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El casting del gabinete

Tuvo frente a sí una lista de una decena de generales y una quincena de almirantes. Varios de los nominados habían pasado un primer filtro de entrevistas con una empresa experta en temas de seguridad. De entre ellos tenía que escoger a sus secretarios de Defensa Nacional y Marina Armada.
El presidente electo Enrique Peña Nieto recibió los perfiles y las calificaciones fruto de encuentros de los mandos de las Fuerzas Armadas con pocas y bien seleccionadas personas, entre ellas Andrés Antonius, ex coordinador de Asesores de Luis Téllez cuando era secretario de Energía en el sexenio de Ernesto Zedillo y más recientemente coordinador de Planeación Estratégica en el equipo de transición de Peña.
Al final, eligió a aquellos con los que más contacto había tenido en los últimos años, sus conocidos, quienes se habían ganado su respeto y confianza.
El actual secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, fue comandante de la I Región Militar, que comprende al Estado de México. Fungió, pues, como interlocutor del Ejército con el gobernador Peña Nieto.
Cuando Peña subió en las encuestas y en el cuartel central de la Sedena detectaron la buena química entre él y Cienfuegos, lo trasladaron a Chiapas: el secretario Guillermo Galván Galván lo retiró del ojo del aspirante presidencial puntero. Cienfuegos fue institucional. No respingó.
El general secretario estuvo en 2012 por tercera vez en la lista final de aspirantes al máximo cargo de la Sedena. Lo consiguió, a pesar de que no formaba parte del grupo de su antecesor, el general Galván, quien en la lucha por la sucesión impulsó a los generales Moisés García Ochoa y Carlos Demetrio Gaytán Ochoa.
En la Marina, el nuevo secretario, el almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, fue el “caballo (de mar) negro”. Diez días antes de tomar posesión aún era vicealmirante y por eso, algunos de los de más alto rango en su dependencia lo “dieron por muerto”.
Tres factores incidieron a su favor: primero, a lo largo de varios años construyó una muy sólida relación con Luis Videgaray, hombre fuerte de Peña Nieto, pues ambos fungieron como enlace entre sus jefes; segundo, Estados Unidos tiene una gran opinión de él y su gestión como “número dos” de facto de quien era su superior, el almirante secretario Mariano Saynez; y tercero, el propio Saynez lo candidateó decididamente.
El otro par de puestos claves en el gabinete de Seguridad los tenía bastante claros Peña Nieto desde tiempo antes. Miguel Ángel Osorio Chong fungió como secretario de Gobernación mucho antes de ser anunciado oficialmente como tal y Jesús Murillo Karam cabildeó con varias semanas de anticipación –cafés y comidas con los mandones del Congreso– su ratificación como titular de la Procuraduría General de la República. Ambos estuvieron en el círculo íntimo de la campaña peñista. Sus nombramientos eran casi obviedad.
La reconstrucción anterior fue posible gracias a diversas fuentes muy bien informadas, involucradas algunas, allegadas otras, al proceso de selección.

carlosloret@yahoo.com.mx