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El caso de la escultura perdida...

Desperté con una desagradable noticia al enterarme, de labios del más grande pintor que ha tenido Morelos en su historia, el maestro Jorge Cázarez, que la señora Socorro Figueroa Figueroa, “La Güera”, dueña de aquella inolvidable miscelánea La Tehuixtleca, ubicada en la esquina de Rayón y Comonfort, en la década de los cincuentas, había fallecido precisamente el 31 de diciembre de 2012. La hermosa mujer de larga cabellera, ojos azules y tez inmensamente blanca dejó de existir para dejarnos a los cuernavacenses que tuvimos la fortuna de conocerla tan sólo el recuerdo de su belleza, característica de las mujeres de aquella región sureña de Morelos. Y, por otro lado, la falacia cometida en contra de la escultura del generalísimo José María Morelos y Pavón, realizada por el escultor Ernesto Tamariz, considerado maestro fundador de la Escuela Mexicana de Escultura, quien también creó las estatuas de Ignacio Vallarta y Mariano Otero, así como los relieves para la puerta principal del edificio de la Suprema Corte de Justicia, y el Monumento a Don Vasco de Quiroga en Michoacán, independientemente de las cuatro monumentales esculturas de Don Mariano Matamoros, ordenadas por el gobernador Lauro Ortega. Durante el mes de noviembre de 1952, el presidente Miguel Alemán, junto con el gobernador Rodolfo López de Nava, inaugura la autopista México-Cuernavaca en una ceremonia por demás rimbombante. Sin embargo, hay que destacar que por esos años los periodos de elecciones tenían una distancia de seis meses, siendo que el gobernador entraba durante el mes de mayo y el presidente de la República lo hacía en el mes de diciembre; por lo que la entidad tuvo que padecer que el que se iba ponía al que se quedaba, y el que llegaba, por lo general, no simpatizaba ni tantito con el que había sido designado por el que se iba, fórmula rara y frases tal vez confusas pero muy ciertas. El presidente Ruiz Cortinez, era de todos sabido, no apreciaba en lo mínimo al general López de Nava. De tal forma, durante los meses de septiembre y octubre de 1953, el gobernador morelense (quizá para congraciarse con el jefe del Ejecutivo Federal)  invita a Ruiz Cortinez a inaugurar una escultura por demás imponente del generalísimo Morelos, tallada en piedra braza tipo cantera negra, y realizada muy probablemente por el escultor de cabecera de López de Nava, el maestro jarocho Everardo Hernández, creador también de muchas de las esculturas que por años estuvieron en el antiguo Jardín de los Héroes, hoy Plaza Emiliano Zapata de Cuernavaca. Era una figura del general Morelos indicando con el brazo derecho y el dedo índice erecto, el sur del país, región de Tamoanchán donde se había asentado el estado que llevaba su nombre. Se construyó además una plaza adoquinada y llena de jardineras con muchas flores, un muro donde estaban inscritas en letras de bronce párrafos célebres de los “Sentimientos de la Nación” y columnas de concreto en semi- círculo que completaban el conjunto arquitectónico, que indicaba claramente que ésos eran los límites entre el Distrito Federal y la entidad morelense. A pesar de lo que se diga, Lauro Ortega y Ernesto Tamaris eran amigos; cuando Ortega llega a gobernador le ordena al escultor que realice las monumentales piezas del general Mariano Matamoros, las que fueron colocadas durante los años de 1983 a 1987 en Jantetelco, lugar donde está el curato original de Matamoros; Xochitepec, donde estaba la residencia de don Lauro; la colonia Lagunilla del Salto, y la otra fue donada al municipio de Ayoxuxtla de Zapata, según se afirma. Durante un desayuno, Ortega le pidió a Tamaris que la escultura que estaba en los límites del estado fuese renovada por una con más señorío y por supuesto en un brioso corcel. Aunque hubo un disgusto por la tardanza del artista entre ambos, la pieza realizada en bronce (muy controvertida por cierto) fue colocada en una nueva plaza que fue construida por CAPUFE, dadas las relaciones políticas del gobernante con los funcionarios del centro, en el año de 1985, con la desgracia de que se construyeron locales comerciales alrededor, que para vender flores, pero éstos fueron ocupados por fritangueras y fondas, por lo que pronto fueron diseminados dejando la plaza tal y como se encuentra en la actualidad, aunque ahora sin la bella escultura. Y aquí surgen las interrogantes: ¿Dónde diablos quedó la escultura del generalísimo realizada por Everardo Hernández? No era cualquier cosa; era quizá tan grande como el Morelotes del Centro de Cuernavaca. ¿Quién fue el responsable de su custodia? Porque ahora resulta que una falacia conlleva a la otra. Una despedazada por manos criminales y malandrines y la otra irresponsablemente extraviada por quién sabe qué funcionario. Si ya de por sí la comunidad cultural, social y popular estaba indignada por lo que le sucedió a la del maestro Tamaris, mientras no aparezca la otra, aumentará nuestra decepción y coraje. El tema conlleva a dos vertientes diferentes: una, recuperar nuestra identidad y sentido de pertenencia  restaurando la despedazada por la delincuencia y recuperando la otra de igual importancia histórica. Y la otra iniciando una investigación judicial que aún no empieza, para dar con los responsables de ambos casos. Es urgente un manifiesto de parte de las autoridades culturales del estado donde se muestre la indignación que el pueblo de Morelos siente por tal crimen. Y por otro lado manifestar de parte de las asociaciones ciudadanas el respaldo al Gobernador Graco Ramírez y su señora esposa, como amantes de la cultura, para de inmediato empezar los trabajos de restauración de la primera y la localización de la segunda. Toda la semana platiqué con mis compañeros cronistas, quienes amablemente me auxiliaron para investigar el paradero de la de Hernández. No tuvimos éxito. Ojalá y alguien con excelente memoria nos ayude. ¡Al tiempo!

victorcinta_2005@hotmail.com