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El de Calderón, un final infeliz

Preso de una esquizofrenia de alguna manera clásica de los finales de sexenio, el presidente de los Estados Unidos Mexicanos  ya no sabe qué hacer, si cantar o contar la de la transformación de la carroza en calabaza jalada por ratas o cualquiera de los animales con que quisiera ver a los componentes de su gabinete… No sabe de veras qué tanto hacer en su pretensión de quedar bien ante los ojos de la sociedad mexicana, y más aún, ante el escrutinio de la historia que, implacable, juzgará los seis años de su gobierno, sus promesas y sus incumplimientos, sus grandes fracasos, y difícilmente logrará sacudirse el estigma de presidente de los cien mil muertos.
En la historia, Felipe Calderón quedará como el presidente que la hizo tan mal –cien mil asesinados durante su gestión; corrupción incomparable; empobrecimiento general de la sociedad y enriquecimiento, aún mayor, de los ricos y los más ricos, es decir, mayor desigualdad; incremento del desempleo- que devolvió al PRI la presidencia de la república y el control del Congreso de la Unión, además de haber enviado a un triste tercer lugar al PAN, el partido que lo encumbró y en el que parece que tampoco lo quieren ya.
En su frenético recorrido por todo el país, inaugurando obras que en otros tiempos sobraría con un regidor cortando el listón, obras además, inconclusas pero que le provocan discursos vehementes y convencidos de lo acabadito que está dejando todo, probablemente se justifique a sí mismo –porque a la ciudadanía está difícil que logre convencerla— todas sus fallas, tanto por actuar como por no actuar… Y por si no bastara retumba en los oídos y deslumbra ante nuestros ojos en las páginas de la prensa, esa inverosímil campaña de promoción en absolutamente todo el país, en todos los medios impresos y electrónicos, en la que se afirma que el gobierno del panista ha hecho más que todos los gobiernos de todos los presidentes anteriores a él, “juntos”, en cuanto a todo lo que se refiere a obra pública: infraestructura de comunicaciones, de educación, de salud; a bienestar social, a desarrollo económico, etcétera, etcétera.
Lo cierto es que hay muchas coincidencias entre los politólogos, los estudiosos, los críticos que acaban diciendo y escribiendo que Felipe Calderón no hizo nada para cambiar las cosas. Durante seis años, “nadó de muertito” o “en reversa” respecto de los graves problemas nacionales: la corrupción rampante, la pésima educación pública pactada vergonzosamente a cambio de algo, ¿votos quizá?; el pago de impuestos sólo por los causantes cautivos y la evasión por quienes tienen poder para no pagar, los insufribles servicios de salud –masivamente insufribles por el maltrato, por la indiferencia al dolor humano, por la carencia de medicamentos y por la falta de buenos médicos y enfermeras.
Nada cumplió de lo que prometió.
Con ese afán de pretender asegurar que hizo lo que en realidad no hizo, con el afán de maquillar su mandato, el aún presidente vino a Morelos sólo para volver a salir en la tele, en los periódicos, a través de la radio… Vino a Cuautla, ¿a qué? Vino a declarar a esa ciudad “la de los monumentos históricos” ¡Qué mejor ejemplo de otro más de los sinsentidos! ¿Para qué le sirve a Morelos, a los morelenses, declarar a Cuautla ciudad de los monumentos históricos? Para nada. Es palabrería absurda y oportunista… Y como en Cuautla no hubo el despilfarro de la Estela de Luz, ni siquiera va a servirle para cumplir su agenda de fin de sexenio… En honor a la verdad hay que recordar que fueron muchos los viajes que Calderón hizo a este estado durante el sexenio, inclusive se llegó a creer que se debía a su simpatía por el ex gobernante Adame con el que compartía ideología, y del que desde un principio alguien creó la especie de que se lo iba a llevar al gabinete y de ahí –Adame—habría podido surgir como candidato presidencial. Para suerte, o mala suerte –depende del cristal con que se mire-- de nuestro ex mandatario no ocurrió nada de eso, porque en el peor de los casos estaría como Josefina, aunque en el mejor, estaría como el senador Ernesto Cordero con una bolsa mensual superior a los 300 mil pesos. De todos modos, el que se llevó una nada despreciable bolsa fue el hijo de Adame, a quien le escrituraron la curul plurinominal. Visto desde ese ángulo, no puede decirse que a TODOS nos haya ido mal en el calderonato. Hay quien puede estar agradecido con el presidente que en el último minuto de la última hora de mañana, dejará de serlo.
