El discurso del gobernador

 

U

no de los discursos más significativos de cualquier gobernante es el de su toma de protesta al cargo, ya que muestra claramente su temperamento, su experiencia política, sus habilidades discursivas, y sobre todo, el estilo con el que ejercerá el poder. 

Sobre el discurso pronunciado por el Gobernador  Graco Ramírez el pasado 1 de octubre, me parece que en primer lugar habría que resaltar las alusiones directas a los graves problemas que enfrenta Morelos: se refirió a la inseguridad y a la violencia, al precario desarrollo urbano, a la falta de oportunidades para los jóvenes y a la imperiosa necesidad de generar empleos. Lo cual es alentador. Es lo menos que esperábamos escuchar,   ya que se requiere atención frontal y decidida de estos y muchos otros problemas que han deteriorado nuestra calidad de vida. 

En segundo lugar me referiré a la templanza que percibí en el gobernador. Las palabras “serenidad” y  “prudencia” que usó para calificarse a sí mismo son tranquilizantes. La carrera política de Graco no comenzó ayer.  El actual gobernador no dio un salto inmediato de la vida privada al más alto cargo público de Morelos. Desde su juventud estuvo inmerso en luchas políticas y sociales que le aportaron experiencia, y de las cuales no siempre salió bien librado.  La piel curtida -ésa que se sólo se consigue con los años  y a base de caídas-  le recuerda que todo es pasajero, y que es necesario tener sensibilidad social y diálogo político para conducir con éxito los destinos de Morelos. Serenidad y prudencia. Son características que no siempre forman parte del perfil psicológico de los gobernantes. Los últimos 3 gobernadores morelenses  electos en las urnas no han salido bien librados del juicio de la historia. Tuvimos que padecer el  autoritarismo y el despotismo del  aquel gobernador priísta que debió pedir licencia al cargo, para luego caer en la  inexperiencia y frivolidad del  primer gobernador panista y  finalmente enfrentarnos a la tibieza e indolencia del segundo. No obstante que Graco Ramírez no oculta la facilidad que tiene para mandar y para exigir que sus instrucciones se cumplan, se mostró humilde y reconoció a quienes lo han apoyado en mil batallas. Tampoco  tuvo ningún problema en reconocer la relevancia de una obra realizada en el sexenio que acaba de concluir: la remodelación del Aeropuerto de Cuernavaca. Prudencia para reconocer que hay cosas rescatables del pasado y serenidad para entender que el cargo público que hoy ocupa es temporal, y que para conseguirlo debió contar con el apoyo de muchos, principalmente de los electores. 

No quiero dejar de mencionar los toques emotivos e informales que hicieron que el discurso del gobernador se percibiera fresco. Llamar por su nombre a otros gobernadores, e introducir alguna broma para restar solemnidad al momento, fueron detalles que ayudaron a hacer más ligera la ceremonia.  No cualquiera logra improvisar con éxito. Pero parece que Graco se siente cómodo provocando esos momentos informales, y además los disfruta.  Intenta hacer conexión con el auditorio y hacerlo reaccionar. Se trata de la misma técnica que utilizó en los debates de la campaña, y que pusieron en desventaja a sus adversarios políticos. Espero que ese matiz lo conserve en sus discursos durante el sexenio,   porque en esta época de avances tecnológicos en la que los mensajes caducan rápidamente, no hay algo que provoque más rechazo que el discurso cargado de retórica de un político aburrido. 

Por último, quisiera referirme a los temas que no mencionó el gobernador en su discurso. No se refirió a la transparencia y sólo en una ocasión dijo que su gobierno rendiría cuentas, aunque no explicó cómo lo hará. Las interrogantes son: ¿Cuáles serán las políticas de transparencia y rendición de cuentas del gobierno que inicia? ¿Cómo será evaluada la eficacia de los servidores públicos? ¿Qué tipo de sanciones se aplicarán a quienes desvíen recursos públicos? El acceso al poder a través de mecanismos democráticos no es ninguna garantía de que las decisiones se tomarán por vías democráticas, o que los recursos públicos se aplicarán correctamente.  Ya que Graco Ramírez se asume como un demócrata, sería deseable que en las próximas semanas enviara alguna señal a  los morelenses sobre el nivel de compromiso que  su administración asumirá con los temas de transparencia y rendición de cuentas. Es necesario saberlo.  


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