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El desarrollo urbano...

Rocío Rueda Hurtado, en su interesante ponencia “Cambios y procesos urbanos: antecedentes del Morelos actual”, expone que aunque en realidad el sistema urbano no sea sino una parte del sistema global de asentamientos -un subsistema-, nos referiremos a él como si fuera un todo independiente. Aun así, dada la expansión de las periferias en torno a los elementos que conforman un sistema urbano -las ciudades-, se ha establecido toda una tipología para diferenciar las aglomeraciones urbanas atendiendo a su distinta génesis, estructura y desarrollo espacial. Frente a la definición clásica de ciudad como conjunto espacial bien definido en sus límites respecto de un entorno rural, e internamente estructurado en un centro (comercial y residencial), barrios residenciales periféricos y área suburbana de escaso desarrollo y actividades mixtas (industria, transporte y agricultura), la estructura espacial y funcional de los núcleos urbanos modernos es más compleja. Desde un punto de vista de génesis, son resultado de los procesos de aglomeración y desaglomeración en torno a uno o varios puntos centrales. Las características principales de los núcleos urbanos complejos son su multifuncionalidad y diversificación social, la existencia de áreas segregadas también espacial y socialmente, pero integradas mediante flujos o relaciones de dependencia, y una distribución territorial discontinua, pero que mantiene a la vez distancias funcionales y físicas que lo confirman como un espacio unitario. La dinámica de estos núcleos urbanos está sometida a procesos de concentración (aglomeración del crecimiento en un área), desconcentración (dispersión de centros de crecimiento) y redistribución de las funciones centrales hacia nuevos emplazamientos dentro del espacio urbano. Las relaciones entre núcleos urbanos pueden dar lugar a distintas estructuras urbanas, las más frecuentes son: las áreas urbanas (ciudades rodeadas de una extensa periferia económicamente dependiente de la ciudad central); las áreas metropolitanas (ciudades con un rango y diversificación funcional elevado que actúa como organizador de una extensa región que suele adoptar la forma de anillos sucesivos en torno a aquélla); las conurbaciones (áreas urbanizadas continuas formadas por la coalescencia de dos o más asentamientos urbanos); las regiones urbanas (áreas formadas por una malla de asentamientos urbanos dispersos que han tenido un crecimiento diacrónico) y las megalópolis (áreas urbanas de enorme extensión, densamente urbanizadas, de carácter polinuclear, de la que forman parte otras estructuras urbanas). La estructura urbana que presenta el estado de Morelos puede ser descrita como un conjunto de conurbaciones próximas a la megalópolis de la Ciudad de México, directamente influida por su presencia y acorde al sistema urbano general del país. En efecto, si estudiamos la evolución urbana de México, descubrimos que ha tenido un crecimiento acelerado que ha favorecido los desplazamientos sobre el territorio, con una migración interna motivada por las desigualdades regionales económicas y sociales, que se ha traducido en la formación de grandes concentraciones de población en núcleos urbanos cada vez mayores. Es en este contexto de proximidad al área metropolitana de la Ciudad de México donde cabe explicar la estructura urbana que presenta el estado de Morelos. Sin duda, las vías de comunicación han jugado un papel muy importante en el proceso de compactación espacial del crecimiento urbano experimentado por los municipios contiguos a los de mayor aumento demográfico que, como vimos, son los de Cuernavaca, Cuautla y Jojutla. Desde 1940 se ha producido un crecimiento demográfico en entidades de población, en principio diferenciadas, que a medida que ha avanzado el proceso de concentración demográfica se han ido compactando, llegándose a unir físicamente. El crecimiento en paralelo de la población de municipios próximos ha llegado a crear un continuo urbano que configura hoy un sistema urbano formado por tres conurbaciones que dibujan una “L” invertida: la conurbación de Cuernavaca, la de Cuautla y la de Jojutla. De todas ellas, la Zona Conurbada de Cuernavaca (ZCC) es la principal, pues reunía en 1990 el 42.82% de la población de Morelos. El eje de crecimiento de la ZCC ha sido la carretera federal México-Acapulco, al igual que la autopista que corre paralela a ella. Ambas vías cruzan la ciudad de Cuernavaca y discurren hacia el sur, atravesando Temixco, Emiliano Zapata, Xochitepec, Puente de Ixtla y Amacuzac, ya colindante con el estado de Guerrero. Revisando el Estudio Geográfico del Municipio de Cuernavaca compilado por mi queridísimo maestro Gualberto Castañeda Linares (sí, del meritito Chamilpa) y terminado de editar el 27 de diciembre de 1959, hoy hace 53 años, observo detalladamente el incremento poblacional brutal de esta ciudad a partir de 1930, año en el que éramos 15,102 habitantes; para 1940 habíamos crecido a 25,666. En 1950, la cantidad ascendió a 54,928, y en el 58 ya contaba la capital con 70,000 ciudadanos de ambos sexos. Interesante es puntualizar que de 1950 a 1970 crecimos en 134,925 habitantes, es decir, el 192.75%, y entre 1985, año del fatídico sismo que sacudió a la república, y 1990, migraron casi 50,000 ciudadanos del Distrito Federal; es decir, tres veces más que el índice porcentual señalado en el párrafo anterior a La Ciudad de la Eterna Primavera; y ¡asómbrese usted!, con los mismos servicios de infraestructura urbana que en el 85, lo que significó un caos para Cuernavaca, que en la actualidad cuenta con una población fija de 365,168 habitantes, y en vacaciones y días festivos llegamos a ser casi 600,000 seres humanos en una poligonal urbana que no tiene ni por mucho las características de una megalópolis, como muchos estudiosos de la materia han querido hacernos creer. Retomando señalamientos que el arquitecto y urbanista Manuel Santiago Quijano hace en el libro “Metrópolis”, que generosamente me obsequió, y aplicándolos a la ciudad de Cuauhnáhuac: la efectiva protección del medio ambiente es ya una preocupación a nivel mundial; el suministro, uso y desalojo del agua ha sido, desde sus inicios, un reto de considerables dimensiones en el valle de Cuernavaca; la ciudad no ha emprendido un programa de obras sin precedentes para atender las necesidades de movilidad de sus habitantes; las acciones de seguridad destacan en este ámbito; la capital es la principal consumidora de recursos energéticos del estado; su movilidad, productividad y habitabilidad dependen directamente de ellos. Y me pregunto: si Cuernavaca no tiene el mínimo de recursos para satisfacer estas necesidades, ¿qué harán Temixco y Jiutepec como zonas conurbadas al respecto? ¡Veremos!