menos tres asesinatos impunes, el de Darío Tavera, el del general Andrés Zarzosa y el del estudiante Fernando Capdeville. En tiempos más lejanos, Antonio López de Santa Anna se cobijó en todos los fueros: el militar, el político y el eclesiástico, pues fueron los obispos de Puebla y la Ciudad de México quienes financiaron todas y cada una de las asonadas con las que regresó al poder”.
 Y después de citas y remembranzas –en la que faltó el claro ejemplo de impunidad del diputado Godoy, quien entró a la Cámara de Diputados escondido por sus compinches en la cajuela de un auto, sólo para ser embestido por el fuero y después convertirse en prófugo de la justicia— nos encontramos con que hoy día, la sociedad demanda desaparecer el fuero constitucional, que puede convertir a los poderes de la Unión en refugio temporal de delincuentes e infractores de la ley.
Y de ahí aterrizaremos en lo local, donde el Congreso fue ejemplo en ese sentido. Una de las principales y primeras propuestas de ley que vio luz en el Congreso de Morelos fue precisamente en ese sentido: eliminar el fuero constitucional. Hubo aplausos generales de la ciudadanía que en los últimos tiempos hemos padecido esa prepotencia e impunidad de muchos de los actores de la política local. Pero hete ahí que esa petición de eliminar el privilegio del que gozan protagonistas del sector público, abarcaría una sola capa de funcionarios, excluyendo ni más ni menos que a los diputados. Es decir, los legisladores morelenses se dieron a acotar privilegios pero olvidaron que el fuero que a ellos los cobija, es motivo del malestar de muchos ciudadanos que han sido o son víctimas de sus abusos, ya sea cuando ocuparon otros puestos, ya sea ahora adormilados en una curul.
La iniciativa para promover las reformas a los artículos 40 y 136 de la Constitución Política de Morelos, se lanzó en el Congreso “para terminar con los abusos e impunidad, principalmente, de los presidentes municipales”, afirmó el diputado panista Javier Bolaños, quien fue uno de los promotores de la iniciativa. ¿Y los que ya abusaron? “Promovimos esta iniciativa porque todos debemos ser iguales ante la ley. No puede haber ciudadanos de primera y de segunda. Es decir, que el fuero consignaba un privilegio que se justificaba cuando no existía la presunción de la inocencia como en el nuevo sistema penal”, agregó Javier Bolaños.
Y partió la ley hacia sus vicisitudes y aventuras entre las que recibió reveses en las alcaldías –claro, se resistían ediles y regidores a cambiar esa costumbre de poder manejar vidas y haciendas sin reclamo alguno y pasar al otro peldaño en el que también los protegería el fuero. Pero en los vericuetos esos en que se mete la ley y su interpretación, salió triunfadora y los alcaldes y regidores quedaron cabizbajos y deprimidos preguntándose ¿Y por qué ahora que es cuando me toca? Y tienen razón los alcaldes de nuevo cuño en quejarse, cuando pueden ver a su alrededor a sus antecesores que han actuado cual sátrapas abusando de los ciudadanos, que han robado, que han endeudado al ayuntamiento como jamás en la historia y que ahí están más o menos tranquilos, gozándola en sus nuevos peldaños… “Más adelante— prometió el diputado Javier Bolaños— se revisará la ley para que también a los diputados se les derogue el fuero y con ello sus privilegios”. ¿Será? Y mientras tanto, los que son señalados por su actuación en puestos pasados, ¿se quedarán haciéndose como que la virgen les habla?... Hasta el sábado.

nadiapiemonte@gmail.com