Pero volviendo a Morelos. ¿Hay quien pueda decir que el estado ha resultado beneficiado de tantas giras presidenciales? ¿Hay alguna diferencia, por ejemplo, entre Calderón y Fox, por citar a los dos presidentes del cambio y de la modernidad, uno que repitió en exceso sus visitas y el otro que a duras penas le pudimos ver las botas de hechura especial? O sea, que las visitas presidenciales, frecuentes o escasas, ni dañan ni benefician, sino todo lo contrario, por citar otra máxima presidencial. Y si a la inseguridad en Morelos le queremos dar un calificativo pese a esas múltiples visitas, pese a la instauración del “Morelos Seguro”, no tenemos sino recurrir a lo que estamos viviendo y que nos mereció ser uno de los 17 estados tachados para que eviten visitarse, Estados Unidos dixit.
¿Cuántos pisos firmes acaba de declarar que puso? Son miles de millones de metros cuadrados. Y los pobres, esos que han crecido al parejo de los millones de metros cuadrados de cemento, seguramente sienten la enorme diferencia de ser pobre sobre piso de tierra a ser pobre sobre el cemento que les mandó poner en mucha mayor cantidad que cualquiera de los demás presidentes en los sexenios de los sexenios.
Datos del INEGI afirman que, con excepción de Chihuahua –no explica el motivo, pero dice que ese estado fronterizo es el único que se salva de ese porcentaje— en todo el país más del 50 por ciento de su población ocupada, se desempeña en la economía subterránea, es decir el 65.4 por ciento de la población que trabaja, lo hace en el sector informal… Eso quizá lo ignora “el presidente del empleo”, aunque es probable que venga dándose cuenta a partir de la primera quincena en que no cobrará de las arcas gubernamentales y se dará cuenta de la realidad en la que han estado y siguen estando muchos de los que se fueron con la finta de que el trabajo, el bien remunerado, el que da para un poco más de los seis mil pesos con que en algún momento el secretario de Hacienda Ernesto Cordero, aseguraba que era suficiente para que una familia se mantuviera y se diera el lujo de pagar escuelas particulares, hipoteca y auto en abonos.
Ciertamente, a poco de entrar Calderón, por supuesto ya declarada la guerra insensata y sin premeditación que emprendió contra el crimen organizado, el narcotráfico y cuanto infiel hubiera por ahí, a Calderón lo sorprendió la crisis global y eso le dio la salida para culpar a alguien más de la falta de los resultados que él, quizá, hubiera querido. Sin embargo, tan mala suerte para las mayorías, no impidió que la corrupción y los ríos de dinero de esa corrupción siguieran enriqueciendo a esos privilegiados que si no están entre los más ricos del mundo, tienen lo suficiente para el despilfarre de sus futuras cuatro generaciones.
Y del tema de los muertos, de los despedazados, de los colgados bajo los puentes, de los enterrados en fosas clandestinas, de los desaparecidos, de los migrantes vejados, de los asesinatos colaterales, de todas las víctimas de esta guerra estúpida que Calderón sigue aferrado en defender como lo mejor que pudo haber hecho para salvarnos, primero a nuestros hijos de la droga, luego para hacer lo que nadie se había atrevido en ninguno de los sexenios anteriores a luchar descarnadamente en contra de los malosos… De ese tema, mejor se lo dejamos a la historia. Quizá quien pueda reunir todos los discursos pronunciados a partir de las pasadas elecciones y que pese a la fobia de Calderón por imaginar al PRI de regreso a Los Pinos y para colmo tener que colocarle la banda presidencial precisamente a un priísta, quizá ese ser que se conceda a la tarea de releer esos discursos y se dedique a buscar entre líneas lo que quiso decir al margen de esos discursos, llegue a algún desenlace de esta historia que no sea tan cruel como se le está prospectando al cabo de tantas atrocidades… Hasta el sábado en que habrá entrado el nuevo sexenio.
 
nadiapiemonte@gmail.com