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El carrusel de la política

Desde luego que no debe ser fácil acopiar todos los datos que las instancias de justicia requieren para empezar a trabajar y darle a la ciudadanía el resultado que espera: justicia… Justicia que el ciudadano de a pie está clamando desde que vimos que las carretadas de dinero que se pedían prestadas en los Ayuntamientos --concretamente los de Cuernavaca, Temixco, Jiutepec--  al paso de los meses no se justificaban con ninguna de las obras que se prometieron, y que se suponía requerían de los financiamientos solicitados y obtenidos… Fue entonces cuando ese ciudadano de a pie comenzó a desconfiar de que el dinero público se utilizara en beneficio de la ciudad, y empezó a darse cuenta que los millones y millones de pesos se desperdiciaban en simple y pura propaganda para el sueño guajiro de Manuel Martínez Garrigós, en el caso de Cuernavaca, y en el caso de los demás presidentes municipales, simplemente se esfumaba de las arcas públicas… En lo que hace a las finanzas del estado, también se notaban cosas extrañas, pero como no resultaban tan visibles como los gallardetes y la publicidad que ostentaba en su provecho Manuel Martínez Garrigós, por ejemplo, se tenían dudas respecto de que el dinero cayera directo a las cuentas privadas de la Sagrada Familia, pero, por lo que se dice, ahora resulta que así fue en uno y en otro caso…
Sabemos también que pese a lo que se pregona, la justicia ni es pronta ni es expedita. Podemos imaginar que en los vericuetos ésos en que se enfrasca la justicia, por un lado están los que acopian todo el material que se requiere para plantear una demanda que no caiga a las primeras de cambio, como está ocurriendo ahora con el Procurador estatal, quien dice que la documentación que le llevaron los que están demandando a Manuel Martínez Garrigós por diversas causales de hechos en el Ayuntamiento durante su gestión no es lo completa que debiera, por lo que el procurador no tuvo más remedio que poner el expediente en alguno de esos cajones de los llamados archivos muertos, en lugar de hacer la investigación respectiva… Aunque también puede darse el caso de que al fiscal estatal le ordenaran “de arriba” que dejara enfriar el asunto.
Pasan los días, ya están transcurriendo las semanas y lo único que sale de boca de las autoridades es que andan preocupadas por el “saneamiento de las finanzas” que encontraron insalubres. También pronuncian frases tajantes, pero bien gastadas, como de que se llegará hasta las últimas consecuencias, se trate de quien se trate, dando a entender que la pesca de peces gordos está a todo lo que da… Y la impresión que queda, finalmente, es que todos están única y exclusivamente apostándole a que el tiempo borre de la memoria de la ciudadanía tanto lo que hicieron sus antecesores como lo que no hacen los que están ahora. Es decir, lo mismo que ocurrió hace tres años, hace 6, hace 9 y hace 12, hace 18… Sólo que en esta ocasión no es un cambio de gobierno únicamente, sino que quienes han llegado pertenecen a las izquierdas, a ese grupo que fue muy crítico con sus antecesores, tanto de la derecha como del PRI.
Que no es fácil plantear bien las demandas, es algo archisabido en este país. Además, es tanto el tiempo que transcurre entre esa primera denuncia y lo que sigue, que a cualquiera se le da tiempo de muchas cosas: de pasársela carcajeándose en virtud de que tiene el dinero, ya sea para escoger a un súper abogado y ganarles a fiscales que no tienen el menor interés que no sea el económico propio, o hasta de irse del país… En el caso de las demandas a las autoridades, en primer término tiene que intervenir la Auditoría Superior de Fiscalización, y eso puede tomarse unos meses. Esa auditoría depende del Congreso, y lo que puede imaginarse, estando uno de los implicados sentado en una de las curules, es que puede influir para que sus cuates –“hoy por mí, mañana por ti”—no aceleren el trámite, y entonces el asunto pueda convertirse en los rollos del Mar Muerto.
Por otra parte, está el asunto de que ya hubo una entrega-recepción que, pese a las alarmas de ahora, fue de lo más tersa y sin sobresalto alguno. No podemos recordar que durante esa fase de entrégame las cuentas y dime el cómo, el dónde y el cuándo de las obras para revisarlas, alguien hubiera detectado nada. Esto hace suponer o que los antecesores fueran unos magazos para mostrar lo que no era, o que los sucesores requerían de un examen de la vista que no se hicieron… O bien, cabe la posibilidad que sólo se interesaran en ver cómo se hacen ciertas trácalas entre los políticos y cómo esas transas pueden esconderse a la hora de hacer una entrega a quien tomará la estafeta…
Resulta difícil creer, a decir lo menos, que hubiera fraudes millonarios de faltantes en las arcas estatales o municipales, de que los que se fueron no dejaron ni para la nómina, cuando tuvieron meses para cerciorarse de que las finanzas estuvieran o no estuvieran sanas. ¿Podría haberse dado el caso de que la noche anterior a la entrega física del gobierno estatal o municipal, en tanto los que tomarían las riendas andaban enfiestados, los que estaban preparando las maletas  las llenaran con los restos de lana, con lo que quedaba, pues?
También es cierto que, con sus excepciones, los pillos lo menos que tienen es ser tontos –como bien decía, en su tiempo, es decir, a fines del sexenio pasado, la contralora Patricia Mariscal: “Los estamos acusando de ratas, no de pen…tontos”—, pero es demasiada casualidad que sexenios van, sexenios vienen, con todo y los cambios radicales de partidos en el poder, las historias puedan repetirse con tanta exactitud… Ah, se me olvidaba, también hablan, cada vez que llegan al poder, de “mano dura”. Aunque eso lo han de decir sólo para confirmar que una mano dura no es la ideal para “mecer la cuna”… No quiero jugar apuestas, pero me temo que será igual que siempre. Y que vivan los pillos… Hasta el jueves.
 
 
 
nadiapiemonte@gmail.com