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El camino a la Paz


-Entre la incertidumbre del cambio de sexenio, del alza de la gasolina y la falta de efectivo para hacer las compras navideñas, mi única esperanza es que mi familia y yo continuemos estando sanos. He oído de 150 promesas de mejoras, de 95 cláusulas de un “pacto” y de 13 generalidades. Escuchamos un discurso prometedor, claro y conciso, y felicito a Peña Nieto por ser tan buen orador. Pero se olvidó decirnos de dónde va a venir ese dinero, si no subirá impuestos, va a entregar la riqueza del país a la inversión privada y se va a seguir endeudando sin los miles de millones que nos dejan PEMEX y la CFE –comentó el taxista.
-Entre esas promesas está la Ley de Víctimas y la lucha contra la pobreza en México, aunque haya mencionado que sería con “Oportunidades”, el que fuera el mismo programa fallido de los panistas. Sin embargo, como ha sucedido al comienzo de todos los sexenios, lo único que nos mantiene vivos es la esperanza de un cambio efectivo –añadió un pasajero.
Su hijo Carlos comentó que los sexenios panistas dejaron muchos dólares de reserva, aunque nadie sabe dónde se encuentran; pero lo que sí habían dejado era una estela de muerte entre hermanos que difícilmente se va a poder restañar. Cuentan por ahí que el nuevo presidente ya dijo que la lucha tiene que seguir, hasta que poco a poco el Ejército se vaya regresando a sus cuarteles.
-Pues yo estoy de acuerdo con el señor taxista de que ya no hay dinero para nada. A mi hermano le acaban de dar su aguinaldo de este año y no le alcanzó ni para pagar la tarjeta de crédito de lo que gastó mi hermana en el “Buen Fin”. Quiso regresar la televisión de plasma, pero no se la aceptaron porque era de barata y a plazos a 12 meses – dijo Sofía.
-Aquí se ve cuando la gente no tiene lana. Casi todos los pasajeros me regatean lo de las dejadas, y aunque les cobre lo mismo que antes, me piden que se la deje más barata, porque ya no les alcanza para más. Si intentan irse en la ruta, les cuesta casi lo mismo de lo que nosotros les cobramos. Por eso es que ve mucha gente de a pie –explicó el conductor.
-Creo que la política económica no va a cambiar. Si por mucho, habrá un poco más de ayuda a los de clase de bajos o nulos ingresos, pero lo que son los sueldos de los Congresistas y de los demás poderes, quizás mejoren o se queden igual. Lo que es la corrupción y la impunidad, se necesitan por lo menos cuatro sexenios para erradicarlas. En éste no se va a poder, porque el Presidente ni siquiera lo mencionó en sus planes de trabajo –recordó Carlos.
El papá les dijo que lo más importante era que en este sexenio se logre la seguridad y la paz para la población. Ya nadie quería contestar el teléfono, no lo fueran a amenazar con dañar a sus seres queridos si no daban un dinero mensual. Indicó que la gente ya no quería ni salir de sus casas, las fiestas se hacían de día, porque en la noche ya nadie quería salir. Que a la policía casi todos le tenían miedo, al punto que sólo el 20% de los delitos se denuncian, y de ésos, no se investigan más que unos cuantos, y siempre que haya dinero de por medio. En este tiempo, la gente ya se conforma con salir viva de algún robo, y cuando lo cuenta, le dicen: No le hace que te hayan robado, lo bueno es que no les hicieron nada a ustedes. “Mejor que se lleven todo a que me metan un balazo o termine en la cárcel”, dicen.
-Ojala que la paz y la seguridad no sean sólo para las víctimas de esta guerra, sino que exista tranquilidad para el ciudadano en general y vivamos una paz justa, porque ya nos la merecemos –terminó la mamá, antes de bajarse del taxi.