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El cambio del escudo morelense: ¿qué tanto es tantito?

 

Para el Profesor Pablo Rubén Villalobos
Platicaba la semana pasada con el maestro Jorge Cázares sobre la propuesta que hiciera en días pasados el Gobernador del Estado, Graco Ramírez Garrido Abreu, concerniente a la posibilidad de modificación del escudo morelense, parte de nuestra identidad oficial: ¿qué implicaciones semiológicas, es decir, en términos de lectura de imagen, tendría la modificación del emblema? ¿Se trata únicamente de una preferencia estética?

Después de agrias disputas, el Congreso local rechazó, hace un par de semanas, la iniciativa de decreto para rescatar como escudo oficial el pintado por Diego Rivera en 1922, lo que no se dijo en los diferentes medios que abordaron el asunto (y algunos escribieron barbaridades), es que el diseño actual es del maestro Jorge Cázares, que obedece a un decreto —el número 15— promulgado por el gobernador Emilio Riva Palacio, el 1 de enero de 1969, y tampoco se abundó en la descripción de los mismos, un asunto que termina siendo crucial, si comparamos los dos escudos.


Pequeñas diferencias

Tengo en mis manos el libro titulado “Historia de los Escudos del Estado de Morelos”, publicado en 1996 por el Instituto Estatal de Documentación, a cargo en ese entonces de Don Valentín López González. El mismo da cuenta no sólo de los dos escudos implicados, sino de los otros con los que se ha identificado al estado, incluyendo antes de nuestra independencia, el del Marquesado del Valle de Oaxaca, con el escudo de armas de Hernán Cortés, escudo que se conserva en el Chapitel del Calvario.
Como sabemos, la idea de simbolizar y diferenciar de manera esquemática las regiones cuenta con una larga historia y el caso del Estado de Morelos no escapa a las diferencias propias del gusto y las ideologías políticas de cada época. Hubo un momento en el que se representó en la papelería y las publicaciones oficiales al estado con el rostro del General José María Morelos y Pavón sobre un medallón (1883, propuesta del gobernador Carlos Quaglia), y hubo también el intento del historiador Manuel Mazari de complicar la iconografía con elementos como el símbolo de Cuauhnáhuac y el escudo de armas del conquistador. No obstante, el diseño que ha prevalecido, con ciertas modificaciones, es el de Diego Rivera, pintado en el muro sur, del Patio de las Fiestas, primer nivel, junto al de Querétaro, en 1922.
En ambos escudos destaca en el centro la planta de maíz sobre un surco: no es monte, como a veces se dice y no es el símbolo “Uno Caña” que identifica al poblado de Acatlipa, como a veces se ha comentado. Sobre la planta de maíz una estrella, símbolo del nacimiento del estado —blanca y no roja, en el caso de la pintura de Rivera—, y amarilla o color beige en el caso de la obra de Cázares. Sobre el medio círculo arriba de la planta, la frase “Tierra y Libertad” en ambos casos, aunque en el caso del escudo actual, el medio círculo es menos acentuado, quedando más como una cartela. Rodeando los rectángulos diseñados por ambos creadores, la frase identificada con la lucha armada zapatista “La Tierra Volverá a Quienes la Trabajan con sus Manos”, misma que da cuenta del perfil agrario del estado en tiempos pasados: el desarrollo del campo como vía de sustento principal.
Como vemos, y de acuerdo a una teoría general de la representación, las diferencias entre ambos trabajos no son mayores, básicamente se refieren a las coloraciones de los fondos, determinados por la técnica del fresco empleada por Rivera en sus murales, así como por el resto de los escudos que pintó en el edificio aludido: rojo óxido, negro, verde y café sobre el color  ocre del muro.  
Por su parte, la obra del maestro Cázares, de acuerdo al decreto oficial, obedece a un afán más naturalista: “los colores serían los naturales de la estrella, la tierra y la planta, y estarían en un fondo azul cielo”, según el decreto aludido, citado por don Valentín López González en su libro (en el cual, por cierto, la estrella del escudo actual se imprimió color naranja y no blanca o crema como pide el decreto).

¿Qué tanto es tantito?  
Sin tratarse de un asunto crucial para el bienestar del estado, podemos concluir que en tiempos de apretarnos el cinturón, la modificación emblemática implica más la necesidad de identificar al nuevo gobierno ilustrado, que al estado, actualmente más identificado con ideas como el clima (“La Ciudad de la Eterna Primavera”) y el turismo, que con la economía del campo.
Mandar hacer papelería oficial, libros escolares, identificadores, fotografías, calcomanías para vehículos, mamparas, prendedores, etc., para todas las dependencias gubernamentales de la entidad sería una inversión, y no un gasto, si además se implementara una campaña que contribuyera a inculcar en la ciudadanía las nociones de identidad y orgullo por lo propio, nobles apuestas reiteradas por el propio gobernador desde sus días de campaña.